Blood

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Capítulo 45

"Nos prometieron que los sueños podrían volverse realidad. Pero se les olvidó mencionar que las pesadillas también son sueños".

 

—Oscar Wilde.

 

 

 

Cuando caemos en la etapa del sueño, nuestro cuerpo entra en un estado de reposo, en un profundo descanso en el cual podemos relajarnos y recobrar las energías necesarias para el próximo día, pero nuestra mente no. Ella permanece despierta y funcionando, y como producto de ello, al estar dormidos también podemos experimentar distintas vivencias. Muchas veces nos refleja nuestros mayores deseos por medio de los sueños. Aquello que tanto anhelamos y deseamos, eso en lo que pasamos pensando todo el día. Pero en otras ocasiones son nuestros temores los que son mostrados mediante las pesadillas.

 

Estoy en una profunda oscuridad. La luz parece no ingresar en este lugar, el cual desconozco. Observo a duras penas las paredes del sucio y opaco espacio en el que me encuentro para tratar de reconocerlo. Parecen no tener pintura, o al menos no por completo. Su textura se mira desgastada, muy rasgosa y bastante descuidada, con algunas manchas de un líquido rojo que parece ser sangre. Todo el lugar se mira muy abandonado y descuidado.

 

Alzo mi mirada y veo que posee un alto techo que impide que se vea el cielo. Tampoco hay ventanas que me reflejen si es de día o de noche. No sé qué hora pueda ser, pero siento mi cuerpo muy adolorido. Lo mismo pasa con mi cabeza. Siento como si me hubiese golpeado con algo muy fuerte, pero no recuerdo nada. Intento movilizarme en el territorio para buscar una salida, pero me doy cuenta de que mis manos están amarradas con una cadena de hierro. Hago un esfuerzo por liberarme de ellas, pero parece que es imposible.

 

En eso escucho unos pasos que parecen provenir de un lugar lejano que poco a poco es más cercano.

 

—Parece que ya ha despertado. —Escucho una voz grave, con cierta pizca de emoción sarcástica, que se acerca hacia donde yo me encuentro.

 

Esa voz ya le he escuchado antes. Hago un intento por recordar al dueño de esa voz tan peculiar y misteriosa, pero no es necesario, ya que ante mis ojos aparece vestido con uniforme de jardinero el señor Richard Gärtner.

 

—¿Cómo está? ¿Acaso se siente mejor? —pregunta con una sonrisa. Puedo apreciar la malicia en su rostro.

 

—¿Qué me pasó? ¿Qué estoy haciendo aquí? —consulto confundido mientras observo mi alrededor.

 

—Digamos que ha tenido un pequeño percance. —Empieza a caminar de un lugar a otro—. Y yo lo estoy cuidando.

 

—¿Cuidando? —pregunto extrañado—. Pero yo estoy bien, no me duele nada. ¿Puede dejarme ir?

 

Suelta una gran carcajada. Se sume en un profundo gozo. Frunzo mi ceño confundido. No entiendo qué le ha causado gracia.

 

—Qué ingenuo eres, mi querido Blood —habla con una gran sonrisa.

 

—¡¿Pero que está diciendo?! ¡Déjeme salir de aquí! —Elevo mi tono de voz.

 

—Saldrás de aquí, claro, pero eso será cuando yo quiera. —Se sienta en un balde ubicado en el lugar donde nos encontramos—. No te preocupes por eso —Enciende un cigarrillo—, ya que, para ese entonces, tú estarás muerto.

 

La impresión se apodera de mí y mis ojos se abren como grandes círculos como producto del susto. El miedo comienza a invadir cada sector de mi ser. Las gotas de sudor se deslizan de mi frente lentamente, como si fueran gotas de sangre. No puedo permitir esto. No puedo morir; no todavía.

 

—Si no me deja salir, estará en graves problemas —le advierto mientras intento zafarme de las cadenas. 

 

—No lo creo, chupa sangre, ya que no vivirás para contarlo. —Suelta una gran carcajada mientras inhala una gran cantidad de humo proveniente de su cigarrillo.

 

—¡Que me deje salir, viejo estúpido! —espeto expulsando toda la furia que siento.

 

Pataleo y trato de romper las cadenas a las cuales estoy amarrado, pero parece un acto imposible, ya que éstas continúan intactas.

 

—Oh oh. Nuestro invitado se está poniendo furioso —dice con sorna—. Necesito de tu ayuda, querido hijo —grita con dirección al fondo del lugar—. Ven a ayudar a tu amigo.

 

—¿Dressler? —pregunto sorprendido mientras detengo mi brusquedad.

 

Unos pasos que se acercan lentamente empiezan a escucharse.

 

—Así es, idiota. ¿Acaso creías que esa inocencia y estupidez excesiva era real? —dice el conserje, que parece estar orgulloso del engaño de su hijo.

 

Dressler ingresa a la escena con una sonrisa maliciosa dibujada en sus labios y una mirada maligna reflejada en sus ojos. 

 

—¿Dressler? No... Dime que no es cierto —hablo con desesperación. Veo que Dressler no articula una sola palabra. Parece estar controlado por algo, o alguien—. ¡Dressler! —repito, esta vez gritando.



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En el texto hay: vampiros, muertes, sangre

Editado: 16.11.2019

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