Besos en el balcón [pausada]

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Amor en Noches de Abril.

Presente, Julieta.

     Despierto sintiendo un constante y doloroso latido en la cabeza, como si alguien estuviese apretando con fuerza mis sienes. Me levanto rápidamente y el mundo a mi alrededor da vueltas, por lo que me sostengo con la fría pared verde agua. Realmente estoy enferma.
     A duras penas logro bajar las escaleras hacia la sala y luego me dirijo a buscar medicinas. ¿Realmente el dolor era para tanto? Tomo un vaso de agua con unas pastillas para el dolor, tratando de mantenerme en equilibrio sobre la mesada de la cocina. Unos minutos más tarde, cuando me siento un poco mejor, vuelvo hacia mi habitación en busca de mi teléfono.
     —¿Julieta? —responde sorprendida mi jefa—. ¿Qué ocurre?
     —¿Puedo tomarme el día libre? No me encuentro muy bien de salud —hablo con dificultad y cierro los ojos debido a las intensas puntadas que siento en mis sienes.
     —Ay sí, sí, suena que estás realmente mal. Preocúpate por tu bienestar, ¿eh? Que aquí te necesitamos mucho, pero te queremos sana. ¡Nos vemos!
     —Sí, gracias —Finalizo la llamada.
     Suelto un suspiro de cansancio, para luego tomarme una merecida siesta.


•••


     Ya en la tarde, como a las seis, estoy totalmente recuperada. Luego de una ducha, camino en ropa interior hacia mi armario en busca de algo cómodo para usar. De pronto, escondida detrás de las perchas con largas camperas mullidas, descubro una pequeña caja de cartón pintada de azul. Oh, no...
     —¿Mis viejas canciones? —pregunto en voz alta, siendo consciente de que nadie me va a responder (sería tenebroso que así fuera).
     Cargo el paquete hacia una silla al lado de mi cama y la dejo allí unos cuantos minutos mientras termino de ponerme algo de ropa, ya que, aunque vivo sola, no me gusta estar semidesnuda como una modelo de lencería, quién sabe si debo asomarme al balcón con apuro en busca del siguiente beso de Mateo. O si me encuentro con él y sus ojos brillantes, inocentes, al abrir la áspera puerta de madera. Dios, ¿qué tantas emociones puede causarte una sola persona? Con pensar en él mi corazón late a un ritmo desenfrenado, recordándome el sabor de sus labios, la suavidad de su piel, el calor reconfortante de sus brazos... ¿Bajo qué hechizo puedo estar para no olvidarlo? ¿Acaso ese es el efecto del primer amor?
     Luego de haberme vestido, tomo la caja y desecho todo su contenido en mi cama. La coloco de nuevo sobre la silla, para poder centrarme en las páginas manchadas de colores navideños. Una de ellas llama rápidamente mi atención al leer su título: Noches de Abril.

Julieta, 19 de julio.

Llegué a la casa de Mateo con la guitarra colgada en la espalda. Por suerte, el día se había prestado para que pudiese llevarla sin problemas junto al regalo que tenía pensado. Toqué cuatro veces a la puerta en un ritmo que solamente ellos conocían.
—¡Julieta! —saludó su madre con gran ímpetu, como si verme fuera algo realmente emocionante—. ¿Cómo te encuentras, cariño? Pasa, pasa.
—Muy bien, por fortuna, ¿cómo está usted, señora Acosta?
—Estoy bien, aunque dicen que los años no vienen solos —rio y yo también lo hago. De pronto, una risa conocida se sumó a las nuestras, resonando por toda la habitación. Mis ojos contemplaron al chico de cabello desarreglado, vestido tan casual como siempre con una remera amarilla y vaqueros oscuros.
—Debo hacer unas compras, así que tienen la casa para ustedes, par de tórtolos —La mujer guiñó un ojo con complicidad y luego se retiró por la puerta principal.

Mateo me llevó de la mano hacia su habitación en silencio, aunque pude notar lo emocionado que se encontraba por verme otra vez. En cambio yo me sentía nerviosa, ¿le gustará mi regalo? ¿Acaso era muy cursi lo que estaba por cantarle? Tal vez sí, aunque él era romántico por naturaleza y no necesitaba mucho para lograrlo, yo tenía la extraña sensación de que la letra sonaba demasiado forzada para ser salida de lo más profundo de mis sentimientos.
—¿Entonces, Juli? ¿Cuál es mi sorpresa? N-no quiero presionarte, creo que estoy nervioso por esto. ¿Estoy nervioso? ¿O es felicidad? No lo sé, ay... perdón, perdón, ya te dejo hablar —dijo a toda velocidad. Yo solté una pequeña risa, era tan divertido verlo enredarse en sus emociones cuando la felicidad desbordaba en él, podía ver que en el fondo seguía siendo un niño tierno, inocente, teniendo esperanzas hasta en las situaciones más desesperanzadoras. No podría ser capaz de hacerle daño alguna vez o, al menos, no de forma consciente.
—Está bien Mateo, tranquilo —hablé con dulzura y tomé su mano, transmitiéndole tranquilidad, acariciándolo con la yema de mi dedo pulgar—. Es tonto el regalo, pero quiero asegurarme de que me dirás la verdad sobre lo que opinas, ¿sí?
—Obvio que sí, cariño, ¡pero no me asustes así! Seguro es algo tan increíble como vos, Juli —Se acercó con timidez hacia mí y sus labios, tan suaves, tan tibios, depositaron un tierno beso sobre los míos. Sonreímos en silencio, con los rostros a pocos centímetros, mientras las ventanas a nuestras almas permitían una comunicación privada que ni el mismísimo universo podría entender, como si solo nosotros dos pudiéramos escuchar una melodía entre tantos ruidos molestos, era algo inexplicable que los científicos no podían encontrarle una lógica explicación, era una especie de magia que fluía de forma invisible; era amor.
La burbuja se explotó cuando escuchamos su teléfono vibrar. ¿Quién estaba arruinando nuestro momento?
—Es un mensaje de papá para desearme feliz cumpleaños —dijo mientras parecía leer algo en el aparato—. Y me hizo acordar que mañana voy a ir al aeropuerto para despedirlo. Te dije que se va tres meses de viaje, ¿no?

Asentí y le pregunté si necesitaba espacio para responderle. Él negó con la cabeza al tiempo que tecleaba a la velocidad de la luz. Unos segundos después dejó su teléfono a un lado.
—Ahora sí, ¡llegó el momento! Me vas a dar mi sorpresa, ¡me siento más emocionado que cuando aceptaste ser mi novia! Bu-bueno, no tan emocionado como esa vez, peeeeero bastante cerca.

Reí ante su comentario y saqué la guitarra de su funda, para luego tomar el papel entintado de rojo y verde del bolsillo, donde se encontraba la letra de la canción que había escrito especialmente para él. Comprobé que el instrumento estuviese afinado mientras me temblaban las manos.
—No te pongas nerviosa, Juli. Estamos los dos solos —Me regaló una sonrisa de confianza, la cual era lo único que necesitaba para llenarme de valor y, por fin, darle su cursi regalo de cumpleaños.


Presente.

     Sonrío con nostalgia, mientras tibias lágrimas recorren mis mejillas y caen sobre la copia de Noches de Abril. Mateo aún debe tener guardado el papel original donde lo escribí, con mi caligrafía desastrosa por la rapidez al anotar mis ideas y las manchas de tinta donde alguna vez hubo una palabra que casi coloco para que rimara.
     Amo a Mateo, pero la herida sobre lo ocurrido aún no cicatriza. Tengo miedo de que mis inseguridades arruinen nuestra relación, por lo que debo esperar primero a curarme antes de tomar una decisión.
     Me torturo una última vez, leyendo la canción que hace no mucho tiempo compuse para él:

En cada noche de abril,
Recuerdo cuando te vi,
La lluvia te había empapado,
Junto a las flores de aquel ramo.

Sonreíste con tanta inocencia,
Buscando una respuesta,
Yo devolví con elegancia,
Una curva imperfecta.

Cada noche de abril,
Me recuerda a ti,
A tus labios de cereza,
Y a tu encanto varonil.
Puedo perder mi voz,
Cantando esta canción,
Pero sé que valdrá la pena,
Si llega a tu corazón.

El sofá donde nos amamos,
Y aquel balcón donde nos besamos,
Son lugares donde siempre,
Estuviste a mi lado.

Mi perfume aroma a fresas,
No sé si lo recuerdas,
Pero quiero que nos guíe,
En un camino de sorpresas.

Cada noche de abril,
Me recuerda a ti,
A tus labios de cereza,
Y a tu encanto varonil.
Puedo perder mi voz,
Cantando esta canción,
Pero sé que valdrá la pena,
Si llega a tu corazón.

Chocolates y rosas,
Lugares y cosas,
Me dan mil razones,
Para siempre recordarnos.

Mi color favorito
Será siempre el de tus ojos,
que me miran divertidos,
cuando algo suena indebido.

El final va llegando,
De esta canción que yo canto,
Deseando con el alma,
Que tengas un gran cumpleaños...

Porque cada noche de abril,
Me recuerda a ti,
A tus labios de cereza,
Y a tu encanto varonil.
Puedo perder mi voz,
Cantando esta canción,
Pero sé que valdrá la pena,
Si llega a tu corazón...



AtrapaNubes

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En el texto hay: drama, romance amistades, pasado doloroso

Editado: 12.02.2019

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