Black Wolf

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27. San Ángelo II

Nathe corrió frente a la entrada bordeada por la gigantesca muralla que rodeaba el castillo, la puerta estaba rota y caída, así que Kristell le siguió sin problema al interior, en un instante, todos las entidades se veían revoloteando cual murciélagos como espectros negros gruñendo y alborotados, otros corrían, tal como vástagos peleando entre ellos como animales opacando el camino hacia el interior del castillo, a través de los jardines y el patio era abandonado por completo para seguir internándose. Entre ellos algún otro cegado por su deseo de motor se abalanzó contra Kristell y sobreponiéndose ante el miedo, esta tomo lo que estuviera a la mano y lo azoto contra él justo antes que Nathe lo eliminara al instante. Pronto llegaron a través del patio por la gran escalera frente a ellos y estando a punto de abrir la inmensa puerta blanca, Nathe detuvo a Kristell.

     —Kristell…

     —Olvídalo. Te he traído hasta aquí, no te abandonare, no importa lo que digas. No tienes que estarme cuidando todo el tiempo, puedo defenderme ahora, ya no siento miedo, así que ahórrate cualquier tontería de que me quede, porque no lo hare- la voz firme y tenas de Kristell se dio a conocer, Nathe dejo escapar una especie de sonrisa y solo susurro:

     —Quédate detrás de mí en todo momento. — Kristell asintió.

 

El pasillo era inmenso decorado con finas molduras en su arquitectura y con largos y finos tapetes, el castillo de San Ángelo, conocido como el castillo del ángel que galardonaba en su punta un ángel con su espada, era gigantesco y majestuoso. Ambos corrieron por el pasillo mientras Kristell guiaba a Nathe en medio del caos, las esencias y criaturas no los molestaban casi parecía que algo los llamaba con más intensidad mientras más se acercaban.

     —¿Qué es lo que los trajo aquí, porque aquí? — Kristell preguntaba intrigada, pensando sin encontrar modo de saber qué hacer.

     —Algo debe estar atrayéndolos, esto no es normal, al igual que el ataque cuando caímos en las catacumbas, esto no sucede por sí solo, alguien los quiere aquí. — Nathe tomo a Kristell cargándola en sus brazos y dando un salto se colocó a un costado en otro pasillo mientras veían pasar por donde ellos abandonaron una gigantesca esencia en color negro oscuridad. Continuaron su camino, Kristell algo cansad, mientras andaba a través del espacio del pasillo de piedra y continuaron con más lentitud, los sonidos eran estridentes y un aroma a quemado se sentía en el aire, también, Nathe percibía un olor familiar, sin embargo, no lograba concebir de que se trataba. Entre los objetos de los muros y mesas había algunas vitrinas con antigüedades en ellas, Nathe quebró uno y de ella saco un cuchillo con una hoja plateada y el mango marrón.

     —Úsalo si hace falta, no te alejes de mí y si es necesario, corre.- Kristell asintió y pronto llegaron a una puerta inmensa, un gran salón en el centro, la puerta dio un fuerte ruido y los ojos de todos se giraron hacia ellos, vástagos, súcubos, íncubos, entes diferentes se planteaban frente a ellos, y Kristell se colocó  detrás de Nathe, había de pie por lo menos cien figuras asemejando hombres, mujeres, niños y ancianos, las manos de Nathe se tornaron grisáceas y sus uñas se hicieron garras, algunos dieron un paso al frente con lentitud, otros retrocedieron con miedo. De pronto todo se hizo claro al oír una voz a lo lejos, de pie al fondo del salón sobre un pedestal, vestía un hábito negro con delineados en rojo carmesí, su cabello era canoso y su piel arrugada, con una cicatriz en su un borde de su ojo derecho, seguido de otro hombre con un hábito café y ocultando su rostro con la capucha.

     —Bienvenido joven demonio… te hemos estado esperado. — el anciano sacerdote se regodeo en sus palabras.

     —Esta necedad tuya por huir nos has obligado a traerte a aquí, invocándote, todos estos tus hermanos han acudido junto contigo y ahora es tiempo de que cada uno, desaparezca— un par de vástagos arremetieron contra él con un gruñido cual animales mostrando sus colmillos al saltar, el hombre de la capucha los tomo por el cuello y a mano limpia los azoto contra el suelo que este se agrieto al impacto. Ambos vástagos murieron en una pila de cenizas al sentir su corazón atravesado.

     —¿Ese hombre, de verdad es humano? — hablo Kristell

     —Ningún humano debería ser capaz de someter así a un demonio, es algo más, algo que puedo percibir familiar. — Nathe respondió y el hombre al fondo continuo.

     —Mi nombre es Salvatore, caballero de la santa iglesia y protector de su gente, y al que ves aquí, es un ángel en la tierra, el ángel Nechael, que ha respondido a la llamada para proteger a la iglesia y sus seguidores, proteger la fe y la tierra santa que pisamos.



Ever Damian Cortez

Editado: 12.06.2019

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