Cambio de sangre

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Capítulo XV

–Arruinó su vida– dijo mi hermano en cuánto cruzó el umbral de la casa, Elizabeth había corrido a atenderle mientras que yo caminaba hacia la sala, aterrada y herida –Los cargos procederán, la noticia salió en todo los diarios ¿Daniel aun no llega? Quedó en reunión con el jefe de estado mientras yo intentaba buscar a Kigerv.

Mis parsimoniosos pies me llevaron finalmente frente a él, su rostro era una combinación de amargura con aflicción.

–Lo que haya que hacer hay que hacerlo rápido– dijo Elizabeth.

–¿Dónde está Athir?, quiero ir con ella– me atreví a decir.

–Damara– mi hermano se irritó –Eso es lo que menos importa ahora, así como tampoco importa todo lo que hice por ti– hablo sarcástico y decepcionado al mismo tiempo –Acabas de lanzar tu vida por el caño– golpeó la pared con un puño, abriendo un agujero en el concreto y resquebrajando otra buena parte –¿¡Por qué?!, ¿POR QUÉ?!– gritó, apoyándose allí mismo, donde me dio la espalda mientras se hundía en el desánimo.

Su esposa reclinó su cabeza sobre él, acariciándole. Pero se volvió hacia mí, atormentado.

–Escucha lo que te dice alguien que ha visto como el infierno se vive en la tierra– me dijo –Ser un vampiro encausado es mucho peor que ser esclavo, más aún si eres mujer...

–Daniel no lo permitirá, hablaré con él– dijo Elizabeth, aferrándose aún más a sus brazos.

–¿Eso crees?– habló en tono irónico antes de resoplar.

En ese momento varias presencias vampíricas invadieron los rededores de la casa y en seguida escuchamos como llamaban a la puerta. El Zethee acababa de llegar. Mi cuñada se deslizó como la luz a recibirle, y éste, notablemente más sereno que mis cuidadores, caminó hacia el mismo sofá en el que hacía dos noches se había sentado. Actuando tan igual de descortés como lo había hecho en nuestro intento de cena, volvió a ignorar mi presencia por completo.

–Definitivamente nada que hacer– se sacó del traje unos documentos –He ahí los costos que se deben de pagar para indemnizar los daños. No sé cómo ayudarte, las evidencias son claras, la incriminada está obligándonos a procesarla– habló dirigiéndose a mi hermano y como si yo no estuviera allí –Como amigo, Diego, te digo que en efecto es competencia de Kigerv, tu ventaja es que él aún no conoce al responsable y que ella aún no ha sido registrada, pero eso sólo te dará un par de días a lo mucho. Como Zethee...

–¡No!– Le interrumpió Elizabeth –¡Basta Daniel!, todo lo que conversemos aquí será como iguales, ¿Qué es lo que te pasa?– Se mostró enojada por primera vez –Lo que dices es muy cierto, sí, pero también lo es el hecho de que con una sola palabra tuya esto podría resolverse. A mí no me engañas– entornó los ojos –Te conozco, y muy bien– Alzó su voz –Y es por eso que sé sin ninguna duda en lo que estás pensando.

–¿Qué cosa?, según tú– le respondió, levantándose del asiento –Por supuesto que tengo el poder de homologar o anular una orden como ésta, pero él hacerlo implicaría atropellar la ley y no puedo asumir una doble moral– extendió sus brazos –Sabe que me gusta el equilibrio en la justicia, no puedo condenar a unos y absolver a otros sin basamento legal.

–¿¡Entonces qué propones!?, ¿Que nos crucemos de brazos a la voluntad de Kigerv?

–No estoy pidiéndote que deshonres las leyes Daniel– habló mi hermano, haciendo una seña a su esposa para calmarla –Pero te agradecería mucho que pensaras en una solución, quizás algún vacío en los estatutos, cualquier cosa que podamos usar. Sé que para y por ella te debo ya una...

–Ya son varias– espetó, sentándose de nuevo.

–Sí– dijo Elizabeth, cerrando los ojos, concediéndole razón. Acudiendo a su delicada actitud de nuevo, se inclinó hacia él con apego –¿Pero cuántas no pidió Pery por ti?, ¿O cuántas no habríamos pedido tú y yo pedido por Ellie?– su rostro se desdibujó tras un gesto de tristeza.

–No me digas eso– le contestó con sequedad.

–Sabes que es así. Daniel... No nos dejarías solos. No lo harías.

Él se rellenó en su asiento con los ojos cerrados y el ceño fruncido, entonces ella le tomó las manos entre las suyas, acariciándole. Tras permanecer así unos momentos, el meditabundo se incorporó.



Angel Krysna

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En el texto hay: vampiros, violencia explicita, sangre

Editado: 14.02.2019

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