Black Wolf

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11. Verdad y realidad

El sonido del portón de la villa resonó como un chirrido agudo y penetrante, trato de cerrarlo nuevamente con cuidado, Kristell apareció frente al orfanato caminando con lentitud antes de sentarse en la misma banca donde siempre conversaba junto a Caroline, su cabello parecía un desastre al igual que su ropa, sucia y rasgada con pequeñas heridas, seguido de su pelo enmarañado y con algo de tierra que caía al sacudirlo, después de todo no había logrado conciliar el sueño a lo largo de aquella noche tan inusual. Las preguntas brotaron de su voz hacia Nathe sin parar, cada una más extensa que la anterior y con mayor impaciencia, pero nunca le respondía nada más allá de esa mirada fría y penetrante en su rostro. Nathe nunca se inmutaba ni realizaba el más mínimo gesto ante Kristell y solo al final él le hablo diciendo:

     —Adiós.

 

 

     —¿Y luego que paso? — Caroline insistía y agitaba a Kristell como intentando descubrir un secreto vergonzoso, parecía que le contaran alguna historia de fantasía, pero Kristell solo giro la cabeza de un lado a otro tratando de dar a entenderlo.

     —No lo sé, solo cerré mis ojos por unos segundos, y se había ido. La voz de Kristell se tornó frustrada y molesta, se acomodó sobre la banca y estiro la pierna para dejar a la vista el vendaje de su tobillo, eso era todo lo que necesitaba, eso era prueba de que aquello que vivió esa noche atrás no era una simple ilusión, un sueño o alguna fantasía jugada por su mente, era verdad, había sido algo real. La ignorancia que sentía Kristell respecto a todo este nuevo mundo que descubrió, la carcomía con una imponente frustración, como si descifrara algo que siempre busco, la idea de conocer cuánto existía en esta nueva realidad la consumía y al mismo tiempo la atemorizaba, pero seguía intentado entender, ¿porque ahora? Toda su vida había transcurrido tan normal como podía serlo para una joven huérfana, solo sus pesadillas la atormentaban y no podía negarlo o dejar de imaginarlo, sus pesadillas eran parte de lo que sucedía, Nathe seguramente sabría porque ha tenido esas horrendas escenas noche tras noche desde niña, sabía lo que significaban, o porque a ella precisamente, su miedo, su idea de que la consumieran la había impulsado a los brazos abiertos de la religión, buscando conforte y seguridad en medio de una fe, y eso precisamente es lo que había encontrado, sosteniendo en manos y nunca dejando de lado la cruz de oro que su madre le había dejado cuando niña. O por lo menos eso creía, no podía recordar nada antes del orfanato, pero sabía que para entonces ya tenía esa cruz dorada colgando en su cuello, como un regalo, un recuerdo. La madre de Caroline se lo había dicho, seguramente esa cruz partencia a su madre y ella había decidido creerlo, después de todo su más persistente recuerdo seria la silueta de alguien cargándola entre brazos con cariño, borrosa en sus memorias, tal vez falsa, pero   existía.   Su mente se dividida entre todas sus dudas sin parar un segundo, los monstruos, los vampiros o vástagos como les llamaban, Damián, sus pesadillas, Nathe y esos ojos dorados que no dejaban de asechar sus pensamientos desde la primera vez que los vio, debía conocer la verdad, debía satisfacer su propia sed de conocimiento y destruir esa sensación de ignorancia que ella sentía; le consumía con lentitud. Caroline conocía esa mirada y ausencia del mundo que su amiga creaba para sí, todo lo que conocía se desquebrajaba en un mar de preguntas e intrigas y por más que deseara saber la respuesta, ella no conocía más allá de lo que su amiga sabia en ese preciso momento, pero había una duda más que ambas intrigaban y aún no habían tocado el tema, a sabiendas de que Kristell no querría abordarlo, conocía demasiado bien a su amiga, pero ya no eran simples niñas y como adultos, era necesario hablarlo;

     —Kristell, ¿y qué hay sobre Michael? — Comento Caroline.

     —Ya lo sabes…— Kristell bajo la mirada y trato de desviarla de su amiga, aun se sentía ofendida y molesta por lo ocurrido.

     —Me ha llamado muchísimas veces porque no te encontraba, yo misma estaba preocupada. Tal vez deberías ir a hablar con él.

     —Caroline se acomodó para tratar de mirar a los ojos a Kristell.

     —¿Y decirle que cosa? Me duele y me molesta que no intentara comprender, tan solo me ha tomado por una loca, como puedes querer a un hombre así, que sabes que te tratara con ese desdén, y no intentará apoyarte.

     —Dijiste querer… no amar…— Kristell reacciono al oír a su amiga al aclarar.

     —No creo que pueda arreglar esto Caro… — en Kristell aparecía una expresión de dolor y trataba de que su amiga no mirara sus lágrimas.



Ever Damian Cortez

Editado: 12.06.2019

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