Cánticos al más allá

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 29: No te alejes

No te alejes pequeña,

En mis brazos estás,

Pase lo que pase,

No te he de soltar.

No te alejes pequeña,

Vuelve con mamá.

“No te alejes” – Terrie Chicago.

 

 

—¿Tú eres…? —Veo sus manos temblorosas sujetarse con fuerza de la puerta mientras sus ojos se llenan de lágrimas.

De mis labios temblorosos salen palabras débiles.

—Soy Terrie Chicago, mucho gusto.

—Terrie, ¿acaso te conozco?

Abro los labios pero de estos no sale ninguna palabra.

—De seguro la vio en la televisión o la escucho en la radio, es la cantante del momento —interrumpe Cameron.

El rostro de la mujer pasa de la vacilación a la sorpresa.

—¡Oh claro! ¡Claro que sí! Qué tonta, disculpen a esta vieja olvidadiza —sonríe forzadamente—. La pregunta del millón es, ¿Qué hace una estrella pop y un joven galante en mi puerta?

—¿Podemos pasar? —pregunta mi acompañante.

—Desde luego, lo siento, hace mucho que no tengo visitas.

La mujer nos abre paso para que podamos entrar.

Agradezco que Cameron este conmigo en este momento o no sabría qué hacer ni cómo actuar.

La sala está llena de fotografías en las que puedo ver a una joven Mildred Star, en cuanto lo hago entiendo la razón de su sorpresa y es que su parecido conmigo es indiscutible, el cabello castaño rojizo, la contextura delgada, el tono de la piel… incluso la forma de posar ante las fotos. Ella tiene la luminosidad de una artista. En la mayoría de las fotos se encuentra acompañada por un hombre apuesto, de cabello oscuro y piel canela. Hay una incluso en la que aparece el hombre en blanco y negro, sentado mientras toca el chelo. Adivino que se trata de mi padre fallecido.

—¿Es su esposo? —me atrevo a preguntar.

La mujer sigue mi mirada hacia la fotografía.

—Sí, era un músico fantástico —sonríe con nostalgia—. Perteneció a ocho orquestas, e hizo treinta conciertos en los teatros más concurridos de la ciudad. Sus composiciones son extraordinarias, ¿Les gustaría escuchar alguna?

—Desde luego —afirma Cameron.

La mujer abre su estante de discos y cuando no alcanza le pide ayuda a Cameron, este toma el disco dorado de la parte más alta y lo coloca en el reproductor. La belleza del blues y el jazz nos envuelve.

—Nunca se detuvo, incluso antes de morir su último deseo fue tocar una vez más.

—Eso es inspirador. Era muy talentoso.

Le digo tocada profundamente por su historia. Ahora entiendo de donde proviene mi amor ferviente por la música.

—¿Ustedes tocan algún instrumento? —nos cuestiona.

—Yo toco el violín y Cameron el piano.

—Bueno, no he podido tocar el piano en mucho tiempo… —se excusa mi acompañante—, no he encontrado muchos lugares en donde los alquilen.

—¿En serio? Tengo un piano en el ático que nadie usa, mis sobrinos solían practicar en él. Puedes venir cuando quieras galante jovencito, no es una modernidad pero...

—Me encantaría.

El rostro de Cameron se ilumina con la propuesta. Me escribo una nota mental de regalarle un piano cuando todo esto termine.

La mención de sus sobrinos me hace fantasear con el hecho de tener una familia distinta a la familia rota y cargada de oscuros secretos que conozco. Una familia normal y amorosa.

—Y bien, ¿a qué debo el honor de su visita jovencitos? 

Para entonces estamos sentados en la sala bebiendo una taza de té helado propicio para el verano.

 Cameron y yo compartimos una mirada sin saber quién de los dos debería empezar a hablar.

 Le doy un asentimiento de cabeza.

—Estamos en busca de un médium. Necesitamos con urgencia contactarnos con un espíritu. Ella…

—Ella es mi hermana —continúo—. Lleva seis años desaparecida. Creímos que podría ayudarnos a contactarla. Nos ha estado intentado enviar mensajes pero ninguno de ellos contiene su paradero, estamos desesperados.

La mujer, cuya misma sangre corre por mis venas, nos observa con cautela. Me pregunto que pasara por su mente en estos momentos, si acaso duda de nuestras intenciones.

— Es muy raro que un espíritu cuyo cuerpo aún permanece con vida se contacte con otras personas. ¿Cómo así lo hizo?

Cameron se apresura en responder.

—Ha estado entrando en nuestros sueños.

Los ojos chocolate de la mujer nos miran con una inmensa ternura, deteniéndose demasiado en los míos.

—Mis niños, no quiero sonar pesimista, pero puede que el producto de sus sueños sea algo más natural que sobrenatural. —respira profundo—. Cuando mi esposo vivía solíamos compartir el mismo sueño. En él veíamos a nuestra hija perdida, su nombre era Missy, la raptaron cuando era apenas un bebé. En el sueño era una pequeña de unos cinco años, corría por el patio, llamándonos “papá” y “mamá”, mientras extendía los brazos y fingía volar al igual que las aves en el cielo, hacia las cuales alzaba los ojos, luego regresaba con nosotros y tarareaba una melodía al unísono con nuestras voces…



Danae C.P.

#1874 en Thriller
#1056 en Misterio
#494 en Paranormal
#157 en Mística

En el texto hay: musica, misterios y secretos, paranormal

Editado: 19.06.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar