Black Wolf

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4. Te recuerdo

De camino a su rutina, la bella mañana se extiende por la ciudad, la noche ya había quedado atrás y Kristell de lo único que se preocupaba era de lo tarde que Michael la había dejado irse hasta el trabajo, una decisión de la que no sentía remordimiento pues disfrutar del calor y caricias, la suavidad y pasión en cada uno de los besos de su novio le había abierto el ánimo. Su novio, Kristell lo pensó por un momento, esta sensación de alegría al llamarlo así, ¿podría ser amor? No, Michael no era su primera pareja y aunque no sabía a ciencia cierta cómo identificar aquello que es lo que las personas llamaban amor, estaba segura que lo que sentía por Michael no lo era, o no aun, no existe el amor a primera vista, necesitas encontrarlo y crearlo junto con tu pareja, que ambos aprendan a vivir con las virtudes y defectos del otro.

Michael comprendía y consolaba a Kristell por sus defectos, las pesadillas más que cualquier otra cosa, pero aun sabiendo eso,

     —Creo que aún no puedo llamarlo amor.

Kristell se concentró en continuar su camino y tratar de olvidarse de sus ideas de romance por un momento, después de todo, ella quería más que a cualquier otra persona a Michael, eso era seguro y ahora solo se preocupaba de que no llegaría a trabajar a tiempo, seguramente le esperaría una mañana atareada al presentarse. Kristell paso por en medio de la plaza, dando saltos entre los adoquines mientras el refrescante viento la ahogaba con su brisa en finales del invierno, la plaza era activa y ruidosa, gente en sus comercios y personas regateando o tan solo conversando de lo bello que vivían, tardaría en llegar el siguiente autobús que se dirigía hasta las afueras de la ciudad y así ella a su trabajo. El repiqueteo de la campana alerto a más de uno esa mañana, la misa está por iniciar, Kristell lo considero para asistir, hacía mucho tiempo que no entraba a una iglesia, aun cuando ella se consideraba a sí misma una persona devota de su religión, probablemente iría en su siguiente descanso.

 bservo por los alrededores, y miro entre las tiendas esperando el autobús, en una de ellas observo por la vitrina un espejo grande y redondo. Su apariencia era mejor que la noche anterior, su cabello cobrizo y corto ya peinado y acomodado en un fleco sobre su ojo izquierdo, con un pequeño broche con la forma de una luna en color rosado pálido, su piel que aun siendo clara tenía mejor color que él de esa noche, vestida con una blusa blanca y una chaqueta ligera y pantalón en mezclilla, luciendo unas botas color café de poco tacón. Kristell observo con cuidado su reflejo, esperando que no apareciera otra vez, y no fue así, la pesadilla no estaría en este espejo, tal vez solo fue que necesitaba dormir, se lo había dicho Michael antes de besarla y dejarla ir.

 

 

El tiempo no transcurrió tan simple, cada mañana parecía similar para Kristell, hoy no llevaba prisa, y solo caminaba entre los adoquines esta vez, con el café en su mano y la mirada perdida dando sorbos, las pesadillas se habían esfumado los últimos seis días desde la última noche frente al espejo de su baño y aunque por fin agradecía el lograr descansar sin miedo pese a que aún utilizaba las pastillas, las dudas sobre las pesadillas no desaparecieron, pero tratando de disfrutar su descanso de eso, todo aquello se convirtió en algo del pasado por ahora. Kristell arrojo el vaso de café a la basura al terminarlo, y continuo su camino, el autobús no tardaría en llegar, paso nuevamente frente a la tienda de antigüedades buscando el espejo, pero este ya no estaba, una lástima, lo había observado los últimos días, era sencillo y grande, pero con bellos grabados similares a plumas en su marco y con un leve color dorado opaco. El señor de la tienda salió halando una bolsa con basura y depositándola en el bote fuera de su puerta, con una sonrisa y haciendo aún más visibles sus arrugas saludo a Kristell con amabilidad.

 

     —Buongiorno.

     —Buongiorno, disculpe, pero ¿qué le paso al espejo que tenía en la vitrina? Tenía la intención de comprarlo hoy al regresar del trabajo— El anciano miro a Kristell con extrañeza y observo por la vitrina, y algo confundido le respondió.

     —Mi niña, yo nunca tuve a la venta un espejo en esa vitrina, todos los días que te vi asomarte por la tienda, creía que utilizabas el reflejo de mi ventana para acicalar tu cabello— El anciano tomo una flor que cargaba en su bolcillo de la chaqueta y se la dio antes de entrar a su tienda nuevamente. Kristell quedo confundida y alterada, no podía ser que lo hubiese imaginado… Respiro con tanta tranquilidad como le era posible y se sentó en una banca cercana, no presto atención hasta que al alzar la mirada, vio al autobús que necesitaba alejarse, tendría que esperar al siguiente, no importa, necesitaba relajarse-, creo que aún siguen las pesadillas de espejos— Kristell se levantó y entro a una panadería cercana, el aroma de los panes recién horneados la ahogaba y ayudaba un poco a distraer su mente, sabía que eso necesitaría. Tomo unas pocas piezas seleccionándolas con cuidado y sin permitirse dejar caer ninguna pieza, al terminar los reviso y se dirigió a la fila para pagar, había una televisión apostada en una esquina elevada, y en ellas transmitiendo las noticias había varias preguntas y reportajes sobre los horribles acontecimientos de la última semana:



Ever Damian Cortez

Editado: 12.06.2019

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