Boda Con El Magnate

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Capítulo 6

Emily se levantó de la cama, tímidamente. No tenía ni una pizca de sueño. Examinó lo grande de la habitación y los dos baños que tenía. ¿Dónde estaría Daniel?

—¿Te despertaste, cara? —preguntó él espantándola— lamento haberte asustado.

—¿Dónde estoy? —preguntó ella desorientada.

—Estás en Londres—contestó él con medida cautela— en nuestra casa—ella lo observó. Estaba en bata, recién duchado. Se tapó instintivamente. Él no era capaz de aprovecharse de ella mientras dormía, ¿Cierto?

Daniel escudriñó su rostro y frunció el ceño. Algo andaba mal, lo presentía. ¿Por qué se estaba tapando con tanta vehemencia? No creerá ella que él había visto algo, ¿O sí?

—¿Necesitas que te traiga un vaso de agua, cara? —preguntó él con evidente preocupación—estás pálida.

—Lo que necesito es ir a trabajar ahora mismo—contestó ella obstinadamente.

—Son las una de la madrugada—contestó él esbozando una leve sonrisa— entiendo tu entusiasmo, pero tendrás que esperar unas cuatro horas más—terminó de decir acercándose a ella. Ella se echó para atrás entonces.

—¿Qué sucede, cara? —preguntó él entonces— ¿Has tenido una pesadilla? —Emily se tapó aun con más vehemencia. Su pulso corría rápidamente. No podía dejar que él se acercara a ella. No otra vez…

—Tú—masculló ella en casi un susurro— Tú no me tocaste, ¿Cierto? —Daniel palideció más allá de las palabras. Sintió que la bilis le subía por el esófago y se contuvo. ¿Qué diablos le había hecho Tyler Evans a esa mujer para que se alejara de él de ese modo? 

—Cara, ¿Te estás escuchando? —preguntó él entonces— ¿Cómo podrías pensar que me aprovecharía de ti mientras duermes?

—Tú—farfulló ella de repente cobrando sus fuerzas— ¿Cómo sé que no te atreverías? —Daniel retrocedió entonces. Estaban entrando en terreno peligroso.

—Paremos aquí cara—sugirió él— no quiero que peleemos de nuevo.

—Tú eres un desconocido para mí, no tengo la menor confianza hacia ti—soltó ella— es natural que me sienta desconfiada.

—Una cosa es que no me conozcas y otra es que me acuses de ser capaz de tocarte sin tu consentimiento.

—Los hombres de esta generación no conocen el término consentimiento—escupió ella con malicia.

—Pues pertenezco a la era de piedra, maldita sea—contestó Daniel con rabia— jamás tocaría a una mujer sin saber si ella me correspondería como mi amante.

—Ese es el problema, Daniel—puntualizó ella— ¿Cómo sabes que yo no te correspondería como tu amante? ¿Cómo sé yo que tú no intentarás nada conmigo pensando que yo te corresponderé? —Daniel perdió la paciencia entonces.

—Si esa es tu preocupación pierde cuidado, cara—espetó—no estoy interesado en acostarme contigo, y dudo mucho que eso cambie.

Mentía. Por los mil rayos que mentía. Deseaba a esa mujer. Deseaba tenerla en su cama. Deseaba sentir su cuerpo suave junto al suyo y arder con ella hasta la cumbre. Sin embargo, era mucho mayor su enfado. ¿Cómo podía pensar que él la violaría?

—¿Quién piensas que eres? —preguntó ella con rabia— Eres un odioso cretino.

—¿Herí tu orgullo? —preguntó él en tono de sorna— ¿Qué piensas que estás haciendo con el mío?

—¿Es eso lo único que te importa? —preguntó ella de vuelta— ¿Tu orgullo? ¿Cómo me emparejó mi padre con este cretino odioso…?

—Tal vez en vez de insultarme y juzgarme sin conocerme, deberías enseñarme a no ser tan “odioso” como tú dices—la interrumpió él desafiándola con la mirada. 

—Me largo—dijo ella entonces— ¡Al diablo con este acuerdo!

—Te reto a que te vayas—dijo él— Lárgate.

—¡Eres un maldito!

—Y tú eres una malcriada—espetó él— ¿Qué crees que…? —soltó un gemido abrupto. Le dolía el pecho. El mundo le estaba dando vueltas.

—¿Daniel? —preguntó ella al ver como el rostro de él perdía todo el color. Se estaba agarrando el pecho como si le doliera. Ella se acercó dos pasos hacia él, tratando de cerciorarse de que no mentía. Pero no, él no estaba fingiendo.

Soltó otro gemido, grave y sentido. Sentía que se balanceaba entonces vio a Emily ampararlo con su diminuto cuerpo.

—¿Qué está pasando, Daniel? —preguntó. Él hizo un esfuerzo sobrenatural para poder hablar.



Han Paula

Editado: 06.12.2019

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