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Hollow - Ultima Parte

And you left me here all alone

Dying…I can’t even hold on my own

Just a lonely shadow it’s whats left of me

And a hole where my heart used to be

Hollow…Hollow…Hollow

 

Era un trabajo duro, sin embargo sabía que no le llevaría mucho tiempo, tan solo era cuestión de cortar por ahí, cortar un poco más por allá y un poco por aquel lado. Sabía que el tiempo no le apresuraba porque la luna aun brillaba en lo alto. Sus ojos le facilitaban mucho el trabajo, aquellos ojos de bestia que le ayudaban a ver en la penumbra. Lo más difícil de aquello era la sangre, que se volvía pegajosa en sus manos y eso le molestaba, y también los gritos aunque aquellos ya se habían apagado tras la segunda puñalada.

Había querido jugar al papel de valiente, pero al verlo a los ojos su valentía se esfumo completamente dando paso a la típica cobardía de una presa, justo lo que la bestia quería. Lo dejo correr por unos segundos, dejando que piense que la suerte estaba de su lado y cuando ya estuvo a varios metros de distancia lo alcanzo con aquella agilidad innata. El cuchillo atravesó suave como si de una caricia se tratase y fue ahí cuando grito, tras lo que simplemente se dejó morir mientras la bestia hacia su trabajo y manchaba las manos de sangre.

No sabía realmente porque le había cazado, y para ser sincero consigo mismo no le interesaba ya, tan solo sabía que debía de matarlo. Lo había observado ya varias noches antes que aquella para saber cómo se movía su presa, pero aquella  en particular supo que debía hacerlo cuando lo vio pasear campante por el callejón, alegre y orgulloso de sí mismo.

-Hollow…Hollow…Hollow- tarareó alegremente mientras terminaba su trabajo, un poco por allí y otro por allá. El único problema era la sangre, que borboteaba a montones mientras el cortaba los últimos vínculos que unían el órgano al cuerpo. “Un poco aquí, otro allá” se repetía mientras el cuchillo zigzagueaba de aquí a allá y la sangre seguía molesta, la sangre, la maldita sangre.

 El muerto ya estaba perdiendo el color de la piel, que se tornaba pálida, recordándole a alguien de su pasado aunque no estaba seguro de quien. Antes de dar el último tajo se detuvo un momento a comprobar a su presa. Era alto y fornido, y si le hubiera agarrado a plena luz del día tal vez podría haber evitado la caza, pero nada de eso le sirvió en las tinieblas cuando la bestia lo agarro entre sus garras. Miedo… miedo era la expresión de su semblante cuando lo vio, no aquel miedo que le lleva uno a defenderse o a correr sino un miedo paralizador, tal vez por eso las piernas le fueron pasadas al alejarse y tal vez por eso le resulto tan fácil alcanzarlo. Miedo… miedo en aquel rostro que le resultaba tan familiar.

Lanzó el último tajo de cuchillo, y una vez terminado sostuvo el órgano en sus manos y se limitó a observarlo. Estaba totalmente inerte, aunque aún emanaba de él un poco de la sangre que había contenido. Sin ningún reparo, la bestia arrojo el corazón de la presa a un lado y observo su obra.

El hombre estaba tendido en el suelo totalmente pálido, con los ojos apuntando a la luna que ya no podían ver. Las extremidades estaban tiesas y en el medio del pecho tenía un hueco sanguinolento.

La bestia no sintió nada, ni enojo ni pena, ni siquiera orgullo por aquella obra suya. Ni siquiera una pequeña brisa, un atisbo de emoción en aquel hueco dentro suyo donde antes, él también había tenido un corazón.



Franco L Fernández

Editado: 04.05.2019

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