Brandwell: una bruja en aprendizaje

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DE REGRESO: UNA NUEVA NAVIDAD

 

Sé que mi historia empezó con una fiesta de navidad, y sería lo más lógico que termine con otra, ¿no creen? Pues aquí esta. Diciembre había llegado fría y tranquila como siempre, el ambiente de fin de año siempre es diferente en comparación a los demás meses y eso me fascina. No por las celebraciones, sino por el clima. Amo el frío, me encanta usar buzos y durante el verano no se puede. Me asaria completamente.

Las cosas en mi vida van así: los primeros dos semestres de mi carrera universitaria habían culminado de forma exitosa, mi primer año en la academia dio los mismos resultados, siendo una de las mejores hechiceras de mi generación —en sus caras, familia Benson— Mi relación con Joel estaba en su mejor momento, era mi mejor amigo en toda la vida. Aunque sí, tengo más amigos. Están Rebeca y Samuel en la universidad, y en la academia están Juli, Esteban y Antonio. Mis dos mundos en perfecta sincronía, sin mezclarse obviamente.

Y lo mejor de todo, fue haber conocido a Brad. Si, lo acepto. Al inicio solo quería convertirlo en insecto y que se lo tragaran los sapos, pero ya no. Ahora, se había convertido en poco tiempo en el amor de mi vida. Se preguntarán, ¿Y Ben? ¿No lo amabas? Pues, ¿qué les digo? No puedo ocultar que lo quise, y que todo lo que sucedió me dolió muchísimo. Por algo Brad se había ganado un muy merecido puesto en mi negro corazón, el cual tenía reservado para personas detestables. Cosa que en ese entonces era solo suyo, más nadie lo había logrado.

Pero, pensándolo bien, no fue amor como tal. Lo quise mucho, sí. Me atraía su sonrisa, me gustaba su forma de besar y la ternura con la que me hablaba. Pero todas las discusiones, los celos, la desconfianza y demás fueron dañando lo que sentía, solo que no lo había notado hasta que gracias a Brad se enteró de la verdad.

Y poco a poco, su “acoso” fue dando frutos, hasta que ese día maravilloso de Halloween me propuso ser su novia. Lo acepté, sin dudarlo. Hoy en día, llevamos más de un mes de relación siendo el mejor mes de mi existencia. Con esto me di cuenta que lo que de verdad llegué a sentir por Ben, solo fue atracción física. En cualquier momento dado, hubiésemos desistido de esa idea y terminar la relación. Supiese o no la verdad sobre mí, hubiese pasado.

Con Brad las cosas son muy diferentes, la forma en que me trata, me besa, me acaricia. Confía plenamente en mí y yo en él, se preocupa por mis cosas, me escucha, todo es perfecto. En serio, es muy tierno y lindo. ¿Quién diría que el amargado y atractivo profesor de historia, tendría un lado tan sensible como ese? A veces hasta él se sorprende de eso y la prueba de esto es, el día de nuestro primer mes.

 

30 de noviembre 2019

Como deben saber que, al igual que varios meses en el año, noviembre solo llega hasta el día 30 por lo que técnicamente no estaríamos celebrando el primer mes de novios, porque fue un 31. Sin embargo, no fue ningún impedimento para Brad. Ese día, al caer sábado teníamos clases normales en la academia. La primera hora estuvimos con nuestra tutora, quien nos daba detalles de nuestros rendimientos, mientras ordenaba los nombres en una lista en el pizarrón, ocupando yo el primer puesto.

Durante la segunda hora, con mi queridísimo novio y profesor de historia seguimos con nuestros debates sobre, nada más y nada menos que los de clase mestiza. Debo aceptar que inicialmente estaba incomoda y no quería entrar a clases, pero mis compañeros trataron de hacerme ver que, no tenía nada de malo ser quien soy. En serio, casi me hacen llorar. Después seguimos con las demás clases, posiones y ritos era la tercera, la cuarta y mi favorita era hechizos avanzados.

Teníamos un enorme patio rodeado por barreras protectoras, donde podíamos dar rienda suelta a nuestro poder sin que ningún mortal nos viera. Pero también, la usábamos para hacer algo de ejercicio por lo que siempre íbamos en ropa deportiva. Estábamos practicando un nuevo hechizo de transformación, con el cual podríamos convertirnos o convertir a alguien más en cualquier cosa. Mi primera víctima fue Antonio, quien al perder una apuesta conmigo debía dejar que abusara de él, no de esa manera claro, sino con magia —Pervertidos—

Logré con éxitos transformarlo en un conejo, un sofá y en una versión más alta de mí, solo para ver cómo me vería con unos centímetros más. Pero no, mejor me quedo chaparra. De un momento a otro, todos empezaron a alejarse sin explicación aparente al fondo del patio. Todos menos yo, porque sinceramente no sabía que estaba sucediendo.

— ¡Sorpresa! —la voz de Brad a mi espalda me sobresalto un poco.

Al girar ahí estaba mi hombre, con su típico porte elegante y casual, su sonrisa reluciente y sus ojos azules como el océano profundo. Sorpresivamente, me cargó abrazándome por la cintura dando un par de vuelta mientras yo solo sabía reír como una niña chiquita. Lo tenía abrazado fuertemente, rodeando su cuello con mis brazos, terminando con un beso lento y apasionado.

Me bajo lentamente, sin romper ese delicioso beso. Nos tuvimos que separar porque, y según lo que alcancé a escuchar, estábamos haciendo un espectáculo.

— ¿Qué haces? —Pregunté entre risas— nos van a regañar.

—Nada —contestó inocentemente— solo te traje un regalito. Feliz día, amor.

Señaló hacia el otro extremo del patio, donde unas letras en morado brillantes empezaron a refulgir por sobre la luz del sol. En grande y con efectos especiales, estaba escrito: “Te amo Lindsay Brandwell. Eres la razón de mi sonrisa. Gracias por este maravilloso mes.” Inmediatamente, mis ojos se llenaron de lágrimas y una risa nerviosa se apoderó de mí.



M.L. Bradley

Editado: 07.11.2019

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