Caperucita y el lobo, el secreto de la luna.

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Una retorcida bruja verde

Fue un largo camino pero al fin llegaron a Vientas, Caperucita y Jefferson bajaron del barco agradecidos, de hecho, Luna pensó que Jefferson besaría el suelo en cualquier momento.

-¿A dónde se dirigen ahora? – pregunto Adam.

-Necesitamos ver a...

Jefferson la tomo del brazo, él no confiaba en los Campuran, una total hipocresía sabiendo quien era en realidad.

-Estaremos bien, gracias – dijo con diplomacia, Adam sonrió sin ofenderse en lo absoluto.

-Tal vez pueda ayudarlos en algo.

-Creo que estaremos bien.

Cuando Jefferson se separo un poco para charlar con sus guardias, Luna se acerco a Adam de nuevo.

-Lamento que Jefferson sea tan...

-¿Un imbécil?

-Sí.

-Descuida, no es extraño entre los humanos pensar que son superiores a nosotros los Campuran.

-Lo lamento, yo... necesito encontrar a... a una bruja.

La mirada de Adam se ensombreció, su rostro de león con enormes colmillos y astas de toro se tornaron más amenazadores aun, si eso era posible.

-¿Por qué querrías hacer algo así?

-Yo... yo estoy... hechizada, necesito... necesito un contra-hechizo o algo así...

-¿Qué clase de hechizo? – pregunto muy serio.

-Es... algo con lo deberé cargar mi vida entera si no logro revertirlo de alguna manera.

-Escucha Luna, hay cosas con las que es mejor cargar, la magia jamás es una buena idea, siempre viene con un terrible precio.

-Yo, estoy dispuesta a pagarlo.

-Luna, algunas veces, el remedio es peor que la enfermedad, las brujas no son de fiar.

-Gracias, la encontrare yo sola.

Luna dio media vuelta y comenzó a caminar. Adam la detuvo del brazo y la obligo a verlo de nuevo.

-Se donde puedes encontrar a una, pero... realmente espero que sepas lo que haces...

Llegaron ante la casa de piedra a las afueras de Vientas, estaba rodeada de hierbas y musgo, salía humo de la chimenea, lucia acogedora.

Adam toco a la puerta con su enorme mano, con garras que te destrozarían de un zarpazo.

-¿Quién es? – se escucho desde dentro.

-Soy Adam, abre.

La puerta se abrió y una mujer apareció ante ellos, la mujer llevaba un vestido gris, con una capa negra roída, zapatos negros puntiagudos y un sombrero igual. Era toda una bruja, no solo por su vestimenta sino por sus ojos, unos ojos negros que reflejaban maldad, además claro de su piel... su piel era verde.

Luna y Jefferson no podían quitar su vista de la bruja, Adam por el contrario la saludo como un viejo amigo.

-Elpha, ¿Cómo has estado?

-Tan bien como podría ¿Qué quieres?

-He traído amigos conmigo.

-Ya me di cuenta, ambos hechizados eh.

-¿Cómo lo sabes? – pregunto Luna con un hilo de voz.

-Soy una bruja – soltó esta con tono seco y pastoso.

-Claro – dijo Luna en un murmullo sintiéndose estúpida.

Luna miro a Jefferson con el rabillo del ojo, el príncipe no podía dejar de ver a la verde mujer, parecía hipnotizado, Luna lo golpeo con el codo para que al menos disimulara su estupefacción pero este pareció no notarlo.

-Soy Luna... y él es...

-Jefferson – soltó Jefferson hablando por primera vez desde su llegada.

-Bien, pasen, hace frio afuera.

La bruja les sirvió té, un té amargo que olía a pasto, Luna tenía la impresión de que lo hacía solo por consideración a Adam, por quien al parecer sentía afecto, sonreía cada que sus miradas se encontraban y sus ojos incluso llegaron a iluminarse. Jefferson por su parte aun no lograba quitar la vista de la bruja, fuera a donde fuese el príncipe la seguía embelesado.

-Estamos aquí, queremos pedirle por favor... si usted tendría un...

-¿Contra-hechizo? No lo tengo.

La decepción no llego a Luna muy rápido, llego la furia.

-Ni siquiera sabe cuáles son nuestros hechizos.

-Bien ¿Cuáles son?

-Jefferson... él...

-Me hechizaron cuando era un niño. Una bruja me hechizo para que me transformase en bestia cada noche.

La bruja le sostuvo la mirada al príncipe por un largo rato, Luna pensó que el incomodo silencio jamás terminaría hasta que Adam hablo:

-¿Y tú, Luna?

-Yo... no estoy muy segura... - se sonrojo un poco ante su ignorancia – al parecer cuando era pequeña enferme, cosa que yo no recuerdo, mi abuela me llevo con una bruja, ella me... hechizo... entrelazo mi alma a la de un lobo, como resultado el lobo y yo... no podemos, no debemos...

La bruja soltó una carcajada.

-¿Te enamoraste de tu ancla? ¿Quién hace eso?

Luna bajo la mirada, ¿de verdad era tan malo?

-¿Ancla? – pregunto Adam.

-Un ancla es un alma a la que te mantienes atado mientras vivas, algunas brujas lo usan porque es fácil entrelazar a dos personas perdidas, pero si estas se logran salvar, las consecuencias suelen ser terribles.

-¿A qué te refieres? - pregunto Luna alarmada.

La bruja lo pensó por un momento.

-Supongamos que una pequeña se lastima la rodilla, su madre la lleva con una bruja y esta la ancla a un pequeño que tiene fiebre. Sus heridas tanto externas como internas sanan, por la magia producto de la unión de las almas, que es la más pura en el mundo, después del amor verdadero y esas tonterías... - la bruja rodó los ojos como si tales cuestiones la aburrieran – pero el precio de tal magia es tan alto que cualquier desorden en el equilibrio de esta magia resulta terrible.



Frann Gold

Editado: 03.11.2019

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