Cánticos al más allá

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Capítulo 6: Los buenos viejos días

 

Desearía que alguien me hubiese dicho

Algún día, estos serán los buenos viejos días

Todo el amor que olvidarás

Todas estas noches temerarias que no regresarán

Pronto, algún día, toda tu vida entera cambiará

Y extrañarás la magia de estos buenos viejos días.

                                                                “Good Old Days” – Macklemore ft Kesha

 

Las paredes decoradas con tapiz rosa de la habitación de Maggie me están asfixiando, estoy contando mis respiraciones para asegurarme de que en serio respiro, hiperventilándome de pie frente al espejo del peinador.

Dejo caer mis rizos bajo mis hombros, siempre envidie la apariencia de muñeca angelical de mi hermana, aunque ella parecía ignorante de su belleza, despreocupada por arreglarse, inocente ante las miradas que recibía.

En la planta baja escucho a mi madre gritar el nombre de Maggie repetidas veces. Pienso que en cualquier momento voy a despertar de este extraño y peculiar sueño. Pero cuando cierro los ojos y vuelvo a abrirlos sigo encontrando a la muñeca angelical en el espejo. Le hablo en voz alta:

“Muy bien, seguiré el juego. Esto no puede durar para siempre. Soy Maggie, la chica que todos adoran. Por alguna razón mi estado de coma me trajo aquí, a este mundo paralelo. Quizás pueda sacar algo bueno de esto”.

El vibrado de un celular me saca de mis pensamientos, cojo el móvil de la cómoda, es pequeño y horrendamente anticuado, dudo que tenga internet siquiera. Levanto la tapa y leo el mensaje: “En el lugar de reunión a las 12, no faltes” -Sue.

¿Sue? ¿Susan Rodríguez? Creo saber de quién se trata por su indecorosa reputación.

¿Por qué mantendría comunicación con Maggie?

 Apenas llevo unos minutos en su cuerpo y ya estoy intrigada.

Antes de cerrar el móvil me fijo en algo, la fecha de hoy aparece en la pantalla: 01 - 05 – 2012. Y en la parte de abajo un conteo: 5 días.

Frunzo el ceño con la cabeza dándome vueltas. Estoy confundida y mortificada en este momento. No comprendo. Mi cabeza empieza a dar vueltas con lo que leo.

¿Por qué Maggie haría una cuenta regresiva hacia el día de su muerte? 

***

Me tomo demasiado tiempo en elegir que debo usar por lo que debo montar el autobús de la escuela para llegar a tiempo. Traigo una simple camiseta blanca, una falta morada que me llega hasta los tobillos, y unas zapatillas blancas. La combinación se me antoja pasada de moda pero no tengo mejores opciones.

Siempre detesté montar el autobús, no hay nada peor que empezar el día con el desorden generado por adolescentes con las hormonas alborotadas.

Al entrar en el autobús todos me saludan con unas sonrisas que lucen demasiado amables y sinceras. Por un momento pienso que han de estar drogados, hasta que recuerdo mi estado actual, el de la señorita más dulce y querida de la escuela. Estoy segura que de haber estado en mi cuerpo original, el de Terrie, todos me hubieran ignorado. Nunca encaje muy bien en la escuela, mis sueños de grandeza me llevaron a ser la burla de mis compañeros. En cambio, Maggie siempre encajo con el papel de abeja reina.

Me siento en el primer lugar vacío que encuentro. Al lado de un chico que parece perdido en su lectura. Siento que me mira de reojo por momentos y puedo ver como sus dedos tiemblan mientras recorre las palabras. Nunca habría pensado que una chica como Maggie pondría nerviosa a la gente.

Quizás debería ser amigable.  

—Hola. ¿Cómo estás? —Lo saludo.

El chico me da una mirada extraña, como si buscara asesinarme con ella. Me provoca encogerme en mi asiento. Es pelirrojo, de cabello muy rizado y con pecas.

—¿Qué pasa contigo? No debemos hablarnos en público, ¿recuerdas? —Me susurra.

Me pregunto por un instante si está siendo muy grosero pero al final decido que solo está asustado. Debato entre sí debería o no insistir, sin embargo llegamos a la escuela y el autobús comienza a tornarse vacío.

Opto por seguir a los demás y bajo del autobús para entrar al lugar que no he echado de menos.

Es una sensación surrealista estar de nuevo en la escuela, como si retrocediera diez pasos luego de avanzar cinco, como si no hubiese atravesado senderos ácidos y dulces para llegar hasta donde estaba.

Los pasillos no parecen reconocerme porque me pierdo en medio de ellos sin saber hacia dónde ir. Mis pasos me llevan inevitablemente hasta el lugar donde pase la mayor parte de mis años de escuela, donde saque mi talento a flote y coseché un sueño.

Hacia el salón de coro.



Danae C.P.

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En el texto hay: musica, misterios y secretos, paranormal

Editado: 19.06.2019

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