Cambio De Cuerpo ©

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CAPÍTULO UNO

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♣BLAKE♣

Conté los varios cuerpos que estaban tirados a un lado del asfalto, eran ocho en total, cada uno estaba hablando con estertor, todos estaban magullados por la paliza que les había dado, por suerte estaban con vida.

Oh vamos, no eran tan fuertes como lo era yo. Hasta tenía un mote muy cool, me habían puesto “El demonio Constantino”, eso hacía referencia a las peleas que había tenido en mi anterior secundaria, en los tiempos donde siempre me buscaban peleas, de esas veces me dejaban una carta de desafío en mi pupitre, pensando que era una carta de amor, siempre las recibía gustoso con una sonrisa en mis labios en donde se mostraban los hoyuelos que había heredado de mi madre, recordaba que en ese tiempo estaba esperanzado por tener una novia.

¿Y saben qué? nunca la tuve, nunca en mi amarga vida tuve una novia, siempre que les sonreía con mi sonrisa de “Hey, mírame, soy guapo”, ellas escapaban; literal, ellas escapaban despavoridas, al final me cuestioné de mi sonrisa, y confirmé mis dudas.

Mi sonrisa parecía a esos muñecos malditos, de esos que sonreían a sus presas, de esos que tenían una sonrisa para luego rebanar a sus presas.

Desde ese día me rendí, y solo me dediqué a defenderme.

Y en este momento no es la excepción, todos los tipos que me lastimaron e insultaron estaban en el suelo quejándose de dolor. Sonreí victorioso, de nuevo había ganado, ahora sabrán quien era Blake, aunque no me iban a conocer con ese nombre, sino con el nombre de “El demonio Constantino”, odiaba mi primer nombre, parecía sacado de una penitenciaria, no me gustaba en lo absoluto, y tampoco me gustaba al artífice de mi nombre, mi hermano mayor Davide era el que más me daba terror.

No cualquiera podía tener conexiones por doquier, ese era mi hermano, un tipo muy duro de roer, un tipo que no le gustaba las mentiras, y sobre menos un tipo….

- ¡Blake! -exclamó alguien por detrás de mí. Sentí claramente un escalofrío viajar por mi columna vertebral hasta mi estómago, estaba sintiendo la muerte acercarse a mí rápidamente.

Ladee mi cuerpo, y me encontré al demonio mayor, mejor dicho, al rey demonio, al ser que al verlo se me estremecía el cuerpo, sobre menos cuando me miraba con aquellos ojos mieles grisáceos, la tonalidad de su piel era caucásica, y su cabello negro que le caía por la cara le hacía ver como el asesino más buscado.

Ese era mi hermano mayor.

Y estaba sonriendo de una forma macabra, ahora entendía a las chicas, yo había heredado la misma sonrisa de muñeco maldito.

- No fue mi culpa -argumenté rápidamente, mientras retrocedía varios pasos. Él negó con la cabeza y eso me puso en alerta, todos mis sentidos se pusieron en alerta, era como Peter Parker cuando detectaba el peligro aproximándose.

Solo me faltaba Mary Jane para completar esta escena.

-Te busqué, y te busqué, al final no te encontré en el instituto -puso las manos por detrás. Sentí sudor resbalando de mi frente, tenía la esperanza de salvarme esta vez pero……no era fácil.

¿Han visto como queda una paloma cuando se estrella contra un parabrisas? Si, así quedé en el suelo, mi rostro aplastado contra el pavimento, mientras mi hermano me cogía del brazo y me lo estrujaba hasta que mis músculos y huesos se escucharon.

-Me rindo. Me rindo. Por el amor de todos tus espermatozoides, me rindo.- estaba que daba palmadas en el pavimento, era como si estuviera en un round de lucha libre donde el luchador se rendía por la llave matadora que le estaban haciendo.

-Te he advertido mucho, hermanito menor. No hay que fugarse del instituto, aún eres un mocoso que no se sabe limpiar la nalga. ¿Vas a contradecir a tu hermano mayor? -en cada palabra que decía, más me apretaba el brazo, estaba seguro que faltaba poco para una dislocación de mi hombro.

Moví la cabeza para afirmar, él me soltó y al fin pude respirar tranquilamente. Me senté con las piernas cruzadas, moví mi cuello y hombros haciendo movimientos de aducción y abducción.

-No fue mi culpa. Ellos me buscaron. Yo no me dejaré amedrentar por nadie. Si tengo que luchar por ello, no me importa -lo miré muy adusto-. No dejaré que nadie me toque un pelo, hermano.

Mi hermano mayor me miró fijamente para luego sacar de su bolsillo una caja de cigarrillos. Sacó airosamente un cigarrillo y lo prendió con su cerillo que le había regalado para su cumpleaños veintitrés, él era mayor por seis años, yo era el menor de la familia, mi padre nos había dejado tirados como perros vagabundos de la calle, no lo habíamos visto por diez años, una familia de parte de nuestra madre nos había acogido, hasta que mi hermano cumplió la mayoría de edad, él decidió irse pero no solo, me llevó con él, en la actualidad estaba trabajando para mantenernos.



Señorita Yuuki

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En el texto hay: humor, magia

Editado: 19.09.2018

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