Besos con sabor a verano ©

Tamaño de fuente: - +

Capítulo Veintiuno: ¿Celos?

 

 

Apreté fuertemente los dedos de Kalet. Mis manos sudaban, mi cabeza punzaba y mis pensamientos iban frenéticos de un lado a otro. Sí, estaba ansiosa.

—Tranquila. —Fue su susurro en mi oído. —Todo está bien.

La madre de Kalet me estudiaba sin disimulo, Evan por su parte, veía a todos lados como perdido, estaba esperando para correr.

April, se colocó a mi lado, estaba un poco pálida, besó la mejilla de Kalet. Y se puso frente a mí, lanzándome una mirada de: «¡Mierda! ¿Qué hice?»

— ¿Dónde está Darelle? —Indagué.

—Con la señora Angélica y los señores Belmont. —Como escuchándonos, frente a nosotros se posaron tres personas. Dos hombres altos, de piel clara, y de ojos azules espectaculares, esos ojos tan parecidos a los de Kalet. La señora es bellísima, alta, su piel es tostada, sus ojos marrones y bonitos, tiene una cabellera larga y ondulada, eso junto a una sonrisa cándida.

—Ella es mi tía Angélica. —Dijo Kalet. —La madre de Evan. —La señora se acercó y me dio un abrazo muy afectuoso, su vestido blanco largo se le ve excelente, me cayó bien al instante.

—Hola, Aspen. Es un placer conocerte. Mi niño Kalet, me ha hablado muy bien de tí. —Guiñó un ojo de forma cómplice y yo me sonrojé de gusto. Se nota que es extranjera y aunque evidentemente tiene años aquí, no ha perdido su acento. Uno de los hombres a su lado la miraba embelesado, asumo que es su esposo, y no me equivoqué.

—Él es Daniel. —Prosiguió Kalet. —El padre de Evan. —El señor está delgado, y puedo recordar que es él que tiene cáncer.

—Hola, señor Daniel. ¿Cómo está su salud? —Pregunté extendiéndole la mano.

—Excelente. —Comentó, su sonrisa se ensanchó. —Estoy libre del cáncer, desde hace seis meses.

—Me alegra muchísimo escuchar eso. Darelle se le ve muy bien. —Guiñé. —La niña estaba muy cómoda en los brazos de su abuelo, con un vestido rosa, unas zapatillas blancas y adornos de flores artificiales en su cabello.

—¿Verdad? —Comentó el señor. —Es que con lo hermosa que es mi nieta, no deja mal a nadie.

—Y el último pero no menos importante, Dante; mi padre. —Dijo Kalet detrás de mí.

—Mi hijo no tiene malos gustos, no señor. —Comentó afable, haciéndonos reír y de esa forma relajar el ambiente. —Es un placer conocer a la sirena que ha fascinado a mi muchacho.

Me sonrojé profundamente. —¡Oh! Igualmente es un placer conocerlo, señor Belmont.

—Dime Dante, al igual que tú, bellísima April. No me quiero sentir como un viejo, aunque ya lo estoy. —Es un señor bastante conservado y al igual que su hermano, vestían camisas mangas largas y pantalones oscuros.

April a mi lado se relajó, definitivamente la familia Belmont es muy agradable.

—Disculpen. —La tensión se posó en el ambiente con Evan acercándose. Se veía nervioso. Miró a April y luego a su papá, para dirigirse de nuevo a ella. —¿Puedo... puedo... sostenerla? —Dijo refiriéndose a Darelle. Mi hermana asintió seria. Él, con manos temblorosas sostuvo a la niña, que al verlo sonrió grandemente, sus manitos se posaron en los hombros de él, e hizo como si lo abrazara. Todos contuvimos el aliento. Evan sonrió como si le hubiera regalado el mundo. —Hola mi muñequita... —Cerró los ojos dejando soltar unas lágrimas. —Siento haber sido un imbécil. Perdóname. —La niña murmuró algo ininteligible y se alejó un poquito para sonreírle.

La señora Angélica posó las manos en su corazón como sintiendo paz. El señor Daniel sonrió entre asombrado y alegre. Sentí que el rostro de Kalet se hundió en mi cabello, no me giré para dejar que se recompusiera. A mi lado, April sonrió. —Ya sabía yo que no podías ser un cabrón el resto de tu vida. —Dijo sin remordimientos. Los señores trataron de no reírse y yo me mantuve impasible.

— ¿Por eso la invitación, no es así? —Dijo él.

—No ibas a poder evitarlo, es encantadora y sabe como embaucar... eso lo heredó de tí. —April se cruzó de hombros, su precioso vestido azul haciéndola lucir más hermosa de lo que es.

—Gracias. —Dijo Evan. —Gracias por permitirme esto.

—Sí. Ajá. —Ella le restó importancia. —Los fines de semanas en la adolescencia son tuyos.

— ¡Genial! —Comentó él. —Tengo tanto que enseñarle.

Y así, ante mis ojos y asombro, se resolvió tranquilamente una de mi más grandes preocupaciones.

Una hermosa pelirroja, se acercó por detrás a Evan, nos sonrió con timidez. La madre de él habló. —Ella es Alice, la esposa de Evan.

April y yo le sonreímos, y nos presentamos. La chica es pura dulzura. Tan tierna que provoca abrazarla. Aunque parece cómo si sufriera de algo, ya que se nota agotada.



Carolina_Silva212

#1180 en Novela romántica
#484 en Otros
#35 en No ficción

En el texto hay: comedia, erotico, drama

Editado: 09.08.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar