Cambio de Vida

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Malos Pensamientos

La experiencia en el amor le brindaba los mejores consejos. Por eso no se emocionaba mucho con la existencia de Claudio ni de cualquier otro hombre que llegase a aparecer en su vida. Estaba muy convencida de que su príncipe azul había nacido unos siglos antes que ella, y, por ende, no podía encontrarlo ahora, a sus veinticinco años de edad. Además, Claudio ya había encontrado a su princesa, por lo que definitivamente no era la persona indicada para ella.

Y ahí estaba una vez más: frente a una nueva y amarga desilusión.

¿Por qué será? ¿Acaso ella no tenía “algo” que las demás sí? ¿Por qué nadie fijaba sus ojos en ella?

Pronto el tren de la juventud partiría y encontrar al hombre de sus sueños sería aún más complicado. 

Sí, ¿verdad?

Porque ningún hombre se atrevería a observarla cuando las arrugas llegaran a su rostro o peor aún, cuando su cuerpo empezara a sufrir las terribles consecuencias de la edad. Eso, sin mencionar al ser que se hospedaba en su cuerpo desde que era niña. ¿Quién en su sano juicio estaría con alguien así?

Sin querer queriendo, la desesperación la sofocaba cada vez más, mientras fantaseaba con el desenlace de su vida.

Era muy probable que acabara viviendo sola en una casa pequeña, rodeada de animales que fueran sus mascotas. Antes podía decir que tal cosa no le preocupaba ni un poquito. Pero ahora era muy diferente. Y a pesar de que muy en el fondo cabía la esperanza, no dejaba de preguntarse sobre cuando sería el momento en el que el amor llegara a su vida.

Y no precisamente un amor pasajero, porque de esos ya estaba aburrida y exhausta.

Ella quería algo nuevo. Algo como nunca antes había experimentado. No quería volver a sentir el miedo de estar ante una falsa ilusión. Tampoco quería a un amigo con derechos ni nada parecido. Ella quería alguien que le brindara seguridad en los momentos oscuros de su vida. Que fuera capaz de llenarla de amor con una mirada y que tuviera la virtud de desnudarla con palabras, no con las manos. Eso, sin lugar a dudas debía ser genuino, pues no existía la persona que pudiera hacer tal cosa sin sentir amor puro. Alguien así, no tendría miedo de caminar junto a ella por el resto de los días por vivir.

¿Por qué?

Porque su compañía se volvería en el motor de sus andanzas. Y aunque dicha persona estuviera ausente físicamente, su presencia seguiría junto a ella gracias a su alma.

La soledad dejaría de existir…

Tal como aquella leyenda que el océano esconde.

… Por siempre.

 

Un leve dolor se asomó en su bajo vientre. Con él, el tema de sus pensamientos dio un giro de ciento ochenta grados, pero siempre manteniendo una visión de análisis decepcionada y frustrada. A veces, no podía evitar el preguntarse cómo se sentiría ser una persona normal. Sin monstruos que se alimentaran de su ser.

Dejaría de ser única tal vez.

Pero al menos, no viviría con la angustia incrustada en su cabeza.

Estaba a punto de imaginar cómo sería su vida de no ser por el monstruo, cuando sonó su celular. Gracias al cielo que llegó tal interrupción, pues de lo contrario hubiese terminado el día derramando lagrimas sobre su almohada.

- ¡Hola! ¿Cómo estás?

- Bien, ¿y tú?

- Oye, quería recordarte que la fiesta es el próximo fin de semana. No puedes faltar.

… Lo había olvidado por completo. Sus compañeras de clase habían organizado una “reunión” en conmemoración al final del penúltimo semestre de la carrera. Ella había aceptado ir, pues quería relajarse, divertirse y salir de la rutina como hace mucho tiempo no lo hacía.

Y claro está, que no podía faltar a su palabra.

- No te preocupes. Ahí estaré.

Y colgó.

Ya faltaban dos días, y ni siquiera tenía listo el atuendo.

 



Marco Aurelio

Edited: 13.01.2019

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