Cánticos al más allá

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Capítulo 34: Canción de lucha Parte II

Y todas esas cosas que no dije

Bolas de demolición dentro de mi cerebro

Las gritaré fuerte esta noche

¿Puedes oír mi voz?

"Fight Song"-Rachel Platten

 

 

La iglesia de San Miguel Arcángel es más grande de lo que hubiera imaginado. Nos rodeaban hermosos tallados de madera bañados en pan de oro. Cuadros de la pasión de cristo, tan reales que me roban el aliento, y pinturas de pasajes bíblicos sobre nuestras cabezas.

—¡Wow! —Exclamamos Cameron y yo al unísono.

Y sin darnos cuenta, envueltos en nuestra ensoñación, llegamos al medio de la Iglesia, donde se encuentra la estatua que buscábamos. Me concentro en los ojos del demonio y estos me producen un escalofrío.

Cameron no pierde el tiempo, salta la reja y extiende sus manos para ayudarme a pasar también. Esta vez soy yo quien titubea.

—Hagámoslo de una vez, Terrie.

Asiento y me apoyo en su hombros para trepar por la reja, el me sostiene por la cintura y me ayuda a cruzar al otro lado.

—¿Qué están haciendo? —Pregunta una voz a nuestras espaldas. Giro para observar al sacerdote de la parroquia, dirigiéndonos una mirada de reproche—. No lo hagan, no bajen allí —Nos advierte inútilmente.

—Apresúrate.

Cameron tira de mí para bajar las gradas. Corro tras de él escaleras abajo y nos internamos en la oscuridad.

El lugar no es tan horrible como lo imaginaba, es aún peor. Se percibe una energía macabra, un efecto fúnebre en el aire, como si anunciara que acabas de entrar en el mismísimo infierno y sabes que allí solo te espera la muerte.

Desearía lucir tan decidida como lo estaba hace unas horas pero mi cuerpo ya decidió por mí y tiembla cual gelatina, y a juzgar por el silencio de Cameron casi temo que haya salido huyendo.

Seguimos caminando, dando pasos cortos cuyos sonidos hacen eco en las paredes de mármol, hasta que tropiezo con un objeto misterioso. Me sujeto del brazo de Cameron y él me toma de la cintura acercándome.

—¿Qué crees que sea? —Le pregunto, sus ojos brillan en las tinieblas, por lo que sé que me mira.

—No lo sé, pero no quiero averiguarlo. Mejor continuemos.

Parece como si estuviéramos dando vueltas en un laberinto sin salida. Cansada de hacerlo a ciegas, cojo mi celular y enciendo la linterna apuntando justo al frente. En cuanto lo hago se escucha un ruido funesto. Un quejido ronco que me hace elevar la linterna sobre nuestras cabezas.

Los murciélagos aletean hacia nosotros y rápidamente alejo la luz de ellos para dejarlos invidentes de nuevo. De mis labios se escapa un grito agudo que parece despertar a los muertos. Se escuchan pasos a nuestro alrededor y las respiraciones de seres desconocidos.

—Prefería cuando no podía ver nada—Susurra un aterrado Cameron.

Hombres con capaz negras nos rodean. Con Cameron pegamos nuestras espaldas y entrelazamos los dedos dándonos valor mutuamente.

—¿Qué buscan?

Pregunta uno de los hombres encapados. No me atrevo a llevar la linterna hacia su rostro por temor a descubrir de quien se trata.

—No “qué”, sino “a quién” —respondo y me sorprendo de lo desafiante en mi tono de voz.

—¿A quién buscan? —pregunta una voz femenina.

—He venido por mi hermana y no pienso irme sin ella.

No puedo observar sus gestos pero casi puedo apostar que quien tengo frente a mi sonríe.

—De todas las almas que tenemos cautivas aquí, ¿Por qué tu hermana será la diferencia?, ¿Qué la hace especial como para que te creas con el derecho de llevártela?

No sé de donde saco el valor pero suelto la mano de Cameron y doy un paso al frente.

—Porque apuesto que nadie nunca llego hasta aquí por alguno de sus prisioneros.

Mis palabras producen un efecto silencioso en la habitación. Se puede escuchar el aleteo de los murciélagos, y el correteo de las ratas. Como si incluyo ellos le temieran a lo que está por ocurrir.

—¿Y qué nos ofreces a cambio?

Pregunta otra voz más lejana. Hasta ahora no había podido diferenciar a ninguna pero aquella es indiscutiblemente familiar.

—Terrie, no lo digas —Me susurra Cameron al oído, no sé cómo lo ha adivinado.

—Ya no hay marcha atrás —Le respondo para luego volver mi atención a los verdugos—. Mi alma a cambio de la suya.

Un coro de risas se forma a mí alrededor al escuchar mi propuesta. Seguido de un desfile de encendido de luces. Una figura avanza hacia nosotros y se hace atrás la capa para mostrarnos su rostro.

—¿Por qué cambiaríamos un alma pura y limpia como la de Maggie por un alma corrompida por el dinero, la fama, y el pecado?

Me quedo helada al contemplar a la que solía ser una temerosa Miranda, ahora mirándome con total dominio de sí misma, y con la sagaz prepotencia que me dirigen sus ahora ojos azules.

—¿Cómo es posible? —aquella es la voz cargada de sorpresa de Cameron.



Danae C.P.

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En el texto hay: musica, misterios y secretos, paranormal

Editado: 19.06.2019

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