Cánticos al más allá

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Capítulo 13: Respirar

La música empieza a sonar como el fin de una triste película

Esa clase de final que no quieres ver

Porque la tragedia solo te tira abajo

Ahora no sé cómo vivir sin ti cerca de mí

“Breathe” – Taylor Swift

 

Encuentro la puerta entreabierta y lo primero que pienso es que al cruzar encontrare a mi familia apuntándome con sus dedos acusatorios al igual que la última vez.

Me recibe la imagen de una sala vacía, sin el ambiente familiar que solía extrañar las primeras noches que pasaba en Los Ángeles.

Aquella decisión me tomó muy poco tiempo tomarla. Siempre he sido demasiado impulsiva, sin temor a tomar riesgos. Aun así, nunca me arrepentí de mis decisiones, porque cada error me ayudó a tomar mejores, y con cada puerta cerrada tuve oportunidad de abrir dos nuevas.

Mi primer día en los ángeles fue una secuencia de puertas cerradas. Gasté la mayoría de mis ahorros en el pasaje de avión por lo que no contaba con más de 50 dólares en el bolsillo, recolectados por las propinas que me daban cantando en el coro. Los hospedajes me negaban la entrada debido a mi corta edad, todavía no había cumplido 18 años. Y no había muchos empleos en los que me aceptaran de prisa. Pasé tres noches durmiendo en una cafetería, donde una mujer muy afable se compadeció de mí. Aún la visito de vez en cuando, y con solo mi presencia la cafetería consigue una gran concurrencia, aquella es mi forma de decir gracias.

Después de esos días difíciles, conseguí hospedarme en una casa familiar donde se alquilaban habitaciones a estudiantes, y conseguí un empleo de corista para una cantante afro americana, con un ego de diva que tuve que soportar por un tiempo. Logré entrar en la academia de artes y a partir de entonces mis sueños comenzaron a abrirse paso en la gigantesca ciudad de las estrellas.

 

Los gritos de papá y mamá en el estudio me obligan a recordar que continúo en un lugar mucho antes de que todo eso pasara.

La discusión continúa y me tomo el atrevimiento de sentir curiosidad. Me acerco para entender mejor sus palabras, apoyando un lado de mi rostro en la puerta del estudio de papá.

—Ella no va hacer eso. No será una cantante de esas que recorren el mundo y salen en la televisión. No voy a permitir que algo así ocurra. Es muy riesgoso.

—Baja la voz Lena, no te das cuenta que las niñas pueden escucharnos.

—No fui yo quien causó lo del otro día.

Me asusta el hecho de que nunca los había escuchado discutir. Mis padres son de la clase que sabe ocultar muy bien sus problemas e inquietudes. Expertos en aparentar que todo es perfecto, incluso entre cuatro paredes.

—¿Cómo iba a saber que Margaret entraría a mi oficina?

—Debiste saberlo, ella tenía muchas preguntas Jules, y no vinieron de un día para otro. Alguien debió comentarle algo.

—Quizás lo leyó en esa cosa de internet.

—No puede haberlo hecho, me aseguré de bloquear todas las páginas que no sean con temas estrictamente educativos. Pero Maggie es muy intuitiva, quizás recordó algo de su infancia, no lo sé, alguna conversación que hayamos tenido años atrás. Tú sabes, ella sigue teniendo esos sueños.

En este punto han bajado tanto la voz que tengo que rodear mis oídos con las manos para escuchar tras la puerta.

—Pero ese no es el punto ahora, Teresa está muy empeñada en esa idea de volverse una estrella. ¿Qué haremos al respecto? —se impone mamá.

Podríamos obligarla a que deje el coro de la escuela, quitarle su reproductor mp3.

—¿Crees que eso la detendrá? ¡Oh Jules! ¿Acaso nunca fuiste un adolescente? Ellos quieren aún más lo que no pueden tener.

—En algún punto tiene que cansarse de rebelarse. Lena, es una niña. Aún no sabe nada de lo que le espera. Ahora todo puede verse posible, todos hemos tenido sueños alguna vez, ¿pero sabes cuantas personas logran realizar esos sueños? Una en un millón. ¿Qué nos asegura que Teresa será esa una?... Relájate cariño.

—No puedo relajarme. El mundo es demasiado grande para ocultar secretos, y si ella entra en ese mundo se nos hará imposible ocultarle la verdad. No quiero perderla Jules, no quiero perder a mi hija.

¿Perderme? ¿Qué es tan terrible como para que unos padres teman perder a su hija?

—Hola, fantasmita.

La voz de Chloe me obliga a apartarme de la puerta del estudio alterada.

—¡No vuelvas a hacer eso, entendiste! ¡Niña, tonta!

La niña retrocede con los ojos muy abiertos y cuando veo sus lágrimas aparecer me doy cuenta de mi gran error. Maggie nunca le hubiese hablado de esa forma.

Chloe corre hacia el segundo piso para ocultarse en su habitación, me debato entre si debo o no seguirla, pero sé que es algo que Maggie haría sin dudar.



Danae C.P.

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En el texto hay: musica, misterios y secretos, paranormal

Editado: 19.06.2019

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