Caminando entre Lobos

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∫ 18 ∫ Temor

—A ver si entendí —Mike hace un suspiro dramático que me hace rodar los ojos y luego inspira profundamente —. Eres una loba que no se puede transformar, formas parte de una de las manadas más fuertes, tu hermano es el próximo Alfa y no solo eso sino que tu padre es el Alfa Elroy —resume lo que he durado unos cuarenta minutos en explicar —. Y Ally no es tu sobrina, es tu hermana.

Asiento lanzando un pequeño suspiro fijando mi mirada en el techo del departamento tratando de hacer una lista mental y así darme cuenta si olvidé algo. Como si el no muy interesante techo tuviera la respuesta vuelvo mi mirada rápidamente hacia el rostro de Mike, el cual tiene una expresión de confusión pasmada.

—Aún hay más —digo y me mira sin creerlo entreabriendo sus labios —. Soy una de las guerreras de la manada, a parte de eso tengo un trato con los cazadores: lucho con ellos a cambio de que protejan a Cielo Azul... me entrenaron y tuve que pagar, por ello me toman como una cazadora, como si fuera una de ellos.

—De acuerdo... eso no me lo esperaba... aunque en realidad no me esperaba nada de esto viniendo de ti. Sin embargo, debo aceptar que es sorprende y que ahora tiene mucha más explicación el hecho de que el otro día aquellos tipos te sacaron del instituto y te llevaron en el auto negro —cierto brillo de fascinación atraviesa su mirada y eso solo logra sacarme una sonrisa ladeada. El rostro y carácter infantil de Mike combina a la perfección con ese brillo especial en su mirar.

—Hace un tiempo encontraron una criatura nueva, la querían para ver qué tan peligrosa es... y qué es, ya que no tenían conocimiento sobre su especie, así que me convocaron para la cacería. Esos dos sujetos me recogieron en el instituto, a Dan no le gusta mucho que vaya con ellos, le molesta de sobremanera, sin embargo, no puede hacer nada —hago una pausa y tomo un sorbo de agua del vaso de Mike quien no ha tomado mucho del líquido —. Durante la cacería fui la carnada y cuando me desconcentré, la criatura verde me atacó —me retiro la manga de mi suéter y levanto el vendaje —. Logró herirme y vertió su veneno en mi brazo. Me tuvieron en Over Hunter por unos días más mientras me recuperaba y luego volví, pero mi brazo aún no sana.

—Creo que te tengo la solución —dice sonriendo travieso —, pero para eso deberás acompañarme a mi humilde morada.

❃❃❃

Mike abre la puerta y sinceramente siento que no pertenezco aquí, además de que todo indica que mis piernas se estancaron y no desean moverse para ingresar.

—Pasa... —me indica y tras pasar saliva doy un paso dentro.

Para ser sincera el apartamento se parece mucho al mío... demasiado. Aunque seguramente tiene cosas demás ya que es más grande y la verdad no entiendo el porqué de que un hombre necesite tanto espacio. Lo primero que se visualiza al entrar es la sala de estar a la derecha y una puerta a la izquierda a unos cuantos pasos de mí, la cual supongo que lleva a la cocina. Enfrente se encuentran dos escalones pequeños que conducen a un pasillo, en donde supongo que se encuentran las puertas para ingresar a diferentes habitaciones. El espacio es bastante amplio, echo una mirada a los tres muebles para tres personas cada uno que hay en la sala y un bulto envuelto entre cobijas que se encuentra sobre uno de los sofás negros llama mi atención.

—Mike, ¿dónde estuv...? —él se queda con la palabra en la boca al verme observarlo con los ojos desmesuradamente abiertos debido a la sorpresa al ver cómo un bulto se convierte en el despeinado y sin camisa Blake Clark—. ¿Hola? —saluda dudoso por mi presencia.

—Hola —respondo intentando restarle importancia a su torso desnudo. Seguro solo está de visita y Mike le dejó sus llaves.

Sí, eso debe ser.

—¡Mike! ¡¿Qué hiciste la del conejo?! —oigo la gruesa voz de Black desde la cocina y siento como una corriente eléctrica pasa por toda mi columna haciéndome sobresaltar. Al salir por una puerta de madera oscura se queda estático con sus ojos puestos en mí.

Oh genial, ¿acaso en esta casa hay alguna regla que hable de andar sin camisa? Porque comienzo a amar esa norma.

—¿Hola? —intento saludar sin que mi voz tiemble por lo que en realidad solo sale un hilo de voz por mis labios. Él se aclara la garganta mientras se pasa una mano por su cabello oscuro en el que se posan mis ojos aguantando la tentación de volver a llevar mis ojos más al sur de su cuerpo. Mis dedos pican con la necesidad de enterrarse entre las hebras de su suave cabello y sacudo ligeramente mi cabeza quitando tales pensamientos.

Concéntrate Mila.

—¿Qué haces aquí? —pregunta sin responder a mi saludo lo cual me hace molestar —. ¿Por qué la trajiste a nuestro departamento, Mike? —lo acusa haciendo que mi incomodidad aumente.

¿Nuestro? Genial, me trajeron a la cueva de Mr. Acosador.

—Mike me trajo para...

—Para que me ayude con mi ropa —me interrumpe y yo quiero golpearlo por la excusa tan barata que inventó.

—¿Qué tiene tu ropa? —le pregunta Clark con curiosidad.



Sophie Castle

Editado: 11.07.2019

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