Boda Con El Magnate

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Capítulo 14

No quería abrir los ojos. Todavía no. Sabía que él estaba ahí, mirándola, escudriñándola con sus grandes ojos oscuros. Había estado ahí desde el primer minuto. Desde la primera vez que había despertado. Sin embargo, todavía había algo dentro de ella que no la dejaba confiar por completo en él.

Decían que era su mujer. Su esposa, y de la manera en la que él se comportaba, casi la luz de sus ojos. Pero no se lo creía.

No se sentía casada, ni enamorada. El sólo pensamiento de pertenecer a él la hacía revelarse inconscientemente.

—Cara—susurró él levemente. Su voz suave y levemente ronca, era como terciopelo sensorial. Acariciaba sus oídos con dulzura y premeditación y le daba un prólogo de con quién se encontraría al abrir los ojos.

Daniel Baltimore. Hasta su nombre tenía sofisticación. Tenía el pelo negro y la piel bronceada. Ojos oscuros que la penetraban y le hacían sentirse vulnerable y unas manos sedosas que sabían tocarla con suavidad peligrosa.

No confiaba en él.

—Cara—volvió a susurrar— tienes que comer, ¿Podrías despertar? —la petición en labios de ese hombre sonaba como rendición. Emily abrió los ojos para encontrarlo sentado al pie de su cama. Tenía ojeras y parecía muy cansado.

Las enfermeras decían que no se había apartado de ella ni por un momento. Dijeron que habían tenido que obligarlo a comer porque estaba temeroso de salir y que ella tuviese otro ataque nervioso. No recordaba haber tenido uno para comenzar, pero según lo que había escuchado, él la había tomado en sus brazos con firmeza en vez de alejarse mientras ella lo golpeaba nerviosamente.

Por razones que no sabía explicar a Emily se le hacía difícil de creer que él hubiera hecho eso. No sabía si era por su semblante o por el hecho de que su aura fuera imponente y dominante por naturaleza. De creer ella en la reencarnación, Emily apostaría que ese hombre había sido un puma o un lobo.

Sin embargo, lo había visto sumisamente junto a ella durante bastantes horas.

Abrió los ojos lentamente y lo vio suspirar con alivio.

—Gracias por abrir tus ojos cara—susurró— casi haces que me de un susto.

Emily se incorporó con cierta torpeza.

—Buenos días—lo saludó cortésmente— ¿Cómo estás? —se maldijo a sí misma por preguntar algo tan estúpido. Era obvio que debía estar cansado y tal vez hambriento. ¿Por qué rayos debía hacer tal pregunta?

—Estoy bien, cara—contestó él con una sonrisa leve— ¿Has dormido bien?

—Sí. Gracias—contestó ella devolviéndole la sonrisa.

—¿Y tu cabeza? —preguntó él consternado— ¿Todavía te duele mucho?

—No tanto—respondió ella cerrando los ojos— los sedantes me ayudan bastante.

—¿Hay algo que necesites? —preguntó él con amabilidad.

—Haces que me suban flores todos los días—dijo ella observando su habitación llena de flores. Todos los días una señora agradable con acento francés subía y adornaba de flores su habitación. Él no dormía con ella, notó luego. Había dos camas separadas y él pasaba la mayoría de tiempo en su estudio al final del pasillo.

—Alegran la habitación, ¿No crees? —preguntó él encogiéndose de hombros.

—Supongo.

—Hay alguien que desea verte—dijo él— ha venido desde Australia para verte y no se irá sin poder sentarse contigo.

¿Un familiar de él, quizá? ¿Alguien de la alta sociedad?

Había escuchado que él era un hombre rico. «Indecentemente rico» decían las enfermeras y la verdad es que no le extrañaba. No había ni un rasgo en la cara de ese hombre que pudiese significar pobreza.

No pudo evitar preguntarse si como la mayoría de los hombres ricos, también tenía una amante. Extrañamente, la sola pregunta le causaba una extraña sensación en el pecho.   

Emily abrió los ojos para encontrarse con una pelirroja que la miraba con atención.

—¿Em? —la llamó— ¿Te sientes mejor? —Emily se movió incómoda. Su cuerpo se sentía adolorido y tenso, como si hubiese corrido.

—¿Quién eres tú? —preguntó suavemente. Vio como el rostro de la muchacha se ensombrecía.

—Soy Helen—se presentó ella sujetando su mano— soy tu mejor amiga.

Emily respondió a su agarre y le dedicó una breve sonrisa. Daniel la miró sonriente y salió de la habitación.

 

—¿Qué sabemos del accidente? —preguntó Luke a Daniel. Daniel estaba revisando el informe de seguridad entregado por Benny Harper. Las cámaras de la corte revelaban un carro sin placa que andaba pasado el límite de velocidad.

—No mucho—contestó Daniel— la persona que iba conduciendo tenía el rostro tapado y el auto no tenía placa.



Han Paula

Editado: 07.11.2019

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