Cambié tu Destino

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Capítulo 11

¿Existe algo peor que la soledad? Es el peor sentimiento después del dolor y la muerte, bueno, quizá el remordimiento también compite por cuál de ellos es el peor, pero no era el que ella más amaba, eso no tenía duda. Abril se sentía cada vez más triste, los días pasados fueron buenos hasta cierto punto y salvo alguna por alguna indirecta de aquel pelirrojo, quien con todos era un amor y a ella parecía detestarla, no entendía bien ¿cuál era su problema? ¿Es que ser linda era algún pecado imperdonable o estaba celoso de la atención de sus amigos era ahora compartida? ¡Menudo presumido! Suspiró frustrada de tanto darle vueltas al asunto, no eran amigos ni le debía nada, por ella que pinte un bosque y se pierda, el muy cretino. Aún recordaba el día que llegó a casa con Travis - su cuñado – este era otro que parecía molesto de verla en su casa ¡si hasta se atrevió a amenazarla, si dañaba a Santos! ¿Podía haber algo más loco? Eran tal para cual, ambos ególatras, famosos y prepotentes, toda unas fichas, no entendía bien el amor que le profesaba Orianna al fulano Dereck, quien  parecía de verás encantado de estar ahí - antes de verla - y de la nada salió aquel monstruo peludo llamado Romana, ¡Ahhj que asco de mascota!

Pero eso era pasado, lo que la tenía sumida en tal soledad era otro asunto, que también los implicaba a ellos, en dos meses sería el primer cumpleaños de Dan y su padre, ¡corrección "sus padres"! pensaban festejarlo  a lo grande y esa era la razón que los trajo a la mansión  por  espacio de  tres días, convenciendo a Alina de irse con ellos a Francia a contribuir a esta gran celebración – ¡a la que no la invitaron! ¿Quería otra muestra del desagrado de ellos? Pues ¡Esa era una grandísima! - Por supuesto su suegra lucía bastante entusiasmada, por celebrar la vida de su primer nieto, no obstante, mostró algo de resistencia ya que no quería abandonarla en esa casa y parecía estar entre la espada y la pared. ¿Ella ser la culpable de agregarle sal a la herida? Jummm ¡ni loca!  Por lo tanto, Abril había dicho que no tenía problema alguno con estar unos “días sola” ya que no quería incrementar el odio ya existente en su cuñado y su perrito faldero, que digo “su  mejor amigo”, y claro que se moría de temor de no tener un intercesor en su “no- relación” con santos, pero  es que la señora estaba tan complicada en su decisión que se obligó a afirmarle que estaría bien – mentira-  y además, en todo caso, estarían Victoria y Joe,  con ella y ya en últimas le quedaba Santos. Sólo así, pudo convencerla de viajar con su hijo y nieto, logrando  que su suegra diera saltitos de emoción por volver a París.

Y allí estaba ella, más sola y triste que una ostra y con enormes deseos de un abrazo, deprimida porque desde que su bebé empezó a hacerse notar, eran más frecuentes las ganas de que la consientan. Victoria, como de costumbre se marchó a fiestas con sus amigos, alegando que “era importante”,  casi vital ir a mover el esqueleto – que ella también deseaba hacer - y Joe,  pues era un hombre ocupado y había partido a un congreso de obstetricia en Oslo. Definitivamente ella no nació para estar sola – expulsó aire con su boca apartando las capas más cortas del cabello, en un gesto caprichoso - y además, como la cereza del pastel, su bebe le urgía un chocolate. Tomó ánimos y salió de su alcoba, subió las escaleras con calma y fue directamente hacia el único lugar dónde podría encontrar su preciado manjar de los dioses: el segundo piso, la tercera habitación hacia la derecha, es decir, el cuarto de Santos.

Sorteando mil obstáculos, al estar a oscuras ¡si eran más de las doce! pero ni hablar, su bebé se lucía siempre a altas horas de la noche, sonrió al recordar que cada mañana encontraba una porción de chocolate blanco en su puesto de la mesa del comedor, ya era costumbre ver como Santos se esmeraba en cumplir sus antojos, llegando hasta el límite de ir hasta otra ciudad por aquellas frambuesas especiales ¡de madrugada! Llegó hasta la puerta que estaba a medio abrir y su luz iluminaba el pasillo donde se encontraba, pensó en llamar o tocar, pero - su sentido chismoso -  la decoración era tan singular que llamó por completo su atención y olvidó cualquier atisbo de educación y por supuesto del chocolate, la razón por la que estaba allí.

La alcoba era completamente azul, casi llegando a un gris, lo cual le daba un aspecto sobrio, pero masculino y a la vez juvenil, muestra del buen gusto de “su esposo” y estaba decorada con diversos afiches deportivos – de hockey-  y una que otra fotografía de un santos bebé, luego de algunos  años más y finalmente,  un Santos desnudo de la cintura hacia arriba y apenas cubierto por una toalla, se lo devoró con la  vista  y hasta que lo vió sonreír lo supo.  ¡Espera, él no era un retrato!  Los retratos no caminan,  ni sonríen ¡no señor!  Y si no estaba mal, ese era un espejo y Santos estaba justo a sus espaldas, viendo que era una metiche, chismosa y para colmo, “depravada”, ¡bien! – se dijo así misma-

era la mejor imagen para una futura madre, ¡el vivo retrato de las buenas costumbres! Tuvo la decencia de sonrojarse.



Deisys Caro

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En el texto hay: embarazo forzado, un chico bueno

Editado: 22.04.2019

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