Besos en el balcón [pausada]

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Mi Ángel.

Pasado, Julieta.

     No podía creer lo que había hecho, era imposible que él fuese ese tipo de chico. Pero al escucharlo pronunciar el nombre de Marina, y mirarla como si tuviera pánico, supe entonces que eran ciertas las historias que esa chica me había contado sobre su relación. Entre tantas dudas y oscuros sentimientos, me pregunté si algún día tenía planeado decirme o si ocultaría esto hasta el final de sus días. Mateo, ¿qué rayos pasaba por tu mente cuando lo hiciste? El chico que creía conocer no hubiese hecho eso y trataría de arreglarlo antes de mudarse. Pero no, al parecer no se le había pasado por la mente hacerlo. Y aquí me encontraba, acostada en mi cama, llorando un mar de lágrimas, descubriendo que lancé tres años de mi vida a la basura por un chico que no lo valía.
     —Lo siento tanto, Julieta. Sé que apenas nos conocemos, pero me duele verte así —habló Marina con voz aterciopelada mientras se sentaba a mi lado—. Él no merece tus lágrimas. Si quieres podríamos pasar tiempo juntas...
     —No, vete —contesté enojada.
     —P-pero...
     —¡Dije que te fueras! —grité. Y sí, estaba siendo grosera con ella, sin embargo ahora lo único que necesitaba era estar sola, pensar en silencio, reflexionar sobre qué rumbo tomaría en mi vida.
     La muchacha se fue sin decir nada más. Antes de cerrar la puerta recibí una mueca de tristeza que, al parecer, denotaba también preocupación. No tenía malas intenciones al contarme todo esto y en verdad le agradezco que haya sido tan sincera conmigo, pronto hablaría con ella para saber más sobre su vida...y conocer qué tan mala fue su relación (aunque dijo que por pequeños momentos no fue así). ¿Acaso el verdadero Mateo no es el que conocí? Ese chico tierno, dulce, amigable, divertido... No importaba cuántos defectos creía él tener, para mí era perfecto. Ahora solamente es un desconocido que prefiero dejar como está.

•••

     Eran más de las seis de la tarde cuando bajé a la cocina, tanto reflexionar me había hecho olvidar que el cuerpo necesita alimentarse. Tomé una manzana y luego volví a mi habitación. Busqué mi teléfono no muy segura de qué hacer a continuación. Pero entonces recordé que siempre había alguien dispuesto a escucharme por horas, sin importar si reía, lloraba, gritaba o simplemente hablaba: Ángel. Marqué su número con prisa mientras le daba un mordisco a la fruta.
     —Ángel guardián a sus servicios —saludó como siempre—, ¿qué necesita el día de hoy, señorita de los Rosales?
     —Soy Rosales solamente...
     Pude escuchar claramente que suspiró de esa forma tan peculiar, la cual indicaba que ya entendía, o al menos suponía, por qué había tenido una reacción tan desanimada.
     —Ay, mi niña, mi niña... Es por Mateo, ¿verdad? ¿Qué fue lo que hizo ese imbécil?
     —¡No lo trates así! —respondí con enojo—. P-perdón Ángel, n-no quise reaccionar así...
     Volvió a suspirar, aunque también parecía estar cansado. ¿Acaso le habría ocurrido algo en el día?
     —Es obvio que te hizo daño... Ahora contame, niña, de principio a fin. Yo estoy para vos siempre, ¿eh? No importa si el mundo te daña, yo te voy a curar con mis poderes de ángel y vas a ser más fuerte que la vez anterior, y así seguirá siendo siempre. Siempre, ¿está bien?
     Sonreí levemente. No importaba cuántas malas decisiones tomara, Ángel estaría siempre allí para mí, ayudándome, apoyándome y siendo el mejor amigo que una persona puede tener. Tal vez no lo merecía, pero aún así él seguía a mi lado. ¿Qué había hecho bien en mi vida, como para poder tener a mi disposición un chico como lo es Ángel?
     Es irónico, porque antes decía lo mismo de Mateo y ahora descubrí lo equivocada que estaba al respecto.



AtrapaNubes

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En el texto hay: drama, romance amistades, pasado doloroso

Editado: 12.02.2019

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