Cánticos al más allá

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Capítulo 17: Sana y salva

 

Recuerdo las lágrimas cayendo por tu rostro,

 cuando te dije que nunca que te soltaría.

Cuando todas las sombras casi matan tu luz,

recuerdo que dijiste "no me dejes aquí solo".

Pero todo eso está muerto, está ido, es pasado.

 

“Safe and sound” –Taylor Swift ft the Civil Wars

 

 

A la luz de las estrellas nos dirigimos de regreso a la casa de Cameron para resolver algunas de las muchas interrogantes que me dejaron sus confesiones. Su rostro aún luce trastornado a causa de las mías.

Por momentos me debato entre si debo o no bajar mis defensas para entregarle toda mi confianza. No es una decisión fácil de tomar, sin embargo sé que estoy lista para dar ese paso y poder centrarme en otras cosas como, ¿Qué debo hacer para impedir que Maggie muera en unos días?, ¿Cómo he de recuperar mi vida?, y ¿Qué fue lo que llevo a mis padres fugitivos a robarme y criarme como a una hija suya?

Hallamos al padre de Cameron dormido en el sillón, salpicado de frituras. Me inclino para quitarle algunas de su rostro e intentar despertarlo. Su redonda barriga sube y baja con su respiración. Escucho sus ronquitos y veo a Cameron con una mueca en el rostro.

—Lo haré yo.

Nos volteamos al escuchar a Joanne.

Esta camina en medio de nosotros y sacude a su padre sin delicadeza.

Al despertar y ver a su hija de pie tan cerca se levanta y se aparta como si del mismo demonio se tratase.

—¿Por qué saliste de tu habitación? Regresa ahora mismo —Le ordena levantando la voz.

Joanne se cruza de brazos y lo mira con indiferencia.

—No iré a ninguna parte papá, ya no tienes que esconderme.

Es cuando el señor Mason nos observa.

—¿Qué hace ella aquí?

—Vine porque necesito que me aclare un par de cosas.

El hombre mira a su hijo con disgusto.

—¿Se lo contaste?

Ambos asentimos a la vez.

***

Nos acomodamos en la sala. El señor Mason nos pide que nos aseguremos de que las cortinas estén bien cerradas. Cameron y yo nos encargamos de eso.

Rodeamos la sala cerrando las cortinas hasta que no hay rastros de las estrellas. La única luz en la habitación es de parte de una vela blanca sostenida por el señor Mason.

Antes de que regresemos con su padre y su hermana, Cameron me mira a los ojos y me pregunta:

—¿Estas segura de esto? ¿Quieres saberlo todo?

Quise regresar porque sabía que no podría dormir esta noche si no resolvía el misterio detrás de mí secuestro y rapto. Estaba segura de que solo Oliver Mason contaba con esas respuestas.

—¿No lo entiendes? La verdad es la única salida, es lo único que hará que pueda cambiar el final para Maggie. Solo con la verdad podre mantenerla a salvo.

Su mirada me libera dejándome ir con su padre, que espera por mí en la sala.

Estaba lista para escuchar otra de las historias de mi pasado. Lista para descubrir quién era Terrie Chicago realmente.

Al final, puede que este viaje no se trate solo de salvar a Maggie sino también de salvarme a mí misma.

—¿Tu padre sabe que estas aquí?

—No señor, y no pretendo que lo sepa.

—Muy bien, porque no le va agradar la historia que te voy a contar.

Se acomoda en el sillón y enciende un cigarrillo.

—¿Cómo les gustaría que se los cuenta en primera o tercera persona?

—Papá…

—Es muy importante.

—Solo di la maldita verdad —Comenta Joanne fastidiada.

Oliver expulsa el humo del cigarrillo en mi rostro y toso.

—Tus padres también jugaron el jueguito de invocación demoniaca, ¿lo sabías?  

—¿Mis padres? ¿Pertenecieron a una secta? —El eleva las cejas sugestivamente—. Eso no es posible, son las personas más religiosas que conozco.

—Corrección, se volvieron las personas más religiosas porque estaban arrepentidos de haberse metido con el demonio. Y si, tenían un grupo de adoración en Chicago. Se unieron para pedir un muy importante favor especial: Tener un hijo.

Cameron se levanta y se pierde en la cocina, siento el impulso de seguirlo para escapar de las crudas verdades que salen de la afilada lengua de su padre, pero me contengo por respeto a mis intenciones.

—¿Yo soy ese hijo?

—No, ellos tuvieron otro niño. Un bebé angelical, fue como Jules Rixson lo describió. Según él, una gracia divina se reflejaba en sus ojos. Su cabello era como las llamas ardientes que Lena Rixson observaba en la chimenea cada noche antes de dormir. Sin embargo, yo no creo que el niño fuese un ángel como ellos pensaban, después de todo fue enviado por el señor de las tinieblas.

Quizás fuese un ángel del infierno, me atrevo a pensar.

[…] Me contó que Lena, su esposa, sufrió terriblemente a la hora de darlo a luz, no fue un parto normal, era como si el niño hubiera devorado parte de sus entrañas al estar en su vientre. Ella tuvo que pasar por dos cirugías reconstructivas del hígado e intestino después de ello, tardo tres meses en recuperarse.



Danae C.P.

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En el texto hay: musica, misterios y secretos, paranormal

Editado: 19.06.2019

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