Caminando entre Lobos

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∑ 2 Tua Cante

Dominic

Son las 5:17 de la mañana. Durante toda la noche estuvimos desempacando cajas y maletas Mike, Blake y yo.

No tuvimos problemas con el sueño porque somos vampyrus, también conocidos como vampiros, al igual que no tenemos problemas con muchas más cosas.

Decidimos irnos del clan en el que estábamos porque no queríamos cumplir ninguna responsabilidad comunitaria. Al terminar nuestro entrenamiento y estudios acerca de nuestra raza y las otras, nos fuimos. Vamos a estar mejor así. Llegamos hace dos días y arreglamos todo para tener una buena vida.

Desde hace bastante tiempo pagábamos el apartamento en el que nos encontramos, lo cual también fue una ventaja; en este momento está totalmente pago.

Ahora estoy esperando a que el idiota de Mike salga del baño. Parece una chica en la ducha: se demora mil horas antes de salir. Blake está haciendo algo parecido a un desayuno ya que ninguno en este apartamento sabe cocinar ni un simple huevo. Necesitamos un desayuno rápido para no llegar tarde a nuestro primer día de clases y por eso metimos a Blake en la cocina; él tiene el don de la velocidad... el que debería tener Mike, su don todavía no se ha desarrollado y tiene un serio problema con demorarse haciendo cualquier cosa.

Después de unos 25 minutos por fin sale Mike con una toalla en su cintura y no por voluntad propia, él se quería vestir en el baño, lastimosamente me vi en obligación de amenazarlo con quemar su ropa... y no comprarle nueva.

Al salir del baño voy a mi cuarto, recojo mi maleta y me dirijo al comedor donde se encuentra... digamos que el "desayuno".

—Fue lo mejor que pude hacer —excusa Blake su carne quemada, revuelta en sangre y arroz... y sí, todo revuelto en el mismo diminuto plato.

—¿Y por qué el arroz? —pregunta Mike haciendo una mueca de desagrado, tal y como haría un infante cuando no se le da el caramelo que prefiere.

—Porque fue lo que encontré —responde el cocinero sentándose en la mesa con un mazacote igual al de mi plato mientras se encoge de hombros.

—A la próxima pedimos comida en la noche, eso hasta que encontremos un restaurante que abra las veinticuatro horas —digo intentando meterme una asquerosa cucharada a la boca.

—La comida trasnochada es pura mierda —habla Blake monótono. Él odia ir al instituto, no porque no le vaya bien, sino porque para él no hay nada mejor que "la escuela de la vida".

—Es mejor que esto —murmura Mike haciendo que Blake lo fulmine con la penetrante mirada que posee. Él odia ser criticado.

El apartamento es grande para tres adolescentes solteros. Tiene cuatro habitaciones, tres baños con solo dos de ducha, sala de juegos, terraza grande y cocina americana.

La habitación principal la tenemos vacía, nadie la ocupa para que no sea injusto el espacio de ninguno. La habitación tiene un baño, este y otro de afuera son los únicos con ducha, pero así como no usamos la habitación tampoco usamos el baño.

Al terminar de comer nos vamos a cepillar los dientes y luego salimos del apartamento dirigiéndonos al estacionamiento por nuestro Audi r8 negro.

Blake maneja esta vez, Mike se va en los asientos traseros y yo me siento de copiloto. Tras unos 15 minutos en el carro escuchando música y divagando acerca de las chicas que encontraríamos en el instituto, Blake estaciona el auto.

Al bajar nos damos cuenta de que pocas personas se encuentran afuera y no nos prestan tanta atención, lo cual nos desilusiona un poco; solemos ser el centro de atención.

Subimos las escaleras que hay para entrar por las puertas principales, al ingresar todo el pasillo se queda en silencio y se voltean a vernos. Nosotros demostramos nuestras sonrisas traviesas y podemos notar a chicas desvistiéndonos con la mirada y a otras tratando de disimularlo, sea cual sea su raza, aunque siendo sincero, las licántropos son las que más disimulan.

Empiezo a leer la mente de todos con mi don, unos tienen buenos pensamientos y otros malos, no importa mucho.

Cuando me concentro en los olores reconozco a uno muy dulce; la sangre más deleitosa que he olfateado y que forma un paraíso en mis pulmones y sentidos. Dejo los olores de otras especies atrás y presto atención a los detalles.

La encontré, mi tua cante está aquí.

Descubro a una chica de cabello castaño claro, con estatura de 1,67 más o menos, piel perfecta, buenas curvas, ojos cafés y una sonrisa burlona en su rostro. Mi pecho se ensancha de emoción.

Es hermosa y toda mía.

No puedo evitar mirarla y aunque estoy un poco decepcionado por su olor de humana, no me importa mucho, solo me importa el haberla encontrado.



Sophie Castle

Editado: 11.07.2019

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