Caperucita y el lobo, el secreto de la luna.

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Reencuentro

 

Se sentó en la silla exhausta, la camarera sirvió un plato con sopa a cada uno, no sin antes darle una rápida y nerviosa mirada a Adam. Luna la miro con los ojos entrecerrados, detestaba que las personas vieran a Adam como si fuese un animal salvaje y peligroso, porque no lo era.

-Está bien – dijo Adam sin siquiera quitar la vista de su plato.

-¿Qué?

-No es necesario que comiences otra pelea por mí, estoy acostumbrado a esa clase de tratos.

-Pues yo no, y no permitiré que las personas te ofendan, ni siquiera te conocen...

-Soy un Campuran, es natural que ellos piensen que yo...

-No, eso no es correcto, y mientras yo...

-¿Qué ocurre? - pregunto la bestia mirando hacia donde la chica de capa roja observaba.

-Ese hombre...

-¿Quién?

-Ammm, se fue, él... estaba mirándome.

-Si Luna, aunque no te des cuenta, muchos hombres te miran, todo el tiempo.

-¿Ah sí?

-Eres una chica hermosa... digo que... ammm...

-Lucia extraño, tenebroso.

A pesar de que lo miro solo un momento el hombre se había quedado grabado en sus retinas. Era alto, llevaba una gabardina negra, un sombrero negro sobre su largo cabello rizado y... y esa cicatriz, una cicatriz que cruzaba desde la frente hasta la barbilla en el lado izquierdo de su cara. Y la miro, la miro como si... como si supiera quién era, como si la hubiese estado buscando. Luna tembló, jamás había sentido esa sensación, como si sus ojos negros pudieran ver atreves de su piel, hasta su alma.

-¿Estás bien? – pregunto Adam preocupado.

-Sí, creo... amm, no es nada, tal vez solo estoy muy cansada.

-Sí, debe ser eso, come... debes estar fuerte si quieres seguir buscando a tu lobo.

A pesar de que sus palabras alegraron a Luna, algo en su estomago peso como si hubiese tragado plomo. Adam estaba consciente de que sus sentimientos por Luna iban más allá de la caballerosidad o la amistad pero... no estaba seguro de lo que eran. No podía darse el lujo de albergar sentimientos por la chica de la capa roja, después de todo, Adam sabia que las cosas no terminarían bien para ninguno.

 

 

.........

 

 

-¿Estás segura de que puedes...?

-Estoy bien, me siento como nueva. – dijo la loba de plata con una sonrisa.

-Escucha, tal vez debas quedarte aquí, yo... buscare a... - por alguna razón mencionar a Luna frente a Itze se sentía incorrecto.

-Estoy bien, no permitiré que vayas solo a ningún sitio, no con él por ahí.

-Puedo enfrentarme a él, puedo enfrentar a quien sea.

-No a él Max, de verdad pienso que...

-Su reputación es solo un cuento sobrevalorado Itze...

-No creo que...

-Vamos, estaré bien...

-Iré contigo Max, a donde sea que vayas.

Por la mañana Max, la loba y la ninfa continuaron su camino. Al igual que Luna y Adam.

El lobo no tardo mucho en capturar el olor de la chica de capa roja y lo siguió hasta una plaza bastante concurrida mientras la loba de plata y la ninfa caminaban bastante más atrás hartas de correr tras él. Reían y charlaban, comían y bebían gracias a los hombres que se embelesaban en la ninfa y le hacían obsequios con tal de que los notara.

Max se subió al borde de una enorme fuente, ella estaba ahí, lo sabía pero no podía verla, tal vez en la altura...

Tomo la mano de la mujer de piedra para impulsarse hacia arriba, miro la plaza entera antes de divisar una silueta envuelta en rojo.

Salto de la fuente y corrió hasta ella.

 

 

........

 

 

Luna y Adam se detuvieron a comprar un pan que olía tan delicioso que no lo habían podido resistir. Adam le entrego uno a Luna con una sonrisa, sonrisa a la que Luna se había acostumbrado ya, para una persona que la viera por primera vez podría ser algo... inusual, tal vez incluso la pudiera comparar con una mueca amenazadora al ver los enormes colmillos pero Luna veía el sol naciendo de esta.

La bestia estaba en la sombra de uno de los locales mientras Luna miraba una enorme catedral construida a la diosa de la sabiduría. Era enorme y tan hermosa, colorida y silenciosa, claro tendría que serlo porque toda la parte inferior era una enorme biblioteca.

-¿Te imaginas?, tantos libros que nos terminarías ni en diez vidas – dijo Adam con emoción.

-Sí, debes estar emocionado con eso ¿no?

-No se me permite entrar, por ser un Campuran.

-¿Qué? – soltó Luna irritada.

-Lo entiendo, nuestras manos son enormes y con garras, tal vez podríamos romper los libros y...

-Eso no es justo. No conozco a nadie que adore los libros tanto como tú y no puede entrar solo por... porque...

Luna parecía irritada, más que eso, furiosa, Adam sonrió con ternura, no recordaba la última vez que alguien se hubiera preocupado tanto por él, ni siquiera... ella.

La bestia se irguió en toda su estatura cuando lo vio, un hombre corría hacia ellos. Luna se volvió también al ver su expresión.

-¡MAX!

Su sonrisa ilumino su rostro cuando lo vio, corriendo hacia ella tan rápido que casi volaba. Era él, al fin...



Frann Gold

Editado: 03.11.2019

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