Brotherhood

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CAPÍTULO 5: CRUDEZA

Tanto Zahra como Álex estaban sentados en el árido suelo, a pesar del calor que este llegó a absorber, viendo cómo la lluvia intentaba sin demasiado éxito apagar el fuego de lo que una vez fue su hogar. Tenían la mirada vacía y la mente en blanco. Después de todo, era lo mejor. Si se ponían a pensar en que, muy seguramente, ya no podrían vivir ahí, o aun peor, en los muertos que el incendio provocó… ¿A cuántos de sus hermanos, además de Raimon, se había llevado ese fuego maldito? Sólo lo sabrían en cuanto la lluvia hiciera lo suyo.

Zahra y Álex sólo podían sentarse a esperar y rezar que no dejara de llover hasta que todo el fuego se hubiera extinto.

Con las tres mochilas, las propias y la de Raimon, y los pañuelos tirados por ahí, estaban comenzando a desesperarse, por no decir cansarse a causa del ejercicio en semejantes condiciones, cuando escucharon un suave crujido a lo lejos, en lo profundo del bosque.

Sin que tuvieran tiempo a reaccionar o incluso imaginar qué podía ser ese ruido, una sombra salió de la vegetación muerta. Y, en un acto casi teatral, aterrizó dando una vuelta de carnero casi perfecta, pero totalmente improvisada. Apenas cayó en cuenta de que estaba siendo observado por Zahra y Álex, este reaccionó.

—¡Álex! ¡Zahra!— exclamó Leo, invadido por la alegría de saber que no era el único que logró escapar—. ¡Están vivos!— su alegría era tal que derramó un par de lágrimas.

—¡Leo!— celebraron los dos al unísono. Y, por un momento, sintieron que toda esa mala vibra causada por ese despiadado y fortuito incendio se desvaneció.

Los tres se abrazaron como si no se hubieran visto en meses y se acabaran de encontrar por casualidad. Ese abrazo dejó ir gran parte de la tensión acumulada a causa de la incertidumbre.

Al separarse, Álex estudió a Leo. Su pelo castaño ahora parecía negro, por la ceniza y el humo. Su cara estaba tanto mojada como cubierta de ceniza, y algún otro rasguño. Ni hablar de su vestimenta, difícil era hallar una parte que no estuviera rasgada, pero por suerte, su mochila se encontraba intacta. Más allá de los moretones y los rasguños, Leo parecía estar sano y salvo. El pobre chico respiraba agitadamente. No debió de haberla pasado bien durante su huida. <<Pobre…— pensó Álex>>. ¿Qué cosas habrá visto que él no? Aunque no debería haber mucha variedad en un incendio.

—¿Zahra?— llamó Leo al ver la expresión sin vida en el rostro de su hermana. Una expresión muy poco característica en ella. Cuando alzó la mirada vio la misma expresión en su hermano Álex.

—Leo… quería decirlo cuando estuviéramos todos— Álex buscó cómo empezar. Le contó lo sucedido desde que comenzó el incendio. Lo que pasó con Raimon, su mochila, y cómo se las apañaron para salir del bosque. Al final del relato, Álex quedó tan destrozado (o más, quizás) como Zahra. Tuvo que respirar hondo un par de veces para tranquilizarse.

Leo se había quedado atónito. No podía haber muerto Raimon. No por eso. Él era mucho más que un tronco, pensaba. ¡Tendría que haber podido con él!

—Y… ¿qué hay en la mochila?— preguntó al final con timidez y algo de vergüenza. Como quien entraba a un lugar en donde había que hacer silencio y preguntaba por indicaciones.

Álex negó con la cabeza.

—Aún no la abrimos.

—Los demás…— se animó a hablar Zahra—. Cuando se apague el fuego tenemos que ir a ver que estén bien— se negaba rotundamente a imaginar la posibilidad de que no estuvieran vivos. En lo que a ella respectaba, sus hermanas estaban vivas hasta que se demostrara lo contrario. Y en caso de que se demostrara lo contrario…

No faltaba mucho para que el fuego terminara de extinguirse. Dentro de su panorama visual, solo faltaba un poco más de lluvia y ya sería seguro deambular por el bosque. Además, ese maldito fuego ya no tenía nada que consumir. Se había encargado de matar a toda vegetación a su paso.

—Tiene razón— asintió Leo con la cabeza—. Aún tenemos que encontrar a Carol, Iris y Regina.

—Tengo una idea— sugirió Álex tras acariciarse la barbilla durante un rato—. Así como tú, Zahra, R-Raimon y yo pensamos en salir a las afueras del bosque, seguro las chicas pensaron en lo mismo, ¿no? Después de todo, nos criamos juntos, así que nuestras ideas no tendrían que ser tan diferentes.

—Eso tiene sentido. Cuando me di cuenta del incendio, en lo primero que pensé fue en salir del bosque. Supongo que los demás habrán pensado lo mismo.



Nico Wokker

Editado: 22.08.2019

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