Boda Con El Magnate

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Capítulo 31

Daniel frunció el ceño al ver el paquete que tenía en frente. No tenía remitente.

Por lo general, solía desechar toda correspondencia que no tuviera su nombre. Sin embargo, el equipo de seguridad le trajo el paquete para que lo examinara. De acuerdo con los exámenes de ellos, no había nada que ocultar en él. Miró el paquete con detenimiento, debatiéndose entre revelar su contenido o no.

De acuerdo con el reporte que había leído, había cinta en el paquete. No contenía nada violento, o sexual, sin embargo, las palabras utilizadas en el reporte decían que su contenido podría tener moderada importancia.

¿Qué significaría esa “moderada importancia”? Se preguntó. Puso las manos en el paquete, dispuesto a abrirlo. Había sido resellado por cuestiones de seguridad.

—¿Señor Baltimore? —la voz de su secretaria Norah lo interrumpió.

—¿Qué sucede, Norah?

—Tengo al doctor Lockhart en la línea—Daniel soltó un bufido.

—Pásame la llamada.

—¿Daniel? —escuchó que Lockhart lo llamaba— ¿Llamo en buen momento? —Daniel se giró hacia la ventana y miró el urbano paisaje de Londres.

—Nunca es buen momento—espetó secamente.

—De la manera en que lo dices, casi te creería—escuchó que Jonathan bromeaba. Esbozó una sonrisa perezosa— Te llamo para preguntarte cómo sigues recuperándote de la operación—Daniel se encogió de hombros.

—No me quejo—dijo— a veces duele cuando toso—se tocó el pecho— pero aparte de eso no he tenido problemas.

—Si experimentas algún tipo de dolor similar al que experimentabas antes, llámame inmediatamente—le pidió Lockhart— es imperativo que me llames inmediatamente.

—Lo haré—cedió Daniel— soy un hombre casado que tiene un hijo, no quiero morir—se hizo un silencio en la línea.

—Has logrado en meses lo que yo debería haber hecho hace años.

—Eres adicto al trabajo—le dijo Daniel. Jonathan rió.

—Y tú eres un hombre con suerte—escuchó que alguien lo llamaba— tengo que irme, acuérdate de lo que dije.

—Si tengo dolor, te llamo—resumió Daniel.

—Espero que no me llames—dijo Lockhart antes de colgar. Daniel asintió mientras miraba el paisaje.

Por alguna razón su corazón latía rápidamente. Se volteó hacia el paquete y lo abrió. Como era de esperarse, se encontró con una cinta.

Daniel reprodujo el contenido de la cinta, escuchándolo con atención y se quedó gradualmente helado.

—¡No sé qué es peor! —escuchó que Lexie gritar— ¡No sé si desear que mi hermano despierte! ¿Para qué despertaría? ¿Para darse cuenta de que su madre eres tú? —Francesca la abofeteó entonces.

Emily las miraba a ambas pálida como la muerte. Ignorando lo que continuaba de la conversación, Daniel se puso en pie y salió de su oficina con la fuerza de un huracán.

Escuchó que Norah le decía algo, sin embargo, no pudo descifrar qué era. Se fue de la oficina sin decir media palabra, dirigiéndose a un solo lugar.

Tocó la puerta de Francesca Cerutti—Baltimore, con una rabia que rayaba en la desesperación. Daría todo lo que tenía para que esa conversación fuera un montaje y que su madre jamás hubiera dicho esas palabras. Peor aún, daba lo que fuera para que ella no fuese capaz de hacerle tal daño.

—Daniel—vio que ella lo saludaba con una sonrisa— Que sorpresa… —él entró al vestíbulo de su casa como un bólido.

—Dime que no es verdad—le pidió en tono autoritario—dime que no eres tan cruel—Francesca sintió que todo el color le abandonaba las mejillas.

—Te lo dijo—dejó salir casi en un suspiro— ella te lo dijo.

—¿Me dijo qué cosa, mamá? —gritó— mamma—ella se quedó lívida. Los ojos de él se volvieron cristalinos, llenos de lágrimas— ¡Mamma! ¡Dime que ellos están mintiendo!

—¿Quién te lo dijo? —le preguntó ella tratando de tocarlo. Él se soltó de ella, dentro de poco estaría llorando.

—¿Entonces es verdad? —preguntó sin querérselo creer— ¿Es verdad lo que me hiciste?

—Deja que te explique…

—¡Me quité el apellido de mi padre! —gritó él palideciendo— ¡Huí de mi tierra! ¡Dejé mi vida atrás! —vociferó, herido—¿No te das cuenta del daño que me hiciste? ¿Cómo podrías explicarlo?

—Quería recuperarte—se justificó ella echándose a llorar—¡Quería a mi hijo!

—¡Si me hubieras querido no me hubieras abandonado mientras estaba en el quirófano! —gritó él volviendo a memorias pasadas— ¡Tenías que haberte quedado con tu hijo de cuatro años que estaba debajo del escalpelo de un cirujano que le tenía el pecho abierto en dos! —ella trató de tocarlo de nuevo— ¡Si me hubieras querido te hubiera visto al despertar de la anestesia, no me hubiera encontrado con tu ausencia!



Han Paula

Editado: 06.12.2019

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