Boda Con El Magnate

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Capítulo 7

Daniel entró bruscamente en el vestíbulo de la casa, sorprendiendo a una cansada Emily. Casi no se veían, pasaban tanto tiempo trabajando que era difícil coincidir. Si bien se veían en la cena, Emily se había rehusado a asistir a los eventos sociales con él.

Las últimas tres semanas, hubiera parecido como si él se hubiese rendido a tener cualquier contacto con ella. Daniel se había ido antes de que ella despertara, y terminaba de trabajar para encontrarla dormida. Había pasado los fines de semana encerrado en su despacho y prácticamente no había cruzado palabra con ella.  

—Tengo una importante reunión en Melbourne—le informó, ella se encogió de hombros.

—¿Necesitas mi bendición? —preguntó ella sarcásticamente.

—Preciso de que vengas conmigo—le informó él— ya le he dicho a Eloise, sólo hace falta que te cambies para que nos vayamos—Emily puso los brazos en jarras.

—¿Y a condición de qué te piensas tú que puedes decidir si me voy de viaje? —preguntó ella con insolencia.

—Emily Rose Sonenclar—la llamó él en tono de advertencia—¿Crees que, porque he estado ocupado estas últimas tres semanas, me he olvidado de ti? —Emily bufó en su cara.

—¿Tienes tan buena memoria? —Daniel se mordió el labio inferior.

—Te aseguro que, si no fuera porque sólo he dormido doce horas en las últimas tres semanas, te tomaría en mis brazos y te haría saber si te he olvidado.

—Lo haces sonar como si tuvieras recuerdos conmigo para comenzar—se burló ella— Quién te oyera dijera que tú y yo somos amantes apasionados.

—No creas que no podemos serlo, Emily Rose—contestó él en voz baja— el asunto está en que no estoy por definir eso ahora mismo.

—¡Retrógrado!

—Sube a cambiarte antes de que te tome como a un saco de patatas.

—No puedes obligarme a ir conmigo.

—Emily Rose, necesito a una experta en leyes australianas—dijo él entonces. Emily se encogió de hombros.

—Puedes encontrar a mejores expertos que yo—refutó ella.

—¡Por la divina luna, mujer! —exclamó perdiendo la paciencia— ¿Es que no te hartas de llevarme la contraria?

—Tengo compromisos aquí.

—Escucha bien Emily Rose—le advirtió él— sube y cámbiate, o te sacaré a rastras.

—Eso es violencia doméstica.

—¿Quieres apostar? —preguntó él en tono travieso— estoy seguro de que no quieres que hagamos esta apuesta—Emily sostuvo su intensa mirada por un momento y antes de que pudiera responderse porqué, subió a cambiarse para ir camino al aeropuerto.

Emily notó que Daniel tenía leves ojeras. Parecía cansado y preocupado, además de que no estaba en su mejor humor.

—Necesitaré de ayuda con la revisión de unos documentos—dijo él una vez se habían puesto en marcha.

—¿Qué sucede? —preguntó ella. Él la miró a los ojos y le pasó una carpeta.

—Tenemos que preparar un recurso legal para una de nuestras sedes en Melbourne—contestó él— parece que alguien ha estado malversando fondos a nombre de la compañía—Emily palideció soltando un ruidoso suspiro.

—¿Por qué no me lo dijiste antes? —preguntó— ¿Es a causa de eso por lo que has estado trabajando tanto estas últimas semanas? —Daniel asintió.

—También hubo un intento de ataque terrorista en el edificio principal de la central en Londres—comentó. Emily exhaló con sorpresa. No sabía que nada de eso había estado sucediendo y ahora que lo sabía podía ver porqué Daniel estaba tan cansado.

—¿Cómo es posible que no me haya enterado de todo eso? —preguntó ella— Debió ser un infierno tener que lidiar con todo eso.

—No quería preocuparte—contestó él en casi un susurro. Emily miró hacia la ventana y suspiró con exasperación.

—No sabía que fueras tan considerado—espetó ella— La próxima vez—calló. Daniel estaba dormido contra el cristal de la ventana. Emily esbozó media sonrisa y puso la cabeza de él en su hombro.

—La próxima vez deberías decirme—susurró— no deberías tener un tiempo tan difícil por tu cuenta.

Emily miró el rostro de él en el reflejo del cristal. No le gustaba sentirse de la manera en que se estaba sintiendo. No le gustaba reconocer que la calidez del cuerpo de ese hombre, en contraste con su conducta indecisa la estaba haciendo flaquear por un momento. No podía enamorarse otra vez. No podía permitirse confiar en él. No podía poner su cabeza en el hombro de él y confiar en el brillo especial que tenían los ojos de ese hombre.

Había echado de menos su roce. Había echado de menos el tener un momento de pelea con él, aunque le avergonzara admitirlo. Emily temía admitir que el tenerlo en su hombro pacíficamente descansando… sus ojos oscuros cerrados, revelando esas largas pestañas. Su rostro relajado mostrando su perfecta —y aún así tosca— estructura facial, y su hermoso pelo negro descansando en su hombro. No quería admitir que era algo que no quería que terminara.



Han Paula

Editado: 06.12.2019

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