Brandwell: una bruja en aprendizaje

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BRAD BENSON

Bien, creo que es necesario aclarar algunas cosas. Mi nombre es Brad Benson, hijo mayor de una de las familias más prestigiosas en el mundo de la magia. Siempre me consideré una persona calmada, pero muchas veces al estar rodeado por tanta gente, que esperen de ti cosas enormes al vivir bajo la sombra de todo tu linaje, sentía ganas de encerrarme y jamás salir. Estudié en la academia como todo hechicero normal, teniendo las mejores notas de mi clase como era de esperase de un Benson. Al terminar con tan solo 20 años, me ofrecieron dar clases ahí mismo por lo que decidí aceptar. Entre la universidad y el trabajo me mantenía ocupado, alejado de todo el complique familiar. De cierta forma estaba estresado y cansado, las ideas de toda la familia me tenían abrumado. Solo quería zafarme de eso.

Aunque debo admitir que, de cierto modo, mi desprecio hacia los mestizos fue en parte por ellos, y otra parte por lo que la historia demostraba había sucedido. Hasta que la vi por primera vez, con mis propios ojos. Una mestiza y no cualquiera, una Brandwell. Era la combinación perfecta en mi lista negra, y había decidido desenmascarar su verdadera naturaleza.

Sin embargo, estando en la universidad empecé a encontrármela casi en todas partes. La misma chica trigueña, de ojos cafés claros, cabello castaño largo y rizado. Desde un inicio quise detestarla, la fastidiaba y siempre terminábamos en fuertes discusiones. Pero en los pasillos de la universidad la veía diferente. Sonreía, se emocionaba por cosas simples, disfrutaba de la compañía de los demás.

Empecé a notarla de una manera diferente, comparando su actitud en la academia con la que mostraba en la universidad. Y así es como fue sucediendo. Su sonrisa, el brillo de sus ojos, su forma de caminar, de correr y de hacer cualquier cosa. Todo en ella me estaba gustando, con solo verla a lo lejos mi humor mejoraba drásticamente. Lo acepto, por lo general vivo amargado como un anciano de 80 años. Pero no cuando la veo a ella.

Empecé a tener problemas internos, las razones eran más que obvias. Me estaba fijando en la chica equivocada, no solo por ser mestiza sino por su apellido. Traté por todos los medios en no pensar en ella, pero siempre terminaba caminado rumbo a los lugares donde sé que estaría. Fue cuando los vi, un chico la abrasaba muy amorosamente, y se besaban. Por un segundo mis celos infundados tomaron el control, reprendiendo a Lindsay frente a muchas personas, especialmente después de notar que era un simple mortal.

Después de eso, mi rabia aumento. La molestaba más todavía, nuestras peleas fueron más recurrentes, casi ni nos podíamos ver sin querer asesinaros mutuamente. Pero eso no impidió que mis sentimientos aumentaran, y fue por eso que al recibir el comunicado me alegré y decidí llevarlo yo mismo. En realidad, no esperaba esos resultados, pero por lo menos aquel mundano ya había salido de su vida completamente.

Espere un tiempo para darle su espacio, porque sinceramente su amenaza más que intimidarme me motivó al doble. La fuerza y carácter que demostraba al defenderse, eran impresionantes. Y no solo eso, también su inteligencia y destreza con la magia. Al conocerla me di cuenta que, la historia muchas veces puede contar hechos alejados de la realidad, casos remotos, atípicos y muy poco probables de repetición, como lo que ocurrió con el primer mestizo. Me juré a mismo que, usando mi carrera de derecho haría lo imposible por limpiar la imagen de todos ellos, por ella lo haría.

Después de ese día, empecé a planear la forma de ganarme su corazón. No me cansaba de observarla desde la lejanía, la cuidaba desde lejos hasta que decidí acercarme. Ese día en la cafetería, decidí transmitirle con una sola pregunta que de verdad me preocupaba por ella. Un solo ¿Cómo estás? Fue el inicio de mi felicidad.

Verla sonrojarse con cada uno de mis acercamientos me fascinaba, y el saber que no le ocurría con más nadie me lleno de esperanzas. Incluso yo mismo llegue a sonrojarme, dándome cuenta del poder que esa mujer tenía sobre mí. Así que me arme de valor y, con una semana de anticipación, planifique su cumpleaños sorpresa fingiendo una reunión en la academia. Funcionó, y lo disfrutó. “Mi corazón es tuyo” había escrito en el collar que le di de regalo, siendo verdad cada una de esas palabras.

El día de la fiesta de Halloween estaba totalmente decidido a confesarme, aunque con tantos acercamientos estaba seguro que sabría que siento algo por ella. Pero de igual forma, tenía que confesarle mi amor. Porque si, no solo la quería, me enamoré de ella. Completa y perdidamente. Esa noche, sin contar el pequeño suceso con aquel sujeto y las dos veces que nos interrumpieron, fue la mejor de mi existencia. Jamás me había sentido tan vivo, había encontrado por fin una razón para ser feliz.

Y hoy, celebrando la navidad con mi espectacular novia y mi nueva familia, quienes me habían recibido con los brazos abiertos a pesar de nuestro historial ancestral, me sentía completo y agradecido con el destino por permitirme conocerla. Lindsay Brandwell, la única mujer en el mundo que pudo lograr que este amargado cambiara por amor.



M.L. Bradley

Editado: 07.11.2019

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