Camino Entre Ruedas

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 10: Los sueños son la vida y la vida los sueños.

Fría. El agua estaba fría. Notaba la sensación por las manos. Mi vestido blanco comenzaba a mojarse. Me iba hundiendo cada vez más. Cerré los ojos. No sabía donde estaba. Tampoco con quién estaba. Miré al cielo y estaba repleto de nubes blancas. La luz entraba en ellas. Parecía estar en un cuadro. Apenas se movían. Colocaba mi mano como si las fuera a tocar. Era tan agradable la sensación. Pero algo me rozó la mano. Notaba pequeñas gotitas en ella. Giré la cabeza y era él. Mikel. Una camiseta y pantalones blancos se iban mojando poco a poco con el agua. Nos mirábamos fijamente. Él susurraba mi nombre. Yo el suyo. Miró más abajo, hacia mis labios y sonrió. Yo no dejé de mirarle los ojos. Nuestros brazos derechos comenzaron a juntarse poco a poco, hasta agarrarnos la mano. Nos giramos poco a poco y nos besamos.

Me levanto sudando de la cama. Mi respiración está a gran velocidad y sigo metida en el sueño todavía con los ojos abiertos. Miro hacia todos lados para recuperar la realidad e intentar olvidarlo. No sé si lo considero sueño o pesadilla en verdad. Nunca había soñado con Mikel de esa manera. Lo he sentido tan real que no evito tocarme los labios y quedarme embobada mirando a la nada. Intento negarme de que me ha gustado, pero entresaco una sonrisa de felicidad. Me vuelvo a tumbar en la cama y poco a poco me quedo dormida de nuevo. Al día siguiente, cuando mi padre se dispone a bajarme a la cocina para desayunar, veo la cara de Mikel en su rostro. Algo raro está pasando en mi interior. Quizás me esté volviendo loca. O me estoy obsesionando con él. Donde los ojos de mi padre negros cabían, ahora están los verdosos de Mikel. No es mi padre el que me está cogiendo, sino él, pero en verdad no es así. Cuando oigo el común: ''Princesita'' despierto de esa ilusión.

-Niña, estás despistada, ¿qué te ocurre?

-¿Eh? ¿Qué pasa?

-Un burro por tu casa, eso es lo que pasa. ¿En qué piensas?

-Eh...en el burro, claro.

-Anda, te siento. Hoy hay zumo de naranja y rosquillas.

Ha pasado ya bastante tiempo desde todo lo que sucedió. Mikel me llevó a mi casa una semana después. En todos esos días, me estuvo curando las heridas, de día y de noche, con la intención de que no se notasen y a mi padre no le diese un ataque de pánico. Siempre ha sido muy atento conmigo, pero aquellos días, el contacto era más cercano. Escuchaba su respiración más nerviosa de lo normal. Nuestro cuerpo estaba más pegado al del otro. La situación era diferente a la de siempre. Algo en nosotros había cambiado, y creo que nos percatábamos los dos. En la televisión están echando ''Las Crónicas de Narnia''. Es la película favorita de Mikel. Imagínate, un armario, donde te metas, puedas andar, haya nieve, un león que habla y un caballero que te socorra de la bruja blanca. Está bien, quizás demasiada fantasía exagerada. Pero, ¿por qué los sueños son tan mágicos cuando te imaginas a una persona? Lo malo es que nunca ocurre en la realidad. Incluso se empeora. Me dispongo a comerme una rosquilla mientras me creo una historia fantástica de él y yo en Narnia más exagerada que mi pensamiento.

-Cielo, se te ha caído la rosquilla en el café.

-¿Eh? Vaya, no me gustan los grumos, pf.-resoplo.

-Tómalo rápido y listo. Si quieres después puedes ir a corral.

El corral (o huerta) es nuestra segunda casa, sólo que un poco más pequeña. Ahí tenemos un pequeño huerto y un pato. No sé por qué lo tenemos. Se llama Duky. Es pequeño y marrón. Siempre que me quedo leyendo, me hace señas para que le coja y le deje en mis piernas. Es un pato muy cariñoso. Tras soportar la tortura de tragarme los grumos de la rosquilla, me voy hacia el corral. Por un segundo decido llamar a casa de Mikel, pero veo que no está al observar todas las ventanas de su casa bajadas.

-Vaya Duky, ya se te oye, campeón.

Viene corriendo hacia mi silla y ya me ''cuaquea'' y pega varios saltos.

-Hoy vamos a leer...una revista del mercado. Lo siento, patito, me escasean los libros, y no querremos repetir Crepúsculo, ¿No?

Duky se impulsa hacia arriba con las alas y consigo cogerle. Le coloco sobre mis mayas y me dispongo a leer. Es poco el tiempo el que tarda el pequeño patito en cerrar los ojos y dormirse. Mientras voy leyendo la revista, aparecen elementos como: ''Una bicicleta para pareja, por tan sólo 99,99$''. Sería fantástico si pudiese moverme por mí misma y si tuviese pareja. Cada objeto que paso, más estúpido me parece seguir leyendo la revista: ''Una tirolina doble para pasarlo con tu pareja.'', ''Haz kayak con tu pareja, con estos increíbles botes y su conjunto de remos.'' Quizás ese sí podría hacerlo. Entre página y página se me van cerrando los ojos hasta el punto de quedarme igual que Duky. El tiempo últimamente va pasando demasiado lento. No ocurre casi nada y cada vez el contacto con otras personas se va reduciendo más. Los días pasan y el tiempo con él.



Golden Warrior

Editado: 01.09.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar