Brandwell: una bruja en aprendizaje

Tamaño de fuente: - +

REGRESEMOS: MI CUMPLEAÑOS

 

03 DE OCTUBRE 2019

El día de mi cumpleaños por desgracia fue día de semana, para colmo tuve 3 parciales casi que de seguido, una matazón increíble. Lo bueno, es que si estudié así que estaba confiada en mis conocimientos. De igual forma, el dolor de cabeza llegó como una vieja amiga.

Empecemos desde el inicio.

Ese día me despertó una suave caricia en mi mejilla, al abrir los ojos estaban mamá, papá, mi hermano John y Joel. Este último sostenía una torta de arequipe con mi nombre escrito con chocolate, la mejor combinación del universo.

—Feliz cumpleaños a ti —empezaron a cantar todos al unísono.

Mientras cantaban, mamá me dio un fuerte abrazo y John se me tiró encima como un bebé. Casi terminando, Joel se sentó enfrente de mí colocando la torta a la altura de mi rostro.

—Pide un deseo —dijo en un susurró.

Cerré mis ojos y pensé, ¿Qué podría desear en estos momentos? Inesperadamente un rostro se cruzó por mi mente, uno hermosos ojos azules observándome desde lejos. Y de la misma impresión, sonreí para mí misma. Abrí los ojos con esa imagen en mi cabeza, y soplé las velas.

—Feliz cumpleaños Lin —Joel me dio un fuerte abrazo, uno que agradecí con todo el corazón.

Al terminar nuestra emotiva reunión, y lamentando no poder celebrar mi fiesta como era debido, prometieron festejarlo el fin de semana si quería. Mientras tanto, me duché y vestí para ir directo al matadero. Entré a la primera clase a las 9 de la mañana, saliendo tan solo una hora después por haber terminado mi examen.

Al salir, me encontré con mi amiga Rebeca, quien me esperaba en nuestro lugar habitual, la banca en la cafetería. La vi sentada de espaldas a mí desde lejos, y casi llegando a ella alguien toma mi mano y me jala suavemente para envolverme en un dulce abrazo.

—Feliz cumpleaños —susurró Brad a mi oído, sin apartar su rostro de mi cuello.

Me tenía abrazada por la cintura pegándome a su cuerpo, mi cabeza reposaba sobre su musculoso pecho, con mis manos sintiendo cada centímetro de él. Podía aspirar su olor, loción masculina y un olor dulce que no supe identificar que era, pero me gustaba. Se separó un poco de mí, para poder mirarme a los ojos.

— ¿Quién te dijo? —pregunté curiosa.

—Tengo mis medios —dijo sonriente guiñándome un ojo con complicidad.

Ese solo gesto, inesperado y divertido, produjo en mí una corriente eléctrica que jamás había sentido, por lo que no pude evitar sonreír abiertamente.

— ¡Gracias! —exclamé un poco conmovida.

—Me encanta cuando te sonrojas —susurró acercándose a mi rostro— te ves tan tierna y dulce.

No voy a decir que me besó en los labios, y tampoco voy a negar que lo quise en ese momento, pero no fue así. Antes siquiera de que dijera algo, me dio uno de sus suaves besos en la mejilla, pero esta vez lo sentí diferente, y me encantó.

—Hoy tenemos reunión en la academia, a las 6 de la tarde —susurró en mi oído— es obligatorio.

Volvió a besarme en la mejilla, pero esta vez uno más corto. Se separó de mí y fue alejándose caminando de espaldas, sin apartar sus brillantes ojos de mí, sonriendo ampliamente y muy sonrojado. Si, él estaba sonrojado.

—Nos vemos en la tarde —se despidió y siguió su camino.

Fui medio embobada hasta la mesa donde estaba Rebeca, quien trataba de disimular una risa que me indicó que había visto todo.

— ¿Algo interesante que decir? —pregunté divertida, contagiada por su risa.

— ¡Es hermoso! —exclamó colocando sus manos en sus mejillas como gesto de ternura— quiero uno así, ¿Dónde lo conseguiste?

—No molestes con eso, solo me dio el feliz cumpleaños y ya —me excusé— además, aun me cae mal.

En realidad, eso último lo dije con muy poca convicción, desviando mi mirada para que no pudiera saber lo que en realidad pensaba al respecto.

—No me digas —dijo sarcásticamente— cuanto odio vi en ese lindo y tierno abrazo. Demasiado. Casi me muero.

—Ya cállate —le lancé un pañuelo.

—Bueno, ya —dijo con resignación— lo malo de tu pequeño encuentro, es que mi regalo quedará opacado porque, obviamente no hare que te sonrojes como un tomate con uno de mis muy, pero muy amorosos abrazos.

Sacó de no sé dónde un ponqué de chocolate con una velita en medio, la encendió y empezó a cantarme desafinadamente el feliz cumpleaños. Al terminar, volví a pedir mi deseo del día, de la misma manera que la primera vez salvo que, en esta ocasión su imagen apareció voluntariamente. Seguimos charlando animadamente, sobre lo que mis padres me habían prometido para este fin de semana, por supuesto la invité. Creo que ya es hora que mi querido primito conozca a Rebeca, supuse que sería algo interesante de ver.

Las 5 y media de la tarde llegaron tan repentinamente como el recordatorio en mi cabeza, estaba a unos 35 minutos de la academia por lo que si no partía inmediatamente llegaría tarde. Moría de hambre, pero ya no me daba tiempo, así que salí como alma que lleva el diablo. Llegué agitada por la carrerilla que hice, reposándome frente a la puerta del salón para tranquilizarme. Cuando estaba a punto de entrar, Brad salió.



M.L. Bradley

Editado: 07.11.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar