Buscaré tu nombre en las estrellas

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DOLOR

Aquella efímera punzada de agonía fue la responsable de su inquietante despertar. Un jadeo, un denso pesar; la tristeza amenazó con aflorar. Un momento después, el atronador sonido de la alarma resonó entre las cuatro paredes de la oscura habitación, era momento de empezar un nuevo día. Con un interno suplicio, abrió los ojos y se levantó de la cama con desasosiego. Debía activarse, mantener la mente ocupada, la aflicción comenzaba a embargarla y no se permitiría caer. Ya no más.

Apenas dos meses antes, todo en su vida había dado un giro, algo increíble ocurrió y la hizo cambiar su forma de pensar. Ahora, todo volvía a cambiar y no sabía si para bien o para mal.

Con un desliz del dedo índice, enmudeció el irritante sonido de alarma que le provocaba un martilleo en el interior del cráneo. Gruñó mientras se estiraba y soltó un quejido que indicaba querer quedarse tirada en la cama todo el día. Deseaba tanto poder hacerse un ovillo y mantenerse en posición fetal, pero no podía, se prometió no hundirse ni entristecer. La vida seguía, el mundo seguía girando y aunque estuviese destrozada por dentro, tenía que continuar.

“Arriba y adelante” Solía decir la abuela y eso es lo que haría. Si pudiera ver el rostro amable y de ojos cariñosos en ese momento, le diría que lo sentía, que de verdad lamentaba lo acontecido. La abuela siempre fue una buena compañía y una buena fuente de consejos; la extrañaba tanto. Dos meses atrás había perecido; jamás podría verla o hablar con ella de nuevo, no mientras ella siguiera viva y su abuela, muerta.

Recordó las risas y las pláticas sobre la escuela, las anécdotas que solía compartir con ella y el cariño que le profanaba. Su muerte le dejó una grieta en el alma que jamás podría cerrar. “Cuida mucho a tu mamá, no pelees tanto con ella, todo lo que hace es para protegerlas y cuidarlas.” Tal vez fuera verdad, tal vez no; a fin de cuentas le había fallado. Ni había cuidado a su madre y la había hecho enfadar inimaginablemente. Y todo por querer vivir un sueño estúpido, por querer ser libre y feliz. Se decidió por el camino erróneo, uno que no valió la pena… ¿o sí? ¿Se arrepentía de la decisión que tomó hacía dos meses? Cuando se aferró a la mano equivocada y salió en busca de una travesía digna de quinceañera, se sintió segura, satisfecha.

Pero no ahora, en ese momento sólo había una profunda desolación capaz de derribarla ante cualquier atisbo de debilidad.

“Arriba y adelante” Al menos eso sí podría cumplirlo. No cumplí tu último deseo, pero cumpliré con tus ideales. Esperaba poder lograrlo, el tiempo la ayudaría y ella era fuerte, más de lo que creía. Sólo debía hallar su rumbo…de nuevo.

Se dirigió al cuarto de baño con un bostezo, estaba tan cansada; agotada. El día anterior, por la madrugada, había regresado al país. La realidad es que no estaba escrito con tinta indeleble en sus planes el regresar…aún. Pero todo se jodió, las cosas se torcieron y ahí estaba; en un minúsculo apartamento ubicado en una colonia no muy elegante con una compañera que aceptó compartir gastos con ella.

Encendió la ducha, el agua fría cayó con fuerza, al parecer tenía potencia. ¿Debía bañarse con agua fría o caliente? ¿Acaso importaba?

Se desnudó y miró su reflejo en el espejo. Era ella, lucía tal y como hace dos meses, excepto por los ojos; el par castaño sin vida le devolvió la mirada.

Hacia dos meses era una mujer feliz, alegre y optimista; ahora, la dicha había sido reemplazada por tristeza, luego melancolía y finalmente nada. Se convirtió en una persona incapaz de sentir emoción alguna. No podía darse el lujo de sentir, si lo hacía, corría el riesgo de desplomarse, hundirse en el abismo y quedarse allí por mucho tiempo.

Era ella, pero con dos meses menos de vida. Era increíble que en un corto lapso alguien pudiera ganar tanto y perderlo todo. No podía creer que un par de palabras, una simple confesión volteara de cabeza su vida. Jamás quiso que las cosas se torcieran, que todo terminara tan mal…

Sintió los ojos escocer. Rápidamente parpadeó, no lloraría, no derramaría una lágrima más; había llorado hasta anestesiar el dolor durante el vuelo de regreso a casa y entonces se prometió no dejarse lastimar por lo sucedido nunca más. Esa es otra promesa que pensaba cumplir.

Se apartó bruscamente del espejo y entró al frío del agua; al menos eso lo podía sentir sin necesidad de terminar tirada llorando en el suelo.

En menos de veinte minutos estuvo lista, metió la bata blanca en la mochila, alisó su pantalón blanco y se calzó los zapatos blancos. Hola, viejos compañeros. Volvió a ser ella, no la mujer alegre y optimista del verano; si no la persona centrada en sus metas, perseverante, constante y deseosa de alcanzar sus sueños. No importaba lo que había pasado, si era necesario, borraría aquellos dos meses e incluso tres de su mente. Su vida estaba ahí, se encontraba justo donde quería. ¿Entonces por qué se sentía tan mal?



As de Trébol

Editado: 30.01.2019

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