Cánticos al más allá

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Capítulo 36: Guerreros

El dolor, mi verdad, mis armas para luchar

Confusión, herida estoy, levantarme sin temor

Como un guerrero, más fuerte está mi piel

Voy luchando, soy más fuerte de lo que pensé

Como acero mi armadura es, yo seguiré

Un guerrero que nunca caerá, otra vez

“Warrior”- Demi Lovato

 

 

 

 

Soy una guerrera que no se cansa de dar lucha. He librado las más duras batallas y este no es momento de rendirme.

En el camino hacia la muerte hallo mi salvación. A un paso de la muerte encuentro la vida.

                

Ya había estado aquí antes, añorando lo que dejé atrás. En ningún momento sentí paz y es que algo me decía que mi momento no había llegado.

Alguien tomó mi mano y la sujetó con fuerza. Un susurro que acabó en un cántico pidiéndome que regresara, que aún no acababa de luchar.

Justo aquí, sobre la arena, sola en medio de la nada, frente a un pacífico mar, recordé la oración en forma de salmo que mis padres me leían cada noche cuando pequeña. Era más que simples palabras, más poderosas que cualquier arma mortal. Era un llamado de salvación:

 

El Señor es mi luz y mi salvación;

¿A quién temeré?

El Señor es el baluarte de mi vida;

¿Quién podrá amedrentarme?

 Cuando los malvados avanzan contra mí

Para devorar mis carnes,

Cuando mis enemigos y adversarios me atacan,

son ellos los que tropiezan y caen.

 Aun cuando un ejército me asedie,

no temerá mi corazón;

Aun cuando una guerra estalle contra mí,

yo mantendré la confianza. (Salmo 27)

 

 

Y lo hacía, confiaba en que todo se arreglaría, en que esto tendría un final feliz. ¡Cuán equivocada estaba! No hay libertad sin sacrificio. Ni sacrificio sin dolor.

Y allí estaba yo, de nuevo, en aquel mundo ardiendo en llamas. Esperaba que por mi estado, al abrir los ojos volviera a estar en el cuerpo de Maggie pero no, este era mi cuerpo, sin duda demasiado débil para responder.

Habían voces a mis costados,  que ante mis dolencias sonaban como zumbidos de abejorros, recordándome las tardes bajo el sol en las que solía correr con Maggie simulando que éramos aves, extendiendo nuestros brazos imaginando que eran alas, riendo sin saber el poco tiempo que nos quedaría juntas.

Y se alzan los gritos, por encima de toda la confusión. Gritos que ruegan por clemencia.

Me arrastran por las escaleras, dos pares de brazos sujetando mi cuerpo fatigado. Las voces se hacen más claras conforme me acerco más a la luz del día. Tal parece que acaba de amanecer, entonces me encuentro tan débil que ya no puedo abrir los ojos.

—¡Oh Dios mío! ¿Qué pasó allí abajo? ¿Qué son todos esos gritos? ¡Ésta chica está botando mucha sangre!

Esa no es la voz de Cameron, no es la voz de nadie que conozca.

—Por favor, llame a una ambulancia.

Lo haré, pero explíquenme ¿qué ha pasado?

—No hay tiempo, si no lo hace pronto todos han de morir allí abajo.

¿Jhony?

Hago un esfuerzo en vano por abrir los ojos.

Escucho la voz del desconocido pidiendo ayuda por teléfono.

—Gracias padre, si no fuera por usted no hubiéramos logrado salir de allí.

Si, en definitiva es Jhony. Pero, ¿Con quién habla?

¿Hay alguien más con ustedes? —pregunta el desconocido.

Aquí.

Suena la voz de un agotado Cameron, para luego comenzar a toser.

Gracias a Dios…

—Agua, por favor —suplico.

Me remuevo en la banca donde me han colocado y un intenso dolor me hace acobardar.

Ahora lo entiendo, estamos dentro de la Iglesia, hemos logrado salir de aquel infierno. Se ha acabado, y Jhony nos ha ayudado. Mientras se llevaba a cabo el ritual él ha hallado la forma de liberar a Cameron y éste ha tomado una de las capas para fingir que era el demonio y conseguir así una ventaja sobre nuestros enemigos.

—No te muevas, mi amor. La ambulancia viene en camino.

“Mi amor”, incluso en mi momento de agonía logro encontrar la musicalidad con la Cameron me lo dice.



Danae C.P.

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En el texto hay: musica, misterios y secretos, paranormal

Editado: 19.06.2019

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