Cambio de Vida

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Vida

Cáncer… Reloj… Muerte.

Despertar cada día con esas 3 cosas en la cabeza era una verdadera tortura. Imaginar que, cada segundo que el reloj consumía indicaba la proximidad del final que cada vez se acercaba más y más, hasta que no quedara ni un solo órgano de su cuerpo. Cada día que pasaba, era un día menos. El mundo no se detendría nunca, ni aunque la muerte estuviera acariciándola. Nada cambiaría. Todo sería igual.

¿Quién la extrañaría?

“Probablemente nadie” – pensó.

Todas las personas que alguna vez fueron parte de su vida, hoy la difamaban y la insultaban por estupideces del pasado. Su familia tenía mucho tiempo de no saber nada de ella, y al parecer no hacía mucha falta. Quizás su hermana deseaba volver a compartir con ella las cotidianidades de su vida, tal como lo hacía antes. Quizás… Quién sabe. 

“Nadie. Estoy segura” – Se dijo así misma.

Pero… ¿Por qué? ¿Acaso tenía ella alguna mala vibra que alejase a los demás? ¿Acaso su forma de ser no era agradable? ¿Acaso era insoportable? Nada de eso tenía lógica en realidad, pero así lo pensaba. Se sentía mal, se sentía aterrada, frustrada, decepcionada. Y no era para menos. A lo lejos podía ver con claridad la figura fantasmal de la temible parca, sosteniendo una hoz en sus manos esqueléticas mientras se acercaba a ella, paso a paso, pero sin detenerse. Era macabra y poderosa. Sólo verla inspiraba tristeza, ansiedad, desesperación. Traía consigo la mejor cómplice que puede tener un monstruo fatídico como esos: la soledad; no la que a veces necesitamos para amarnos a nosotros mismos, sino la gris y terrible soledad que genera el peor de los terrores en la cabeza de un ser humano. Desde entonces, la protagonista de lo fatal venía preparando a su víctima para devorarla, tal como lo hacía la aberración monstruosa de su interior.

Una tortura sangrienta psicológicamente, pues el reloj no detenía su paso y con ello, empeoraba la crisis nerviosa de Beatrice, pues lo espeluznante se veía con paso firme… dirigida hacia ella. En otras palabras, sus días estaban contados, y su fin llegaría justo en el momento menos esperado.

Por arte de sorpresa.

Una bomba de tiempo era todo aquello. De eso se trataba. Siempre lo supo. Cuando llegase el momento de explotar, nada que quedaría a su alrededor. Sólo desolación, tristeza, amargura. Y a pesar de que siempre supo que aquello ocurriría, nunca pensó que tal flagelo sería tan quebrantador.

 Ahora que la peor de las pesadillas – previstas – era una realidad…

Una lagrima.

… No había nada por hacer. 

 

¿Qué es la vida?

Todo lo que muere, es porque alguna vez la tuvo. El momento de morir siempre llega. Ni antes, ni después. Justo a tiempo. Descubrir que existe un límite natural en nuestro existir es probablemente el peor de los horrores que puede experimentar un ser vivo. Puede suceder hoy. Puede suceder mañana…. Puede pasar cualquier día. Eso es lo de menos. De todas formas, es inevitable.

¿Pero?

¿Y si la vida es un sueño y la muerte nos despierta?

¿Y si todo lo vivido no se trata únicamente de una horrenda pesadilla?

¿Y si todo aquello no era real y se trataba sólo de una ilusión?

Ahora que estaba “al bordo del final” se le ocurrió una pregunta cuya respuesta podía ser la última estocada. Sin dudas, la peor de todas las interrogantes para cualquier persona que alguna vez soñó: ¿Habré vivido como siempre quise?

Las lágrimas cesaron, porque su mente encontró otra distracción. La tristeza seguía ahí, pero había sido enviada al último rincón de su alma. Otra cosa llegó en ese instante, revolucionando los minutos finales de su carrera, para transmutarlos en los primeros. Se encendió una chispa de esperanza entre tanta oscuridad y algo en ella cambió para siempre.

Fue cuando entonces, la respuesta a su pregunta apareció:

La vida es sólo un momento que puede acabar en un abrir y cerrar de ojos, pero que puede perdurar lo suficiente como para dar una sonrisa…

Y ella sonrió… sonrió a tientas en medio de la espesa negrura, sólo para darse cuenta de que gran parte de la vida había estado ahí… estancada … sin darse cuenta.



Marco Aurelio

Edited: 13.01.2019

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