Black Wolf

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6. Ojos color zafiro

Sonidos de pasos, acercándose con tranquilidad, y el silbido de sus labios, tenue y rítmico como la canción de un niño, no hay luces, solo oscuridad, la oscuridad absoluta en la cocina, la cocina de un restaurante, el ligero golpeteo de las ollas y cacerolas colocados a lo largo, el las toca mientras pasa, disfrutando de cada sonido único, avivando sus sentidos, el aroma, el dulce y exquisito aroma que impregna el aire, él sonríe sin dejar ver más que su silueta, paso, paso, paso… él sabe que ella está allí, escondida, temblando, es más que perfecto, para  él una presa que no intenta huir es aburrido, pero no se escapara, pues no hay suficiente tiempo para jugar toda la noche, el amanecer no espera. Sus labios carnosos los saborea con lentitud pasando su lengua, y se detiene un momento, lo sabe, está allí mismo, pero el otro, el otro no lo deja oír, engullendo, desgarrando, sorbiendo cada gota, disfruta del sabor sin duda y las manos y la boca bañadas con la sangre del cuello de la chica, era tan hermosa, de cabello castaño y ojos oscuros, mirando solo al olvido, pero aún sigue llorando, beber la sangre de esta manera es todo un arte, después de todo, consiste en desgarrar la garganta con tus dientes para luego clavar los colmillos, sin que pueda siquiera susurrar y así disfrutar cada gota, y todo sin permitir que la víctima muera, no, no hasta que quede seca su mirada perdida en la penumbra, podría apostar a que se ha quedado ciega ya, no durara mucho más y su amiga, la que se oculta, le seguirá. El sigue caminando mientras el otro degusta intensamente a la chica. Ellos no lo han notado aun, uno buscado y el otro comiendo, la mirada de la joven bajo la mordida de él, no mira al vacío, la mira a ella, a su amiga oculta entre los gabinetes; bañada en lágrimas y horrorizada con sus ojos rojos por el miedo, cubriendo su boca y prohibiendo a si misma cualquier sonido, si quiera el respirar, pues su amiga la miro entrar al gabinete, pero callo antes de ocultarse igual, la dejo morir, a su amiga para salvar su propia vida, y ahora el segundo la busca con diversión, no falta demasiado, ya casi amanece, y ellos se irán, ellos se irán. Es lo único en su mente, tratando de sobrevivir, ellos la quieren para alimentarse, un mito simplemente hasta hace un día, eso era todo, la piel pálida, las garras, esos ojos inyectados con sangre, los colmillos, pero están aquí, están aquí y…

     —¡Ahhhhhh! — la chica grita de miedo al ser tomada por el cabello y arrojada junto a lo que queda de su amiga, la han encontrado, él, la ha encontrado y no puede moverse siquiera por el miedo. El, la tiene debajo de su cuerpo, la mira, ella cae a sus ojos, su cuerpo no quiere pelear, ya no queda más que rendirse, aun cuando su mente le dice lo contrario, ya no queda más que hacer… —voy a morir, moriré aquí— la lagrimas emanan y lo último que ve es su boca crecer como si desgarrara su propia piel y los colmillos afilados antes de clavarse en ella.

Lo siente, la calidez de la sangre brotando y mojando su cuello, la sangre, pero no es de ella. Alguien más está allí con ella, esta oscuro, la chica no puede verlo, el cuerpo sobre ella le impide moverse, es demasiado pesado, él se acerca contra el otro que devoro a su amiga, el ruido de la cocina se acrecienta y el lugar se destruye de lado a lado, los objetos volando y el sonido de un animal gruñendo como abalanzándose sobre una presa, ella lo ve, solo la silueta pero lo ve, un hombre, un hombre forcejeando contra el otro, él se levanta y lo arroja contra la mesa y alzando la mano la deja caer con ira y la sangre salpica por doquier, el sonido tamborilea por el suelo mientras ella lo mira rodar, seguido de un estruendo contra el piso, el hombre se acerca, no se ve su rostro, pues lo oculta bajo una capucha. Ella tiene demasiado miedo para verlo, y el aroma a azufre la ahoga, solo lo escucha. Un corte.   

 

 

 

 

 

Kristell despierta de golpe y arroja los papeles de un lado a otro, su corazón es como balas de cañón y la respiración se acelera y la agobia mientras el sudor en su frente cae contra los papeles sobre el escritorio.            .

     —Kriss, tranquila. Es…

     —Una pesadilla… lo sé, otra pesadilla— Kristell ya estaba cansada de repetírselo a sí misma.

     —Estabas gritando- le comento Caroline.

     —Sí, seguramente, lo hice.

     —No, de verdad gritabas, nunca había odio a nadie gritar así por una pesadilla— Kristell se cubrió los ojos con las manos y se acomodó contra el escritorio. Su cuerpo temblaba después de la pesadilla, no lograba detenerse.

     —¿Esta vez eras la víctima, o… la cazadora? — La voz de Caroline era cortante y baja, como si temiera a la respuesta.



Ever Damian Cortez

Editado: 12.06.2019

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