Blood Dust -1: Preludio y Deseo.

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||Capítulo 04||

Capítulo IV

John no podía sacar la imagen del cuerpo de Diane de su mente, así como tampoco las palabras de Jill. Esa bella muchacha había sufrido una muerte triste y dolorosa. El solo imaginarla sufriendo le producía impotencia.

Ya había sentido impotencia muchas veces en su vida. Ese sentimiento profundo e inconsolable dolor emocional que resulta de no poder remediar una situación o circunstancia desagradable. Como cuando sus padres murieron en un accidente por culpa de un camionero que venía en contramano y junto a sus hermanos, fue a parar al sistema de adopción. Como cuando a sus hermanos pequeños los adoptaron, separándolo de él y su hermano mayor. Como cuando ellos murieron por exceso de golpes por parte de su nuevo padre adoptivo. Como cuando su hermano mayor murió en un operativo años atrás.

Y si bien los culpables de aquellos hechos trágicos en su vida pagaron en la cárcel, exceptuando a los responsables de la muerte de su hermano mayor, a veces sucede que no basta para consolar a uno porque no puede resolver el problema completamente. El horrible sentimiento persiste ocasionando una herida que no termina de cerrar.

Dos semanas habían pasado ya y aun no encontraban pruebas ni pistas que los acercaran siquiera a tener un sospechoso. Era tan frustrante que se había puesto a investigar el por su cuenta yendo personalmente a los lugares que Diane frecuentaba, dejando a Steve a cargo de la escuadra en momentos de su ausencia.

Igual que los días anteriores, no halló ninguna pista y por eso, su frustración crecía. Llegó a la brigada justo a la hora del almuerzo, pero no tenía apetito por lo que iba a encerrarse en su oficina a pensar. Iba a hacerlo hasta que la risa de la capitana de la segunda escuadra llegó a sus oídos e irremediablemente, sus ojos la buscaron.

La halló sentada en el comedor conversando con el resto de las escuadras abrazando a Solange y una vez más, cayó ante el encanto de esa mujer. Basto tenerla una sola noche para desearla infinitamente.

—¡Eh, Capitán! —Gritó Steve sentado justo al lado de la capitana— ¡Que sorpresa! ¡Venga, almuerce con nosotros!

Loraine desvió su mirada de su hermana menor y la dirigió hacia la misma dirección que la del teniente para cruzarse con las del otro capitán.

No se habían visto en todos esos días que habían pasado, ni siquiera habían hablado desde la única noche que compartieron. Era guapo, sí que lo era. Sus cabellos negros un poco mas crecidos, su barba de hace días y esa mirada segura le daban un cierto aire de personaje sacado de una novela sin contar con ese físico trabajado.

John se acercó a la mesa y se sentó frente a la capitana, quien le dedicaba una sonrisa cómplice y cálida, lo que llamó la atención de tres personas allí: Solange, quien conocía a su hermana como la palma de su mano; Daniel y Elvis, quien almorzaban también allí, cada uno alejado de aquella mesa.

—Creo que no nos han presentado— intervino Solange—Usted debe ser el capitán North ¿cierto?

—Así es— afirmó John desviando la mirada hacia la joven— Capitán de la cuarta escuadra ¿Y usted?

—Sargento oficial Solange Britannia, la número quince.

—L a niña—sonrió Steve— y así como la ve, es una sádica. No se confié en su cara bon...

Steve no pudo continuar por que recibió un golpe en las costillas dado con el codo por la aludida.

Todos sonrieron ante la pequeña discusión que se daba entre ambos, pero los dos capitanes tenían una discusión con los ojos. Ninguno iba a bajar la mirada, claramente hasta que John decidió romper el silencio.

—Así que nos volvemos a encontrar, lo cual me alegra.

—A mí también me alegra.

—¿ah sí? ¿Cuál es el motivo?

—Que no pude despedirme bien de ti siendo casi descortés ante tu amabilidad en la hospitalidad, lo cual no es algo que me agradé.

—Tengo la solución perfecta para ello. ¿Qué te parece cenar conmigo esta noche?

Apoyada sobre el marco de la puerta de la oficina de la primera escuadra, Grace observaba y se detenía a captar las miradas de sus compañeros. Llevaban dos semanas en la Brigada y no podía evitar interesarse en las relaciones que esas miradas iban develando. Captaba las miradas que Nataly le daba a Frances y las que ella le devolvía. Las que Snow le daba a Luke. La que Luke le daba a Solange. Y las que ella le daba al rescatista de la tercera escuadra con cierto desagrado.

También, no pasaban de desapercibida la forma en que Daniel miraba a la capitana Loraine y las que, de muy en vez de cuando, ella dedicaba de reojo a Elvis incluso hablando con el capitán de la cuarta escuadra. Y el teniente la miraba con lujuria, pero también con intriga, aunque eso era más ante la situación que tenía al frente.

Las miradas que Steve dedicaba a las mujeres de la escuadra no eran disimuladas, pero había un brillo especial en la que le dedicaba a Snow.

En todas esas miradas, a pesar de provenir de diferentes colores de ojos y personas, había algo en común. El deseo.



Sol Casartro

Editado: 25.05.2019

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