Besos sabor caramelo

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Capítulo 1

Mía

—Ring. Ring. Ring. Riiiing

Argh. Maldito despertar y su creador.

¿Algo más frustrante en la vida que cuando estás plácidamente soñando con Ian Somerhalder persiguiéndote para darte mordidas vampirescas —y que mordidas—, para qué suene el cochino despertador y te arruine el sueño?​

No, definitivamente no la hay. ¿Alguien aparte de mí desea matar al inventor de esa cosa? Estoy segura no soy la única.

Mis ojos se abren despacio, parpadeando varias veces para adaptarlos a la claridad del día que se filtra por mi ventanal. Ni modo, pa luego es tarde. Ese sonido sólo indica, "levántate floja a cumplir con tu deber". ¿Y cuál es el deber de muah?, pues estudiar cómo cualquier chica de diecisiete años. Así, que como soy una chica muy cumplidora de mi deber con toda la emoción del mundo —que se sienta ese sarcasmo—, me lancé de mi dulce cama, el amor de mi vida.

¿Pero que creen queridos amigos?

Yo no soy torpe, al menos no siempre, os juro por lo que más quiero en la vida después de mi padre, mi celular, pero hoy al parecer amanecí con el pie izquierdo y al intentar salir de mi cama mi pie—precisamente el izquierdo—, se enredó en la sábana azul de mi cama y el suelo me dio una dulce y elegante bienvenida cuando caí de golpe y de frente… bueno, no tan dulce a decir verdad.

Auch. Dolor.

—¡Que inicio de día más emocionante, Mía! ¡Que elegante manera de levantarte, genial! —me digo a mi misma con un quejido, entonces la puerta de mi cuarto se abre y desde el piso alcanzó a ver unos pies en sandalias rosas.

—¿Dormiste en el suelo, querida? ¿Para qué tienes una cama si no la vas a usar? ¿Está cómodo el piso?

¿De quién es esa voz con tono burlón?

Del ser más dulce, cariñoso y tierno que puede existir en este mundo, jamás nacido antes. Claro, ¿hasta creen?

Por Dios, ese ser es nada más y nada menos que mi brujistica, insoportable y superficial "madrastra". Sí, escucharon bien, en esta historia no hay mamá. Sino madrastra bruja. Penélope, hasta el nombre pinta a bruja ¿no? Ella es la Barbie perfecta, con cinturita de avispa, piernas largas y esbelta. Cabello rubio mal teñido y pechos operados —mi padre le pagó la operación, así que créanme—. Penélope Stewart, es el vivo ejemplo de las madrastras legalmente insoportables del planeta. Esa que se quiere sólo así misma y en mi caso acaparar todo el cariño de mi padre — David Barbieri—, para ella solita y a mi dejarme las migajas de él.

Debo decir que ellos por suerte y alivio mío que estoy rezando por algún día no volver a ver en mi vida sus estúpidos ojos verdes—tan bruja y con unos ojos tan lindos—, a pesar de llevar nueve años juntos no están casados legalmente por todas las de la ley. Pero, en sí cruela, vive en mí casa y duerme en la cama de papá. Me imagino no creerán que rezando el ave María y pidiendo perdón a Dios por sus pecados. No, he sido espectadora de cómo gime esa mujer y como gruñe mi padre, me tienen frustrada.

Penélope por supuesto ha insistido hasta el cansancio para que mi padre le ponga un anillo de diamantes en el dedo y la convierta en la señora Barbieri legalmente —ruego para que eso no suceda—, no obstante no se ha salido con la suya y yo hago una fiesta cada vez que mi papi le dice no al matrimonio entre ellos. La Barbie se enoja y arma tamaño berrinche tal cual niña chiquita, papá le regala una joya finísima, le cambia el coche, un viaje a cualquier destino del mundo y de una se le pasa. Aun así, ella no quita el dedo del renglón, está decidida a casarse con él. ¿Qué hace Penélope para vivir aparte de amargar mi existencia con su cara de mujer de treinta y cuatro años llena de cirugías plásticas y por tal razón luce de veinte y tantos? Fingirse diseñadora de modas, "sí fingir", porque sus diseños son horripilantes y ni mi abuelita; que en paz descanse, y con cero gusto por la moda se los pondría, pero curiosamente aparecen algunas locas que los compran.

—¿Qué haces en mi cuarto? —me levanto del piso, limpiándome un polvo invisible de las manos, y pateo la sábana de mi pie—. ¿Quién te dio permiso para que entres, Penélope?

Ella pone su risa malvada.

—Siempre tan simpática, Mía —dice con su odiosa voz—. En fin, solo ee venía a decir que compres un vestido lindo para que uses esta noche.

Arrugo la nariz, cruzándome de brazos.

—¿Para qué necesito un vestido bonito si se puede saber?

No suelta su sonrisa.

—Hoy es el cumpleaños número cuarenta y dos de, David— Oh, qué mala hija soy, por poco me olvido del cumple de papá, la bruja agregó—: Por lo cual, está noche se dará una fiesta con los amigos más íntimos de la familia.

—¿Que papá no había dicho que no quería fiesta? —le pregunto, ella lanza una sonrisa junto con su cabello rubio hacia atrás.



Adamessphia

Editado: 08.07.2019

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