Caperucita y el lobo, el secreto de la luna.

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La leyenda de la diosa luna.

 

-¿Lo que más desean?

-¿No te has dado cuenta de que los lobos aullamos a la luna? - Ella asintió – es porque queremos estar más cerca, alcanzarla. Pero es imposible, y por eso lloramos.

Ella lo miro durante unos segundos tratando de decidir si la historia era verdad o solo un cuento.

-Eres hermosa Luna, tanto como la diosa que te dio tu nombre.

-¿La diosa?

-¿No lo sabes?

-No.

-Tendré que contártelo después, ahora es tiempo de que regreses a la cueva.

-No, no, cuéntame ahora, quiero quedarme aquí contigo.

-No, debes estar lejos, lo más lejos de mi que te sea posible.

Miro al suelo resignada, se acerco más a él y lo beso, un beso largo y tierno. A él le hormiguearon las manos, quería tomar su cintura y levantarla del suelo, quería tomar su nuca y obligarla a profundizar ese beso tan puro pero las sogas se lo impidieron, cuando se separo de él, la chica escucho un grave gruñido.

Luna se volvió y lo miro una última vez antes de desaparecer entre los arboles rogando por no encontrarse algún otro lobo en este, o algún oso, o algún venado con enormes astas que se encontrara molesto.

Cuando al fin llego a la cueva, el sol ya estaba ocultándose, se pego a la pared más alejada de la entrada y se hizo un ovillo tratando de controlar su miedo.

Después de unas horas, cuando la luna ya estaba en lo alto escucho un aullido que le puso la piel de gallina, parecía que sufriera, parecía que estuviera lastimado. Aullaba tan desgarradoramente que las lágrimas de la chica comenzaron a rodar de nuevo por sus mejillas. "Por favor que este bien" "por favor que nada le pase"

No pudo dormir en toda la noche, por los aullidos del lobo y por el miedo a que algún otro animal la encontrase, no se había puesto a pensar cuan segura se sentía con él cerca y ahora que lo sabia le preocupaba, ¿Qué pasaría cuando se curara del veneno en su brazo? ¿Qué sucedería con ellos? ¿Qué sucedía ahora con ellos? Había perdido la cuenta de los besos que se habían dado ya, sabía que no era muy propio de una señorita andar por ahí besando a un lobo en medio del bosque pero... cuando él ponía sus dulces labios sobre los suyos no podía pensar en nada, absolutamente nada, las emociones y los sentidos tomaban control de su cuerpo y de su mente y no podía evitar querer mas.

Cuando al fin el sol salió, después de lo que a ella le pareció una eternidad, bajo al bosque y corrió hasta el enorme árbol en donde lo había amarrado.

Con el corazón dando saltos en su pecho paro de golpe ante el majestuoso árbol. La visión partió su corazón y se acerco lentamente.

-¿Max? Max – dijo acariciando su rostro -Max ¿estás bien?

Él abrió los ojos, caperucita dio un paso atrás, eran enormes y dorados, la miro por un momento y sonrió.

-Estaba preocupado por ti.

-Yo estoy bien, pero tú...

-Estoy bien, puedes desatarme ahora.

Saco del bolsillo de su caperuza roja el enorme cuchillo con el que se había cortado la vez anterior, que no había soltado durante toda la noche por cierto. Corto las sogas y el lobo cayó al suelo de bruces.

-¿Estás bien? – dijo acercándose a él y ayudándolo a ponerse en pie.

-Sí, solo me siento algo débil.

-¿Débil?

-Solo necesito dormir un poco.

Regresaron a la cueva entre tropezones, el lobo se echo al suelo en cuanto llegaron respirando muy rápidamente.

-¿Qué sucede?

-Cuando la luna se va, la adrenalina baja, las fuerzas se van, los sentidos se pierden, por eso es que nos ponemos tan salvajes, necesitamos cenar bien para un día como hoy – dijo con una sonrisa sarcástica.

Ella lo entendió, no tenía fuerzas, necesitaba comer algo.

-Iré a cazar algo para ti – trato de levantarse pero él tomo su brazo.

-No, quédate, te necesito.

Ella se sentó a su lado de nuevo, la apariencia del lobo lucia desastrosa, lucia cansado, casi viejo. Él se apoyo con su cabeza en sus piernas y le sonrió.

-Me alegra tanto que estés a salvo – dijo casi inconsciente.

-Estas... estas delirando – toco su frente y justo como pensó, ardía de fiebre.

-Estaré bien, solo quédate conmigo.

-Estaré contigo... aquí estaré.

Se quedo dormida recargada en la fría piedra y con el lobo en sus piernas. Para el medio día despertó por el punzante dolor en el brazo. Soltó un grito ahogado que despertó a Max.

-¿Qué sucede? – a pesar de estar sudando frio y de lucir más pálido que un papel se puso en alerta y a la defensiva.

-Nada, no es nada – dijo la chica tratando de que su dolor no se notara.

-Lamento no poder seguir hoy, pero creo que no podría protegerte ahora.

-¿De qué?

-De ellos.

-¿De ellos? ¿Por qué?

-No les gustan los humanos.

-¿Qué? ¿Y por qué...?

-Ella es la única que puede ayudarnos, y me debe un favor.



Frann Gold

Editado: 03.11.2019

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