Brotherhood

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CAPÍTULO 13: CONSCIENCIA

Álex respiró profundamente cuando se levantó exaltado en el medio de la noche. Él, al igual que sus hermanos, había sido hipnotizado por Darvanda unos días atrás. Se encontraba durmiendo en una casita miserable cercana a la sección del agua hasta que un ruido lo despertó.

Cuando abrió los ojos, casi sin signos de sorpresa, vislumbró una ventana rota (pocas casas se daban el riesgoso lujo de tener una), y una piedra pequeña entre sus piernas. Después de revisar analíticamente el cuarto desde su cama, dictaminó que no había ningún peligro, y siguió durmiendo.

 

 

A la mañana siguiente se despertó sin recuerdos de lo sucedido la noche pasada, aunque con un ligero dolor de cabeza. Intentó recordar qué pudo haber sido, pero no hubo resultado. Y como no era algo relevante en su día a día como esclavo de Darvanda, lo ignoró.

Salió de la casa y emprendió camino a la sección del agua. Ese lugar era el desemboque de una fuente administrada por el héroe de la ciudad, en donde los habitantes podían acercarse a pedir su porción diaria. Funcionaba en principio como un absorbente de agua en caso de que lloviera. Luego, el agua pasaba a través de unas cañerías subterráneas que la limpiaban, para finalmente ir a parar a la fuente.

La porción de agua era justa e igualitaria para cada habitante pero, al ser una porción diaria, en caso de que se acabara, no se podía pedir una segunda. Esto ocasionaba cierto disgusto respecto a la repartición, puesto que había quienes realmente necesitaban más. Sin embargo las órdenes de Darvanda eran claras, y Álex no debía (ni podía) romperlas.

No pudo romperlas ni siquiera cuando una señora anciana se acercó lentamente rogando por una recarga de agua, argumentando que se le había caído, ya que sus manos eran muy viejas y temblaban mucho.

La respuesta del hipnotizado Álex fue que no podían darle más de una ración diaria. Fría e inexpresiva.

<<¡¿Pero qué estás haciendo?!— gritó una voz en su cabeza y se desvaneció>>

Ese grito hizo que le doliera un poco más la cabeza. Tuvo que llevarse las manos a los oídos para silenciar un poco el ambiente y aclarar sus ideas. Volvió a trabajar.

Otra escena se vio cuando una niña mal vestida y sucia, un poco más joven que él, pidió la porción que le correspondía. Como se le había ordenado, Álex le cargó un poco de agua y se la entregó. Casi no se dio cuenta de que un niño de la misma edad y aspecto había robado agua de la fuente.

<<¡Déjaselos pasar! ¡¡Dios!!— la voz volvió. Se sentía familiar. Casi propia>>

—No puedes dejar pasar estas cosas, niño— advirtió uno de los encargados de la zona, luciendo ropa verde y metálica—. Ten más cuidado.

Álex se disculpó y prosiguió trabajando durante toda la tarde, y parte de la noche. Ni un solo atisbo de vida rondaba sus ojos. Era solo otro títere más de Darvanda.

Cenó con los trabajadores y encargados de la zona y emprendió camino a la casa que ocupaba para dormir, finalizar el día, y luego comenzar otro igual.

—...Álex…—cantó una voz familiar, distinta a la que oía en su mente, desde un callejón oscuro—... Álex...

<<¡Ve! ¡Maldición, ve!— aulló otra vez esa irritante voz. El dolor de cabeza fue tal que cayó de rodillas al piso>>

—¡...Álex…!

<<¡¿Qué estás esperando?! ¿¿No quieres recobrar tu libertad??>>

Libertad. Esa palabra era rara. No figuraba en el diccionario de Álex hipnotizado. No imaginaba qué era pero sonaba tentadora. Tan tentadora como ir al callejón donde lo llamaban.

Pero eso no estaba en sus tareas. Sus tareas eran levantarse, ir a trabajar a la sección del agua, cumplir con sus respectivos roles y actividades, y volver a casa. No ir a rondar callejones de los cuales salían voces raras.

Se levantó casi sin dudar, ignorando la voz del callejón y la de su cabeza. No tenía tiempo que perder en esas cosas.

Entró en “su” casa, contempló la ventana rota, y se acostó a intentar dormir.

 

 

En el bosque se había desatado una fuerte lluvia. Era la primera noche de lluvia de la temporada y parecía que venía con fuerza, aunque sin rastros de tormentas. Las nubes no estaban tan negras para eso.



Nico Wokker

Editado: 22.08.2019

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