Besos en el balcón [pausada]

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Paranoia sensata.

Presente, Julieta.

     Llego a casa con la energía por los suelos, sintiéndome cansada tanto mental como físicamente; entre el trabajo agotador de hoy y las extrañas actitudes de Marina, sumado a la agresividad de Ángel, es un volcán de emociones que ya no logro soportar. Decido entonces salir hacia el balcón para tomar aire e intentar, si es posible, apartar mis problemas por unos minutos.
     Me llevo una gran sorpresa al descubrir en mi balcón otra rosa con una tarjeta, escrita y firmada por él:
Alguien hoy me recordó a ti, a tu caligrafía, a cada carta que me dabas y a cada canción que me escribías en las noches de abril.
Con este beso te pido una oportunidad, y con esta flor te recuerdo la melodía de nuestro amor.


M, el chico que cometió un error.


     El cielo que poco a poco anochece es el único testigo del suspiro que suelto, recordando una de las canciones que compuse para él, titulada "Noches de abril". Puede que aún me dé vergüenza haberlo escrito, pero había sido su regalo de cumpleaños y él parecía realmente emocionado por la cursi letra que yo había creado con tanto esfuerzo, a pesar de que para mí era un desastre total. Recuerdo su sonrisa de niño y la luz que emanaban sus ojos, como si le hubiera hecho el mejor regalo que él podía haber recibido en sus 24 años de vida, estaba fascinado con que le haya hecho una canción y se sentía especial, único. Y es que sin importar la letra o la melodía, logré demostrarle que para mí él era diferente al resto. Con estos "besos", me doy cuenta que aún lo es...
     De pronto, mi volcán de emociones erupciona. Siento felicidad, tristeza y preocupación al mismo tiempo, mientras las lágrimas caen como grandes cascadas. Mil pensamientos colisionan de una forma inimaginable por culpa mía y de los demás, ¿por qué reacciono así a esta altura de la vida? Con 24 años parezco una adolescente de 16, sintiendo dolor por situaciones y personas que no lo valen. Pero, ¿y si en realidad no es así?
     Reflexiono por un momento y, aún sollozando, entro de nuevo a mi habitación. Tomo mi teléfono, buscando desesperadamente el número de Mateo para ver el botón de llamar. Un segundo antes de presionarlo, la voz de Ángel resuena desde mi subconsciencia para hacerme reaccionar, por lo que me arrepiento rápidamente. No puedo llamarlo, aún no.
     Decido entonces ir al baño para poder calmarme, donde me miro en el espejo que refleja una Julieta destrozada y perdida, con miedo a la soledad, a quedarse sin su mejor amigo o jamás volver con el chico que aún ama. ¿Mateo estará más dolido con nuestra separación? Si la última vez no le di ningún tipo de respuesta, ¿por qué él volvió a insistir? ¿Realmente quiere... aclarar esto?
     Siento dolor en la cabeza, sin embargo no estoy segura si se trata por haber llorado o por pensar demasiado en los problemas que tengo.
     Mojo mi rostro con agua fría, para luego salir del baño y dirigirme hacia mi cama. La carta con la flor se encuentra sobre la almohada y prefiero dejarla allí por ahora, así que vuelvo a tomar mi teléfono en busca de un refugio, el único contacto en el cual aún puedo confiar.
     —¡Juli, hola! ¿Cómo estás? ¿Qué pasó ahora? —pregunta con preocupación Cecilia apenas contesta.
     —Me encuentro bien, creo. Es solo que he recibido otra tarjeta de Mateo...
     —¿Qué? ¿¡En serio!? —en su voz noto claramente la alegría que siente—. Esperá... ¿Qué te escribió esta vez?
     Leo de nuevo el contenido, aún sin poder digerir sus palabras. Tengo muchas dudas y preguntas que quiero hacer al respecto, por lo que decido desahogarme con mi hermana esperando que ella me diese un sermón por mi paranoia constante, sin embargo, y para mi mala fortuna, admite estar de acuerdo con algunas cuestiones sobre los recientes acontecimientos.
     —Yo creo en lo que está diciendo, aunque sea muy poético, y que realmente quiere hablar contigo... ¡León, ojo! ¿Qué te dije sobre esto? Agh, dame un segundo, Juli... —Parece tapar el micrófono del teléfono con su mano, aunque logro escuchar el regaño que le da a su hijo por haber dejado los juguetes en el suelo de nuevo. Sonrío levemente, recordando que nosotras dos, cuando niñas, hacíamos lo mismo hasta volver locos a nuestros padres.
     Mientras espero a que Cecilia vuelva a prestarme atención, noto la guitarra polvorienta apoyada en un rincón. Sin dudarlo, me levanto descalza hacia allí y la sostengo, sin saber realmente qué hacer a continuación, ¿limpiarla y afinarla para volver a tocar? ¿Colocarla de nuevo en su lugar? ¿Incendiarla, como sugirió Ángel? Eso último jamás podría hacerlo.
     —¿En qué estábamos? Ah, sí, la carta de Mateo. Creo que, si comparamos esta y la anterior, de verdad le urge aclarar las cosas contigo.
     —Estoy de acuerdo, sin embargo aún... aún no estoy lista para hablar con él.
     Unos incómodos segundos de silencio reinan en la llamada, hasta que ella suelta un bufido.
     —Hay algo más, ¿no?
     —Pues sí, son varias —respondo con rapidez—. Sé que en muchas ocasiones soy paranoica, pero siento una corazonada de que las personas me están ocultando cosas en las que puedo estar, de una u otra forma, seriamente involucrada.
     Cecilia me da pie para que continúe explicando, por lo que obedezco y cuento mis últimas observaciones:
—Me encontré a Marina en la tienda de ropa donde yo trabajo y cuando la atendí se estuvo comportando extraño, guiñándome el ojo a cada comentario que ella daba. Aún así, jamás entendí a lo que se refería y por qué rayos hacía ese gesto.
     Del otro lado de la línea, escucho claramente el peculiar sonido que genera uno de los sofás y, por ende, deduzco que ella se está acomodando allí; obvia señal de que esto se tornará bastante largo. Decido sentarme en la cama, con la espalda apoyada en la pared, dejando la guitarra en mis piernas.
     —En cuanto a Ángel —sigo—, él ha estado actuando muy extraño desde mi... separación con Mateo. Y aún más a partir de la llegada del primer beso en el balcón, ya no reconozco a mi mejor amigo, parece otra persona completamente distinta. Es una faceta que no me agrada ni tampoco esperaba de él.
     —¿Parece otra persona? ¿En qué sentido? O sea, ¿qué actitudes te hacen sentir eso? —pregunta con gran sorpresa sin dejar de mantener la seriedad.
     —Se vuelve agresivo cuando charlamos sobre el tema, como si le molestase u odiase que aún piense en Mateo. Al principio supuse que solamente estaba preocupado o incluso celoso, sin embargo ahora dudo si no hay algo más que me está ocultando.
     Continúo narrando algunos detalles más, esperando que ella respondiese algo. Sin embargo, Cecilia vuelve a quedarse en silencio, aunque esta vez parece meditar sobre mi paranoia. Tal vez, después de todo, no esté tan equivocada respecto a mis sospechas. Pero, como es de esperarse, pierdo la paciencia a los pocos segundos de escuchar su respiración y los juguetes con sonido de León.
     —¿¡Podrías decir algo, Cecilia Abigail Rosales Souza!? —grito desesperada.
     —No me trates así, señorita, yo soy la mayor —contesta con molestia, aunque es claro que se debe al disgusto que tiene por su segundo nombre—. Volviendo al tema, no sé qué decirte, solo que me huele a gato encerrado y que por primera vez en años entiendo tu conmoción. Pero tranquila, juntas vamos a llegar al fondo de esto, ¿sí, Juli? Ahora me tengo que ir, León está haciendo un desastre en la sala de estar y tengo que limpiar todo...
     —¡Tía! ¡Tía Julieta, hola!
     Sonrío al escucharlo y le pido a mi hermana para charlar con el pequeño, quien, emocionado, comienza a contarme sobre sus hazañas en el colegio. Así, despejo mi mente por un rato sobre el complicado enredo que se ha formado por accidente.



AtrapaNubes

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En el texto hay: drama, romance amistades, pasado doloroso

Editado: 12.02.2019

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