Caperucita y el lobo, el secreto de la luna.

Tamaño de fuente: - +

Rumpelstiltskin

 

Las puertas del castillo se abrieron por si solas, invitándolos a entrar. Los visitantes traspasaron el umbral, adentro era oscuro, lúgubre, parecía un castillo abandonado a su suerte, había muy pocos muebles en el recibidor, nada más que una pequeña mesa en el centro del salón con un candelabro de tres brazos en ella.

De pronto y cuando menos lo esperaban las velas del candelabro se encendieron en un estrepitoso chasquido.

-¡Bienvenidos! – escucharon una voz cantarina proveniente de la nada.

Luna y Jefferson se sobresaltaron pero Adam ya conocía la estrafalaria presentación del mago y solo suspiro ruidosamente.

-Sal, Rumpelstiltskin – ordeno la bestia.

-Oh vaya, arruinas la presentación grandísimo idiota.

Un hombre entro por el umbral contrario al que ellos acababan de traspasar, vestía un traje azul oscuro y sobre sus hombros una capa roja de terciopelo típica de un rey.

Por un momento el tiempo se detuvo, Luna no pudo sino admirar al hermoso, hermosísimo hombre frente a ella. Cabello castaño claro, ojos verdes como esmeraldas, labios rojos como la sangre, sus dientes blancos como la nieve resplandecían detrás de esa hermosa sonrisa.

Debía reaccionar, debía hacerlo, pero ¿cómo? No recordaba siquiera como hablar. Se pellizco a si misma bajo su capa y el dolor la trajo de vuelta a la realidad.

El tiempo es una cosa curiosa, cuando caprichosamente se detiene para dejarte admirar un momento precioso, después suele correr más rápido que un trueno para recuperarse de lo perdido.

Cuando Luna se dio cuenta, Rumpelstiltskin ya se encontraba frente a ella, con esas esmeraldas a centímetros de su rostro.

-Rumpelstiltskin – comenzó Luna haciendo una reverencia.

-Me alegra tener visitas tan... encantadoras – soltó el mago con un acento encantador a los oídos de Luna, repulsivo a los de Adam, curioso a los de Jefferson.

-Soy...

Adam tomo su hombro obligándola a retroceder.

-Queremos hacer un... trato. – dijo la bestia con ¿odio?

-Adam... para ser honesto no pensé que regresaras aquí jamás.

Adam siguió con el rostro tan inexpresivo como lo había llevado desde el momento en el que entro, pero Luna, y también Rumpelstiltskin por supuesto, se dieron cuenta de que sus ojos se llenaron de furia.

-Créeme, no me produce ningún placer estar aquí.

-Y puedo entenderlo, la última vez no resulto... precisamente favorable... para ti.

-Tampoco para ti – gruño la bestia. Ambos se enfrentaron en una guerra de miradas cargadas de furia hasta que Luna hablo.

-Necesito que me ayudes – dijo desviando la atención de ambos hacia ella.

-¿Qué necesitas querida? – soltó el mago, volviendo su mirada lentamente hacia ella, Luna sonrió ante la mirada de este, ser el centro de su atención se sentía bien.

¿Qué necesitaba? ¿Por qué estaba ahí? ¿Por qué trataba de pensar si tan solo con su mirada le bastaba para ser feliz?

Adam rodeo sus hombros, su espalda quedaba totalmente cubierta por su enorme garra. Luna volvió un poco en sí misma, no estaba sola con esos hermosos ojos, junto a ella estaban Adam y Jefferson y estaba ahí porque... Max, necesitaba estar con Max.

-Un contra-hechizo, necesito un contra-hechizo.

Rumpelstiltskin sonrió de lado, una sonrisa divertida y algo molesta.

-¿Qué clase de contra-hechizo?

Su voz, esa voz... era tan... Luna suspiro sonriendo como una tonta. ¿Qué demonios pasaba? ¿Por qué no podía respirar? ¿Por qué el solo pensar en retirar su mirada de esas esmeraldas dolía?

Comenzó a temblar, esto no era normal, esto no era correcto, ni siquiera conocía a ese hombre, por más atractivo que fuese, no lo amaba.

Logro despegar los ojos de esas hermosas esmeraldas, tomo aire como si hubiese estado dentro del agua durante horas, su estomago dolía y su cabeza daba vueltas por lo que tuvo que doblarse sobre su estomago, no cayó de rodillas a los pies del mago solo porque Adam la sostenía.

-¿Qué sucede? – pregunto sin entender nada.

-Es más fuerte de lo que crees – soltó Adam con orgullo en su ronca voz.

-Me alegro – dijo el mago sin una pizca de emoción en su voz. –No es divertido si no se resisten.

Adam apretó sus manos en puños y gruño sin abrir la boca, un gruñido desde la garganta que no pudo sonar más animal.

Luna se sostenía del brazo de Adam sintiendo nauseas, no lo sabía pero acababa de rechazar un muy poderoso hechizo.

-Ahora, si ya terminaste con tus estúpidos juegos, ¿podríamos hacer un trato?

Rumpelstiltskin soltó una carcajada, Luna se dio cuenta de que los ángeles ya no cantaron cuando el hombre abrió la boca. Se ergio para verlo de nuevo, temerosa de caer en la profundidad de sus ojos verdes otra vez, pero ahora, solo vio maldad en el rostro del mago.

 

 

........

 

 

Max y Rapunzel se miraron a los ojos durante algunos minutos, el lobo estaba alerta, tenía todos y cada uno de sus sentidos despiertos aunque no todos por las razones adecuadas.



Frann Gold

Editado: 03.11.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar