Campamento Desastre

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Capítulo 2: Una gran sorpresa

Ayer no me presente esta soy yo Christine Thompson, una chica alocada, demasiado para el gusto de su adinerada madre, cabezota y muy tenaz. Con una estatura que podría compararse con la de un pitufo y un cuerpo que se considera delgado, con un color de pelo rubio ceniza heredado de mi madre y unos ojos verdes que supongo que fueron heredados de mi padre, el cuál nunca llegué a conocer, mamá me dijo que cuando se enteró de que estaba embarazada de mí, no volvió aparecer, el pensamiento de que pude llegar siendo una molestia me duele.
Me gustaría decir que me desperté con el sonido de los pájaros cantar, pero en realidad no fue así, me desperté con mi madre gritando mi nombre y dando golpes a la puerta y precisamente no fue nada bonito ya que por el susto me caí de la cama
—empezamos bien el día—susurré para mi misma 
Además eran las cuatro de la mañana ni si quiera habia salido el sol, ¿Pero que clase de sufrimiento era este?
—¿Porque me levantas a esta hora? Apenas son las cuatro mama.— cuestioné bostezando.
—Mandaron un correo a todos los padres de los campistas que deberíamos estar a las ocho allí y el viaje dura unas tres horas, te levante una hora antes para que te arregles y te espabiles.— Explicó mi madre y ante eso se fue.

Entre al baño y me fui a duchar, y me puse un pantalón corto tejano azul oscuro combinado con una camiseta que mostraba un hombro de color negra, además  añadí unas converse negras y unos brazaletes de oro.
Aproveché que estaba en el baño para cepillar mi larga melena de color ceniza, mama siempre ha estado orgullosa de la belleza que este poseía.

Fui al salón y habia unas tortitas con una buenísima pinta, me las comí mientras veia Doraemon. Luego cogí la maleta y la bolsa de deporte, el móvil, los auriculares y el cargador y me dirigí hacia el coche.
Me pase las tres horas durmiendo. Me desperté por el ruido de risas de chicos y chicas.

—¿Hemos llegado?— le pregunté a mi madre mientras me estiraba.
—Si cariño, ¿Necesitas que te acompañe?— pregunto mi madre.
—No, me las apañaré soladije decidida.
—Ya sabes, no te metas en problemas, haz amigos, come y ponte bloqueador solar—dijo mi madre preocupada mientras se le salía una pequeña lágrima.

Y la verdad es que mi madre a pesar de ser alguien muy superficial, se preocupaba de mi y me quería... De una manera extraña.

—Se cuidarme sola mama— le dije y le di un abrazo.
—Adiós Chris- dijo mama despidiéndose con la mano y se fue.

Al salir del coche me permití observar a un niño de unos cinco años que lloraba abrazando a su madre suplicándole que no se fuera. A pesar de que yo ahora mismo querría hacer lo mismo sabía que yo jamás habría tenido la oportunidad de montar un numerito asi.
Resignada decidí observar el lugar, todo estaba lleno de verde, lleno de arboles, arbustos y césped. A lo lejos se podían ver cabañas de madera, algún que otro edificio rústico y muchos caminos de tierra. Lo que más me impresiono era la gran cantidad de coches que habían aparcados y muchos niños correteando alrededor de sus padres.
Decidí dirigirme al edificio que estaba situado enfrente de mi era grande de madera con un letrero que ponía "happy camp", respiré profundamente y me adentre dentro de lo que parecía la administración.

—Hola, ¿podría indicarme a donde debo dirigirme para saber que cabaña me toca?— le pregunté al recepcionista.

El recepcionista no debería de tener mas de unos 35 años, era moreno con ojos marrones que transmitían bondad y una barba de unos dias, era alto, de unos 1,80m y parecía fuerte.

—Ves hacia el centro del campamento, lo reconocerá porqué es como una pequeña plaza, además ahora mismo debería estar llena de otros campistas —Dijo el recepcionista.

Estaba dirigiéndome hacía la salida con la maleta y la bolsa de mano cuando me sugirió.

—Deja las maletas aqui si quieres, luego cuando te digan tu cabaña vienes a buscarlas —dijo el recepcionista siendo amable.
—De acuerdo muchas gracias...— dije sonriendo esperando a que dijera su nombre.

—Javier, puedes decirme Javier— dijo Javier con una enorme sonrisa.

—Adiós, Javier—me despedí mientras salía por la puerta.

Iba disfrutando tranquilamente de las vistas, el lugar y el aire puro que llegaba a mis pulmones, todo estaba rodeado de arboles, abetos enormes y preciosos, el sendero era de piedra que parecía bastante natural. Al cabo de unos cinco minutos caminando, llegué a pensar de que los caminos eran interminables o lo mas probable que me habia perdido. De repente vi un chico que venia caminando hacia el lado contrario que iba yo.

—¡Muchacha! ¿A dónde vas? Si hay que ir a la plaza —dijo el chico.

—¡Oh! —Exclamé avergonzada— Es que soy nueva y no conozco el lugar y me dijeron que fuera a la plaza pero me perdí.

—Ven vamos te llevaré hasta allí —dijo el chico.

Y juntos fuimos hacia la plaza que estaba llena de gente.

 
 


Habia un hombre subido a un escenario de madera.

¿Hola? ¿Hola? ¿Se me escucha? —Preguntó el hombre— Me parece, que si. Bienvenidos campistas a un nuevo año en el happy camp, ahora dire vuestro nombre y os dire vuestro numero de cabaña.

Empezó a decir nombres y a asignar cabañas, éramos unos 150 campistas de todas las edades y nos dividieron en tres grupos, los pequeños a los que llamaban Caracoles en los que iban los niños de entre 5 y 10 años, los medianos que les nombraban Conejos que iban los que tenían entre 10 y 15 y los grandes que los llamaban Leones que ahí tendría que estar yo ya que iban los de 15 a 21.
Los Caracoles y los conejos se fueron con sus respectivos monitores, nos quedamos los grandes eran unos 50 campistas la mayoría chicos, empezó a decir nombres y cuando solo quedábamos unos diez campistas me empecé a preocupar, el hombre dejo de hablar y me di cuenta que ya había dicho todos los nombres y el mio no lo habia dicho y ahí si que me asuste, no podia ser que mi madre no me haya apuntado ¿No?. Fui corriendo al hombre.



Cris Garcia

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En el texto hay: novelajuvenil, campamento de verano, humor amor

Editado: 02.10.2019

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