Brotherhood

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CAPÍTULO 14: RESURGIMIENTO

Álex recobró el control. Las cosas eran más claras ahora. Respiró hondo un par de veces, aún sorprendido por el increíble poder hipnótico de Darvanda. Apretó un puño.

—Ya sé lo que tengo que hacer.

Estaba decidido. Iba a salvar a Zahra y a Leo. La pregunta era cómo. Ni siquiera sabía dónde estaban. En cuanto fue hipnotizado, Darvanda le dio instrucciones y no pudo quedarse a oír qué harían sus hermanos.

<<Tendré que improvisar— se dijo, acariciándose la barbilla—. Primero que nada, ¿cuánto falta para el alba?>>

Por la ventana rota, trepó hasta llegar al techo y contempló el cielo. No faltaba mucho para que amaneciera.

<<No creo que haga falta volverme a dormir. Además, me siento descansado, como si hubiera despertado tras dormir por días. Lo mejor será presentarme en el “trabajo” y desaparecer en cuanto me pierdan de vista. Eso haré. Aguarden, chicos, pronto estaremos juntos de nuevo>>

 

 

Cuando el sol salió, Álex preparó un armamento improvisado con su resortera y una serie de piedritas que encontró en la calle. También tenía un cuchillo. No sabía para qué los usaría, pero prefería ser precavido.

Salió hacia la sección de agua fingiendo el rostro inexpresivo que tenía cuando estaba bajo el control de Darvanda. Caminó despacio, mirando cada rincón buscando una pista sobre dónde podrían estar.

Cierta molestia lo invadió cuando no encontró a ninguno de los dos en su camino al trabajo. Hizo lo posible por disimular esa angustia y saludó a sus compañeros con la misma expresión vacía y muerta de todos los días. Entonces, el día laboral empezó otra vez.

Álex no se había dado cuenta de lo pesado y aburrido que era estar esperando ahí para darle a la gente su porción diaria de agua. Sin nada que hacer, nadie con quien hablar. Solo ahí, quieto mientras el tiempo pasaba lentamente.

Aún era muy temprano para escaparse así que se relajó, se sentó en el piso, y cerró los ojos intentando deducir cómo haría una deshipnotización exitosa.

—¡Oye, mocoso! ¡Párate ahora mismo!— le gritó un encargado.

—Perdón, señor— Álex se levantó, molesto. ¿Quién era ese tipo para decirle que hacer? Solo obedeció para no levantar sospechas. No quería incidentes innecesarios.

El muchacho estaba a punto de irse tras haber repartido agua a más de diez personas, cuando una señora, la misma del día anterior, apareció reclamando su porción.

Álex se la entregó sin dar la más mínima expresión y esperó que se fuera rápidamente, así él hacía lo propio. Sin embargo, la anciana le lanzó un improperio y le escupió el zapato, luego se marchó.

<<Tranquilo, Álex. Tranquilo, Álex. Tranquilo, Álex— el esfuerzo para seguir inexpresivo era admirable—. Un par de años más y se marcha al otro barrio. Además, luego de que salgas de aquí con tus hermanos no la volverás a ver>>

Logró tranquilizarse y otra vez, estando deseoso de irse, volvió a aparecer más gente.

—¡Necesitamos más agua!

—¡No podemos arreglarnos con tan poco!

—¡Tengo un hijo enfermo! ¡No puedo dejar que se deshidrate!

Era una pequeña multitud de no más de diez personas pidiendo más agua y mejores condiciones. En un principio se la agarraron con Álex, pero cuando vieron que este no podía hacer nada para ayudar cambiaron de objetivo a los encargados.

Estos intentaban calmar a las personas para lograr un diálogo. Pero aquella gente estaba muy enojada para hablar. Álex sintió pena por ellos. No era justo que habiendo tanta agua se les repartiera una sola vez a los ciudadanos.

<<Esa no es la forma correcta que tanto presumes, maldito y meticuloso Darvanda>>

Con cierto desprecio por sí mismo, se aprovechó de la situación causada por la multitud, y se fue por el primer callejón que vio.

<<Pobres personas— lamentó negando con la cabeza—. A nadie debería faltarle agua de esa manera… Como sea, tengo otras cosas que hacer ahora>>

Para variar, no había nadie en la calle. Eso no quería decir que Álex pudiera moverse con total libertad. Darvanda podía estar en cualquier esquina, haciendo cosas que en su mente él clasificaba como martíricas y necesarias.

Siempre entre callejones, mirando a cada lado antes de cruzar. La ciudad era tan grande que podría tardarse tranquilamente una semana en encontrar a alguien.

<<La posibilidad de que encuentre Zahra o a Leo justo aquí, justo ahora debe ser de una en un millón… ¡Oh, oh, oh! Atrás, atrás, atrás— si avanzaba un paso más y cruzaba la calle, Darvanda lo iba a ver>>

Darvanda se encontraba avanzando por la calle que Álex estaba a punto de cruzar. Y parecía que lo acompañaba alguien.

—Oh… no...— suspiró él. Darvanda iba acompañado de Zahra, que lo seguía como si fuera una suerte de secretaria. Incluso iba con una lista en la mano, según vio Álex.



Nico Wokker

Editado: 22.08.2019

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