Brotherhood

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CAPÍTULO 7: INCERTIDUMBRE

Había pasado un día entero desde que comenzó la travesía de los hermanos en busca del Bosque Nirvana. No había sido para nada fácil. De hecho, era mucho más difícil de lo que pensaron que sería.

Por suerte, aún tenían mucha agua. Como poseían siete cantimploras, Leo y Álex tomaron dos cada uno, y Zahra quedó con tres. Ella al principio protestó, pero terminó cediendo ya que quejarse no resolvería nada.

—Oye, Álex, ¿seguro que estamos yendo al Norte?— preguntó Leo, acercándose a su hermano para ver mejor el mapa.

—Sí. Eso dice la brújula al menos.

—¿Y estás seguro de que la brújula funciona bien?

Álex frenó de golpe. No se había detenido ni un momento a imaginar tal posibilidad. En caso de que anduviera mal, eso quería decir que habían gastado un día entero y una ración de agua importante en vano. Leo lo miró temeroso.

—Pásame la tuya— pidió después de un momento. Leo se la entregó.

La brújula de Leo apuntaba hacia el Norte también.

Un alivio. Álex podía respirar hondo sabiendo que no había malgastado la energía de sus hermanos por un error tan triste como ese. Pero aún no había terminado.

—Préstame tu brújula por favor, Zahra— Álex se sintió tranquilo al ver que no solo dos, sino tres brújulas apuntaban en la misma dirección. Y de paso se cercioró de que funcionaran las brújulas de sus hermanos.

Aun a sabiendas de que faltaban seguramente muchísimos kilómetros, Álex no se alejaba del mapa.

¿Cuántas eran las posibilidades de que, caminando recto, llegaran vivos a la primera ciudad? ¿Cuántas eran las posibilidades de que alguno muriera en el camino? ¿O que se perdieran por no haber doblado al Noroeste en algún punto exacto? Álex intentaba mantenerse lejos de todas esas preguntas, y ser lo más activo posible.

Como era muy peligroso que los tres durmieran al mismo tiempo, Álex y Leo se turnaban para hacer guardia, y obligaban a Zahra, que también quería colaborar, a que durmiera y les dejara el trabajo a los mayores.

—¡Pero...! ¡También soy grande como ustedes!— reclamó la primera noche—. ¡No soy una inútil! ¡Déjenme ayudarles!

Álex negó con la cabeza y la abrazó.

—Por favor, Zahra. Ya habrá ocasión. Pero no puedo… no quiero… dejar que te pase algo. Tú y Leo son lo único que me queda.

—¿Pero por qué dejas que Leo te ayude?— chilló ella.

—Porque él está preparado para luchar contra lo que haga falta, así como yo. Por favor, Zahra— repitió cerrando los ojos, suplicándose a sí mismo que no se le cayeran las lágrimas—, así lo hubiera querido Raimon.

Fue una noche difícil. La primera de muchas. Pero lograron superarla.

—¡Oye, Álex!— llamó Zahra, quien iba un par de pasos detrás. Se puso entre Álex y Leo y miró también el mapa.

—Dime.

—Si los bosques tienen nombre, las ciudades también deben tener uno, ¿no?

—Pues sí, no me había fijado… Pero sí, los tienen.

—¿Y cómo se llama la ciudad de la que venimos?— preguntó Leo. Si Álex recordaba poco y nada sobre aquella ciudad, Leo entonces debía recordar un ínfima parte de lo que habían vivido allí. Ahí donde salir de la casa de las hermanas era una forma sutil de decir “muerte”. Ahí donde el verdadero milagro era que las hermanas regresaran al hogar todos los días, e incluso que trajeran comida. Ahí donde el hombre más fuerte era el predador, y el más débil, la presa.

—¿Y cuáles son las ciudades por las que debemos pasar?— Zahra no tenía ni la más remota idea de que en realidad había nacido en esa ciudad pues, tenía apenas un año cuando arribaron todos al bosque.

—¿Y cómo sabían las hermanas de todas estas ciudades?

—¿Qué cre…?

—¡Bueno, bueno, bueno! —paró Álex haciendo ademanes con las manos—. Uno a la vez, por favor— señaló a Leo—. ¿Tu primera pregunta?

Leo la repitió y Álex se fijó en el mapa, ayudándose con su dedo índice.



Nico Wokker

Editado: 19.08.2019

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