Caperucita y el lobo, el secreto de la luna.

Tamaño de fuente: - +

La energía de la luna.

 

-Ronan... era una especie diferente de lobo.

-Ah – soltó ella que en realidad no había entendido, Max vio la confusión en su mirada y era obvio, los humanos no sabían nada de ellos, solo que eran carnívoros, peligrosos carnívoros.

-Existen varios tipos de lobos, los ancestrales, aunque ahora ya quedan muy pocos, los lobos comunes, los que no pueden hablar ni razonar, los...

Al ver que no quería seguir hablando ella pregunto de nuevo.

-¿Ronan a cual pertenecía?

-Él era... un ancestral, pero era muy joven, por eso es que pude vencerlo.

-¿Cómo es que... que te transformaste en... en eso?

-La verdad no tengo idea, eso suele ocurrirme cuando la luna se llena pero... - poso la vista en las estrellas.

-¿Esto ya te había sucedido antes?

-Si, en luna llena, a todos nos pasa, la luna suele darnos más fuerza, mas salvajismo, mas...

-¿Cuál eres tú? - Él la miro algo confundido – de los lobos ¿Cuál eres?

-Yo, no soy ninguno.

-¿Cómo?

-Mi historia es complicada y ahora estoy cansado.

-De acuerdo, me contaras después, duerme – dijo ella y él pensó que nunca nadie le había hablado tan dulcemente.

Esa noche ella no pudo dormir, por un lado estaba la ardiente mordida de su brazo y por el otro un montón de pensamientos acerca de su acompañante.

¿Sería posible que hubiera sido él quien mordiera a su abuela? Si cada noche de luna llena se ponía así, no lo dudaba, aunque pensaba que más bien la hubiera devorado de un bocado y no solo la hubiese mordido.

La verdad era que el verlo de esa manera la había aterrorizado pero ahora que volvía a ser el mismo de siempre, tenía que confiar en él, si no, de todas formas moriría.

Cuando el sol salió de nuevo Caperucita despertó de pronto algo asustada, Max no estaba y comenzó a buscarlo con la mirada, pero no lo encontró, fue al rio y se lavo como ya era una costumbre, regreso a donde habían dormido esa noche y espero unos momentos.

Cuando Max volvió lucia muy mejorado, las heridas casi sanaban por completo y sus ojos tenían de nuevo ese brillo algo maquiavélico.

-Max ¿ya estas mejor?

-Sí, lo estoy, muy pronto será luna llena por lo que mis fuerzas son mayores que cualquier otro día, por lo tanto, sano más rápido.

-Genial – sonrió Luna – entonces podremos seguir hoy.

-Sí, estoy ansioso por bajar el desayuno.

Max tenía una extraña energía que ella no le había visto antes, estaba casi eufórico y algo desconfiado, saltaba y gruñía ante cualquier ruido y corría a intentar cazar a los animales más pequeños.

Cuando al fin se detuvo un momento a beber agua ella pudo acercarse y sonriendo le pregunto por su extraña actitud.

-Lo lamento, es por la luna, su energía me causa estragos incluso en el día.

-Pero no se llenara sino hasta mañana.

-Sí, pero aun así... hoy no será tan malo... digo, tan...

-¿Qué? - Sonrió y la tomo de las manos.

-Jamás me había sentido así, tan... lleno de vida, y estoy seguro de que tiene que ver contigo, es que eres tan bella, tan... dulce – su mirada cambio de pronto, en sus ojos brillo una chispa de deseo aunque Luna no la supo reconocer – tan... apetecible...

-¿Estás bien? – pregunto ella frunciendo el ceño, él ya estaba demasiado cerca.

-Si – respondió volviendo a la realidad y alejándose de ella – sigamos.

Recorrieron un tramo más, pero no avanzaron mucho, ella caminaba cada vez más lento y tropezaba con las raíces en el suelo, sentía la cabeza pesada y su brazo ardía. Él en cambio corría grandes distancias y regresaba hasta donde estaba ella, siempre preguntaba cómo se sentía y la llevaba a beber al rio, en dos ocasiones le obsequio conejos muertos con una enorme sonrisa pero ella los rechazo muy amablemente.

Cuando ya no pudo resistirlo más cayó en el suelo exhausta, él la levanto en sus brazos como si pesara lo que una pluma y entre saltos y carreras la resguardo en una cueva.

Cuando Luna abrió los ojos se dio cuenta y sonrió, si estaban en una cueva significaban que ya habían llegado a la montaña, que es a donde tenían que llegar.

-¿Cómo te sientes? – le pregunto el lobo casi en un susurro.

-Bien – respondió aunque no era cierto.

-Toma – le extendió un pan y un cuenco con agua.

Ella sonrió pero no tenía apetito.

-Solo quiero dormir.

-Bien, duerme, yo estaré pendiente de ti – le dijo el lobo pero ella ya no lo escucho.

Y aunque era lo que más quería no fue capaz de cumplir con su palabra. Cuando la luna se levanto en lo alto, orgullosa, iluminando el bosque entero, Max pudo sentir como el pulso se le aceleraba increíblemente. De pronto Caperucita lucia más frágil que antes, más tierna, más dulce, más suave, más apetitosa...

Obligo a sus piernas a sacarlo de la cueva, porque el olor de la chica la inundaba por completo, llego al rio y sumergió el rostro en este, sintió que ahí, bajo el agua respiraba nuevamente, vio todo más claro y se horrorizo. Esto le sucedía siempre, con la luna llena el hambre de carne dulce se incrementaba y solo el cielo sabía lo rápido que se lanzaba contra los pobres que se atrevían a entrar en su bosque cuando esta se encontraba adornando el manto estelar.



Frann Gold

Editado: 03.11.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar