CaÍn Vol.1

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NUESTRO PACTO

Los incidentes continuaron, pese a que comencé mi tratamiento con el Dr. Domínguez.

Ya no se trataban de episodios esporádicos, producto de algún sobresalto de estrés, parecía que se había vuelto una rutina que ese otro ser que vive dentro de mí despertase cada vez que me iba a dormir por las noches.

Cuando por fin tomé conciencia de la existencia de Caín, él ya había conseguido abrirse camino en más de una ocasión, impartiendo justicia del modo que más disfrutaba. Era la forma como siempre deseé hacerlo, pero nunca me atreví.

Caín terminó por convertirse en el vigilante que siempre soñé ser de niño.

Hasta el momento, él había actuado solo, tengo que reconocer que lo estaba llevando muy bien. Sin embargo, dejaba muchas pistas e indicios que harían que, si fuera descubierto, cayéramos ambos bajo el radar de la policía (y algún que otro enemigo que hubiera conseguido en este tiempo de freelancer).

Si de algo estaba seguro era deque los blancos de Caín se correspondían todos con incidentes y/o situaciones que yo veía en televisión o leía en alguna página de noticias.

«Parece que la ansiedad está bastante alta».

Tenía que encontrar alguna forma de hacer contacto con él para buscar, entre ambos, alguna especie de metodología que disimulase nuestras acciones para cuando yo tuviese que circular por la calle a la luz del día.

Si bien era cierto que debía ocultar su rostro, puesto que era la misma cara que debía usar yo para salir a la vía pública, también era necesario prever otras cosas.En más de una ocasión debí simular que tenía las manos heladas mientras andaba dentro de casa con guantes para poder ocultar mis nudillos de color morado y llenos de raspaduras producto de alguna golpiza clandestina. Otras veces, les hacía creer a mis padres que había sido asaltado en la calle o que me habían propinado una golpiza en alguna salida nocturna al momento en que me encontraban desayunando con algún ojo morado o un labio partido.

Por suerte, las heridas eran superficiales y no pasaban a mayores. Sin embargo, debido al gran número de peleas callejeras en las que me vi envuelto, mis padres se vieron obligados a suspenderme la asistencia al gimnasio, porque pensaban que me estaba volviendo violento. No me quedó otra que intentar mantenerme en forma entrenando solo en el patio de casa. Por suerte, mi amigo Leandro, con quien compartí muchas horas de entrenamiento, no me iba a dejar solo en esta y me prometió que entrenaría conmigo siempre que no le consumieran demasiado tiempo la facultad y el trabajo.

Por mi parte, si Caín y yo queríamos mantener nuestro estilo de vida vigente, debíamos cooperar para evitar ser descubiertos. Si cometíamos algún error, él podía llegar a terminar, alguna noche de estas, encerrado en la celda de alguna comisaría y yo debería recibir, a causa de ese descuido, medicación y tratamiento psiquiátrico de por vida.

Me decidí por dejarle una nota escrita donde lo ponía al tanto de mi conocimiento de sus acciones y de su existencia, así como también de mi necesitada predisposición para que intentáramos formar una especie de sociedad que beneficiara a ambos.

Íbamos a ser, en mi imaginario, algo parecido a la dupla del comisionado Gordon y Bruce Wayne.

¿Qué tipo de herramienta debía elegir para trasmitir mi mensaje? Busqué lo más simple y directo: un cuadernillo de los que suelen usarse para tomar apuntes en la facultad. No acostumbro a tomar notas en clase, razón por la cual se terminan por apilar los cuadernillos en blanco en mi dormitorio.

Coloqué dos biromes en el anillado del cuadernillo, una era color azul y la otra roja. Decidí dejar mi nota escrita en color azul y me fui a dormir abrazado al cuadernillo con la expectativa de que Caín pudiera leer mi mensaje.

Mi nota era muy breve y directa, apenas ocupaba una carilla.

 

¿Cómo estás? Si pudiste encontrar esta nota, te darás cuenta de que estoy al tanto de todas tus acciones.

No quiero que te sientas amenazado, al contrario, quise comunicarme con vos para expresarte mi agradecimiento por todo lo que has hecho. Sin embargo, creo que deberíamos tomar ciertos cuidados, ya que los moretones con los que suelo amanecer están empezando a levantar sospechas.

Si me comuniqué con vos fue por mi deseo de que cooperemos juntos en esta empresa que venís administrando.

Espero tu respuesta y, por favor, evitá salir esta noche de la casa.

 

Desperté a la mañana siguiente y me encontré con el cuadernillo arriba de la almohada. Solo había un pequeño párrafo escrito en rojo con una letra que nunca había visto en mi vida.

 

Hola, Nicolás. Mi nombre es Caín. Debo destacar que despertó mi curiosidad la nota que me dejaste y decidí darte la posibilidad de contar con mi atención para que me expliques que es lo que tenés pensado hacer para ayudarme.Por lo de anoche, no te preocupes. No le pegué a nadie, aunque tuve que salir a visitar a una amiga que me estaba esperando.

 

Fue todo lo que me dijo. Lo bueno es que existía una leve posibilidad de que escuchara lo que tenía que decirle. Solo esperabaque pudiéramos llegar a un arreglo antes de que descubrieran en mi casa las irregularidades de mi doble vida.



Emmanuel Isaac

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Editado: 16.07.2018

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