Boda Con El Magnate

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Capítulo 30

Daniel se había incorporado al trabajo formalmente dos semanas después de haber salido del hospital. Puesto que era una persona meticulosa, Lexie—su hermana— había tenido una tarea difícil al tratar de llenar los estándares de su particularmente exigente hermano.

—¡Eres insufrible! —exclamó un día— Te hago el favor de suplirte en tus funciones ¿Y cómo me pagas? —Daniel sonrió.

—Te pago haciendo que hagas un buen trabajo—contestó— tal vez de esto salgas siendo tan superior al resto que termines formando tu propia empresa en vez de poner tu talento debajo de otra persona—Lexie bufó. Su hermano siempre se había quejado del hecho de que hubiera decidido trabajar en una firma de diseñadores en vez de crear su propia marca.

—¿Quién demonios te dijo que quiero formar una empresa? —preguntó ella— soy diseñadora, no banquera.

—Soy un ingeniero—contestó él en el mismo tono— y mira en qué trabajo.

Emily sonrió ante sus peleas. Era obvio que se amaban el uno al otro. Sin embargo, había alguien con quien tenía que hablar. Los dejó peleando en el despacho y salió rumbo a casa de su suegra.

Sentía que algo iba a suceder con ella y no quería que los secretos que guardaban explotasen en la cara de todos.  

—Quiero que me explique algo—pidió Emily con franqueza— quiero que me diga qué pasó entre Daniel y su padre.

Francesca bajó la cabeza y chaqueó la lengua.

—Esto no es algo que necesite explicarte—contestó con altivez.

—¿Qué pasó con la calidez? —preguntó Emily entonces— ¿Pensé que me consideraba como a una sobrina?

Francesca dejó salir un suspiro entonces.

—Escucha—le dijo— lamento haberte ofendido— se disculpó— sin embargo, no hablaré contigo de ese tema.

—Daniel se va a enterar de lo que sea que usted haya hecho en ese tiempo—le informó Emily— solamente quería saber la historia para que, en ese momento, yo sea capaz de consolar a mi marido…

—¿Qué necesitas saber? —preguntó ella ariscamente— Le negué la entrada a Alfredo para que no viera a mis hijos, mentí y le dije a Daniel que su padre no había venido y me lo llevé lejos de él—Emily frunció el ceño— eso fue todo lo que pasó.

—¿Por qué hacer eso? —preguntó— ¿Por qué dañarle el corazón a su hijo haciéndole pensar que su padre no se interesó por él cuando se estaba muriendo?

Francesca cerró los ojos y negó con la cabeza.

—Quería recuperar a mi hijo—contestó ella— sabía que Daniel no dejaría a su padre para venir conmigo de ninguna manera, por eso lo hice.

—¡Le envenenó la vida! —exclamó Emily— ¿Cómo pudo haber hecho algo similar?

—No eres madre—contestó— no sabes qué es estar lejos de tu hijo—Emily negó con la cabeza.

—Jamás haría eso a uno de mis hijos—negó Emily— usted rompió el corazón de su hijo en mil pedazos y al parecer, ni siquiera se ha dado cuenta.

Emily se dio media vuelta, para escuchar como Francesca se derribaba.

—No se lo dirás, ¿Verdad? —preguntó. Emily no miró atrás.

—No podría ser tan cruel—soltó ella— pero le aseguro, hay secretos que están destinados a salir a la luz.

Rato después volvería a él y lo miraría pensando en el daño tan grande que la vida le había hecho. Había perdido a su hermano, había sido abandonado por sus padres y había afrontado su enfermedad en terrible soledad. Aún así, era tan fuerte…

Emily suspiró llena de orgullo por ese hombre.

—Me has quitado el heroísmo delante de Fabián—comentó Emily mientras observaba a su marido. Él estaba sentado repasando un extenso informe en la cama.

Era curioso como habían pasado las siguientes semanas, de una manera armónica y simple. Reticente a seguir el consejo de los doctores, Daniel se había rehusado a bajar el ritmo de trabajo. Sin embargo, después de una larga sesión de persuasión, Emily había conseguido que si bien, no dejara de trabajar, trabajara de manera más relajada.

Observó a su marido, entonces. Su rostro había recuperado el color, aunque parecía haber perdido un poco de peso. Estaba sentado examinando unos informes en la cama.

Se sentó junto a él mientras él continuaba sus labores sin prestarle atención. Finalmente la miró a los ojos, interrogante.

—¿Qué dices?

—Fabiano ya no pasa tiempo conmigo—se quejó— vive hablando de ti—Daniel sonrió.

Daniel había descubierto que, por razones que no sabía explicar, conectaba con ese niño. Él había tomado tiempo para sacarlo a jugar deportes, y estaba haciendo lo posible por estar activo en su vida.



Han Paula

Editado: 06.12.2019

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