Black Wolf

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19. Ya vienen.

Kristell caminaba siguiendo a Nathe, está ya no había dicho nada más a partir de ese momento en la Piazza Navona, se encontraba al borde de un balcón en una pequeña casa en medio de la ciudad, les habían permitido pasar la noche allí, sin embargo Kristell estaba sola, y Nathe sobre su cabeza sentado a la orilla del techo a la luz de la luna, no parecía estar consciente del mundo a su alrededor, parecía ausente otra vez, como si no viviera en ese momento preciso.

Nathe respiraba con tranquilidad, y sin moverse de su sitio en ningún instante, tomo la cadena de su cuello en su mano y tras hacer un gesto lo volvió a guardar, no entendía porque veía nuevamente esas imágenes, a pesar de tantos años, ¿porque ahora? Y si en verdad tiene que ver con esa chica, no se lo había dicho, ni siquiera un comentario, su fuerte deseo de protegerla sin razón, no sentía nada hacia ella, solo era esta sensación de deber o deseo, tal vez remordimiento, ¿pero por qué? Nathe podía respirar el aroma y aire del mar en invierno, sentía la nieve a su alrededor, el fresco del viento y veía el bosque tan claro que alcanzaba la sensación de poder tocarlo… un atisbo de luz lo estremeció. Ella paso frente a sus ojos y esto lo regreso a la azotea del lugar. Bajo por el balcón donde anteriormente se encontraba Kristell y murmuro para sí:

     —Aún me sigues atormentando…— Nathe desvió la mirada al cielo nocturno, esperando una respuesta, pero esta no llegaría jamás. Giro nuevamente y se topó a Kristell en la entrada.

     —¿Estas bien? — Nathe la aparto con suavidad y avanzó hacia el interior. Se detuvo un instante antes de responder.

     —Sí, ¿has quedado más tranquila ahora?

     —Sí, gracias por eso, por fin pude llamar a Caroline y asegurarme de que ninguno de los niños salió herido de gravedad. Por si te interesa, el perro está allí aun, ya no les han atacado y… Damián parece estar más seguido acompañándolos, creo que Caroline es feliz por ello— Nathe continúo caminando sin decir palabra alguna y dándole la espalda por completo.

     —Nathe, ¿cuál era su nombre? — la vos de Kristell era suave y compasiva.

     —No puedo recordarlo…— Nathe regreso a su lado en el balcón indicándole que mejor entrara.

     —¿Le amabas? — Kristell estaba atenta al rostro de Nathe, pero este solo mostro un gesto de dolor.

     —Nunca supe si eso era amor… Si lo fue, entonces se convirtió en mi maldición. — Kristell trato tomar su mano, pero al segundo antes de rozarlo, se arrepintió

     —Es a ella a quien ves cuando te ausentas no es así? — Nathe giro la mirada hacia ella.

     —A veces mencionas o hablas de alguien, una mujer, aunque nunca dices su nombre— continuo Kristell, que se consumía por la curiosidad de conocer, de saber que era lo que le atormentaba de ella.

    -—Sé que no recuerdas su nombre, pero, ¿quién era ella? — se replanteo la pregunta.

     —Fue alguien a quien no pude proteger.

     —Lo siento.

     —Ve a descansar, al amanecer nos iremos- Kristell se despidió y continuó hacia la habitación, pero antes

     —No la conozco, pero seguramente ella no querría que te culpes, no si hiciste todo por protegerla— Kristell entro en la habitación y pasando unos minutos, se había quedado dormida.

     —Es una joven bastante interesante Nathe— la voz a su lado se vislumbró, una chica de cabello platinado se sentó junto a él, a la orilla del balcón.

     —Azrael— Nathe lo vio por el rabillo del ojo.

     —No me veas así, dame un segundo. Al instante la imagen de un joven gallardo y de cabello largo se presentó a su lado.

     —Descuida, aun no es tu hora. — hablo Azrael mientras compartía palabras junto Nathe.

     —¿A qué has venido?

     —Si continúas de esta manera, esa chica morirá.

     —¿Te interesa? — inquirió Nathe.

     —A ti si… buscas una manera de quitarle su don.



Ever Damian Cortez

Editado: 12.06.2019

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