Caminando entre Lobos

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∫ 1 ∫ Nuevos Badboys

Mila

Estoy tranquila sacando y metiendo mis libros en el casillero. Me toca Cálculo y quiero morir. Odio esa clase. No me va mal, pero es muy aburrida. De repente casi todo el mundo se queda mudo y las voces del pasillo se apagan de a poco. Cierro mi casillero y volteo para ver hacia dónde se dirige la mirada de todos los presentes.

Tres chicos pálidos, aunque notoriamente atractivos, vienen pasando por la entrada principal del instituto llamando la atención de todos con sus brillantes sonrisas y despeinados cabellos. Sus vestiduras tienen estilo, aunque supongo que ninguna chica concuerda conmigo, seguramente en sus traviesas mentes no tuvieron tiempo de apreciar dicha moda antes de dejarlos sin nada.

¡Oh por Dios, más intentos de badboy! Pero qué sorpresa.

Pienso sarcásticamente mientras modelan por el pasillo y todas las mujeres babean con cada paso que dan, yo solo observo la escena con cierta burla en mi rostro. No puedo creer que todas caigan tan bajo, ni siquiera los conocen y ya se derriten por ellos. Además, por lo que veo todos deben ser unos mujeriegos de lo peor... Unos rompecorazones sin pudor alguno.

De repente me siento vigilada, por instinto busco esa intensa mirada y me encuentro con que uno de los badboys nuevos me está examinando fijamente. Y aunque sus ojos oscuros son demasiado penetrantes le sostengo la mirada.

Dan llega a mí con todo su grupo de amigos y es cuando retiro la mirada de esos insistentes ojos para ponerla en el castaño musculoso de enfrente. Él pone sus dos brazos a cada lado de mi cabeza, encerrándome, y me mira con actitud retadora, mirada que yo copio hacia él.

Genial, atrapada en los brazos de mi hermano contra un casillero... eso no se debe ver muy bien.

—Luego hablaremos de esa mirada —dice con tono molesto, se separa de mí y con uno de sus brazos me rodea por los hombros llevándome con él al tiempo que la campana suena.

—Hablaremos más tarde, por ahora tengo clase —digo cuando veo que nos dirigimos al estacionamiento.

—¿No vas a venir conmigo? —me dice soltándose de mí y haciendo cara de cachorrito con sus tiernos y abismales ojos.

¿Y a este quién lo entiende? Primero está enfadado, luego se pone serio y ahora es infantil. La bipolaridad lo consume.

—No —le digo y me volteo lista para irme, pero siento que me coge del brazo y me voltea hacia él.

—Solo aléjate de los nuevos —me dice con odio en su voz y una chispa de dolor y enojo se siembra en sus pupilas.

—Como quieras hermanito, tú tranquilo —le digo quitando su mano de mi brazo y empezando a caminar para el salón en el que tengo clase.

De todas maneras prefiero mantenerme alejada.

Llego al salón de Cálculo y doy tres golpes a la puerta. Del otro lado apenas oigo susurros, luego los tacones de la Srta. Velandia repiquetean por el suelo del aula hasta llegar a la puerta, la cual es abierta y finalmente presencio como el cabello rojizo, los ojos verdes y los delicados razgos de su rostro acompañan a su esbelta y curvilínea figura de veinticuatro años... sin embargo me examina de pies a cabeza con la mirada mientras levanta una ceja inquisitiva y frunce sus labios con notorio enojo.

Ya tengo grabado su rostro enojado y bravucón en mi memoria pues nunca la veo con otras emociones en el rostro.

Mucho menos cuando estoy cerca, teniendo en cuenta que siempre llego tarde y le resto interés a la mayoría de sus "críticas constructivas".

—Señorita Jones... —habla con sorna en su voz y me ve de arriba abajo—... ¿Qué excusa tiene esta vez?

—Tuve que...

—Sí, lo que usted diga señorita Jones, solo siéntese y no interrumpa más mi clase —me interrumpe bástamente abriendo más la puerta y doy un paso adentró.

—Pero usted preguntó...

—Dije que pasara no que hablara, Jones —me corta la oración ahora con tono muy enojado.

Diviso a Scar a lo lejos, sentada en el puesto de la esquina al lado de la ventana con un puesto vacío a su derecha, justo hacia ese asiento me dirijo.

Comparto Cálculo, Filosofía, Literatura, entre otras materias con Scar... y bueno, unas pocas con Diana, mi otra amiga. Las dos son mis mejores amigas y son licántropos de mi manada. Todas somos de República de Candilia, para ser exactos nos encontramos en su capital; Mandilia, América del Sur.

La pelirroja me sonríe de forma ladeada para luego entornar los ojos hastiada por la actitud de la Srta. Velandia. Scarlett y yo nos conocemos desde hace mucho tiempo, aún recuerdo cuando usaba su cabello color zanahoria recogido en dos coletas altas a lado y lado de su cabeza, para ese momento sus pecas resaltaban y sus ojos parecían dos linternas con batería ilimitada, al crecer cambió como cualquier otro; se volvió más controladora en cuanto a sus emociones y suele ser gruñona la mayoría del tiempo.

Tomo asiento a su lado sonriéndole con complicidad, después de todo mi mejor amiga es la que me ha cubierto desde la infancia en muchos aspectos.

Velandia inicia su clase y como de costumbre la ignoro, luego tendré tiempo de estudiar su materia sin que su voz me irrite.

Escribo lo que se copia en el tablero sin prestar atención, solo veo la tinta manchar mi cuaderno de manera delicada, nada más.



Sophie Castle

Editado: 11.07.2019

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