Cánticos al más allá

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Capítulo 27: Promesa

 

Nosotros no te abandonaremos, es una promesa,

todos hemos caído.

Pero tienes que recordar quién eres realmente,

y apoyarte en quien lo intente.

Porque eres una luchadora, una luz.

Y toda esta generación es tu guerrero.

Superaremos pruebas,

Porque nosotros te tenemos.

“Promise” – Rocky Top

 

 

 

Duermo todo el trayecto hacia Chicago. Me sorprende satisfactoriamente el hecho de que nadie se me acercara para pedirme alguna fotografía.

El avión no contaba con diferencia de clases por lo que tuve el temor de ser reconocida desde que subí en este, pero al parecer la peluca de Melody oculta muy bien a mi personaje pop, o quizás sea que con tanto tiempo lejos de los reflectores Terrie Chicago ha pasado a ser indiferente para el resto. No me entristece para nada esto último, si algo me vendría bien luego de las cosas insólitas sucedidas en mi vida, es sentirme promedio.

 

La arquitectura de Chicago me sobrecoge mientras recorro la ciudad en el primer taxi donde me monto. Los rascacielos son aún más grandes de lo que recordaba en mis sueños de infante. Desde entonces solo pude venir una vez, para una presentación en The United Center, cuando inicié como telonera de Taylor Swift, cuatro años atrás. Apenas y pude ir a otro lugar que no sea el bus tour, antes de hacer otra parada en Kansas.

Esta vez, pienso disfrutar de todo lo que la ciudad me ofrece, si es que Cameron no tiene otros planes para mí con lo que tiene para contarme.

Al cabo de varios minutos en las que no ceso de exclamaciones ante la belleza de la ciudad. Pasamos por la histórica tienda Macy's State Street, y no puedo detener mi impulso de tomar mi cámara y sacar una artística fotografía. Estoy tan prendida de la belleza del lugar, tan concentrada en los monumentos que para cuando el chofer se detiene en el edificio que le indique no tengo idea de cómo he de actuar. No he planeado que hacer desde aquí, ni como presentarme ante Cameron.

***

En la recepción encuentro a una mujer mayor que, sin necesidad de mirarme a los ojos, cuestiona sobre a quién he de visitar, le digo su nombre y esta me indica hacia qué número de habitación debo dirigirme, sin más.

¿Acaso es una broma? Me pregunto, de todos los números existentes tenía que elegir ese. Niego con la cabeza y subo las escaleras, hacia el número 666, en el sexto piso.

Llego agotada, con la respiración entrecortada y la piel sudorosa. Me tomo un segundo para recuperarme y cuando estoy por darle un toque a la puerta esta se abre mágicamente, por un momento pienso que estoy por entrar en Narnia, pero no, es solo un día más en mi tortuoso pasado, pero esta vez lo viviré desde mi propio cuerpo.

—Hola, Terrie. Te esperaba —me saluda un muy bien proporcionado Cameron. Su cabello dorado le cae hasta por encima de los hombros, de su rostro de niño bueno brota vello facial, una pronunciada barba y los rasgos de un bigote afeitado. Sus ojos lucen cansados, rodeados por círculos oscuros, me miran con curiosidad—. Pasa, por favor.

Le obedezco, entrando en su mundo de nuevo.

Su departamento es pequeño pero cálido. Con la luz mañanera de Chicago alumbrando por las enormes ventanas. Las paredes están pintadas de un verde opaco y gris. Los muebles cafés le dan un estilo rústico. Diviso una guitarra acústica en una de las esquinas de la habitación principal. Sin duda es y siempre será un chico pueblerino.

—¿666? ¿Podrías ser más macabro? —le digo inicialmente incómoda por el reencuentro.

—No lo elegí yo —se encoge de hombros—. ¿Café? —me pregunta.

—Bien cargado —le pido mientras me dejo caer en el sofá con la única maleta que traje conmigo.

Cameron me acerca una taza de café y galletas recién horneadas. El olor que desprenden provoca que mis estómago ruga.

—Imaginé que estarías hambrienta.

—Espera, ¿Cómo sabías que vendría hoy?

Su actitud de predecir todo lo que estoy por hacer me empieza a asustar.

—No lo sabía, preparé galletas cada mañana desde que te envíe la carta.

Me dice sentándome frente a mí.

Cojo una galleta y me la llevo a la boca para saborearla como si no existiera un mañana.

—¿Cómo estás? —preguntamos al mismo tiempo.

Sonrío y asiento.

—Voy primero —Palmeo las manos en mi regazo y le cuento todo lo ocurrido desde que volví del pasado, mi estado crítico, mi proceso de recuperación, la aparición de mis padres y lo que me llevó a escapar de Los Ángeles para acabar lo que empecé.

—Entonces, ¿estás enterada de lo que me pasó?

—Algo así, pero me gustaría escucharlo de ti.

—Dudo que así sea, es una historia deprimente.



Danae C.P.

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En el texto hay: musica, misterios y secretos, paranormal

Editado: 19.06.2019

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