Cartas a Un Amor (no) Imposible

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Capítulo 4: ¿Quién Será?

 

***Este capítulo no está editado, eso quiere decir que habrá errores. Si ves alguno avísame y no critiques, gracias***

 

Cartas a un amor (no) imposible

 

Capítulo 4: ¿Quién Será?

 

No creo lo que ha pasado ese día, hablar más de una vez con Ferny y si tartamudear. Al fin de cuentas las cosas pasan por algo, sino crece algo romántico, probablemente crezca algo amistoso que nos unirá en amistad.

Habíamos intercambiado números de teléfonos y hasta direcciones. Había esperado ese momento desde hace años, poder saber dónde vive y, tener su número de celular. Parece que por fin mis sueños se van haciendo realidad.

—Impactada —soltó Hazel apenas salimos de la clase—. Al parecer estas de suerte.

Fruncí el ceño.

Realmente yo también me encuentro impactado. Todo ese día ha estado de no creerse. Empezando desde el incidente de la carta, hasta lo de hace unos minutos en clase.

—¿Hablas de Ferny yo, en equipo de trabajo? —pregunté confundido.

—Mira esto —dijo, para después estar hurgando su mochila—. Tenía pensado no hacerte llegar esto, pero veo que estás muy ilusionado con ese teatrito.

Para ser sincero su comentario me pareció un poco fuera de lugar. De pronto vi una carta, esperanzado que fuera lo que estoy pensando. Me mordí con fuerza el labio inferior.

—¿Es lo que creo que es? —cuestioné sonriendo mostrando todos mis dientes.

—Tienes una jodida buena suerte... —río sarcástico—. Que te envidio.

No dude en estirar mi mano para tomar la carta, pero ella fue más rápida, la arrebató y la guardó en la bolsa de sudadera.

—Te la daré camino a casa —afirmó—, no vaya a ser que me vea entregándote la carta a ti, y se eche a perder tu estupendo plan.

En eso ella tenía razón. Sólo asentí con la cabeza.

 

***

 

—Mañana mamá vendrá temprano a comer —dijo de la nada Daniela—. Sólo será por un corto tiempo, quiere ponerse al corriente con tu vida.

Desde que entró a trabajar, mi mamá y yo no habíamos platicado. Le he llamado varias veces para saludar pero sólo eso: saludar. Está muy vigilada por el idiota de su jefe, así le gusta llamarlo a ella. Me da alegría que por fin mañana se dé un tiempo para la convivencia familiar.

—Ya era hora —comenté pensativo. Sólo di mi respuesta para que no me juzgará por quedarme callado.

—Si no es mucha molestia, mañana puedo comer también yo aquí —preguntó Hazel. Ya sabía el motivo por el cual no quería regresar a su casa. Y si por mí fuera, tendría un si, a su petición.

—Claro, tú ya eres como de la familia —contestó Daniela y a Hazel se le comenzaron a poner rojas las mejillas.

Daniela dio por terminada la comida al momento en que se levantó de su lugar hacia la cocina, en donde lavaría los platos y vasos sucios. Por nuestra parte, Hazel y yo nos dirigimos hacia mi recámara, en dónde me entregaría la carta.

Las ganas me carcomían demasiado, no había querido dármela hasta que yo estuviera en mi casa, fuera del alcance de que alguien se entere que yo soy el admirador secreto de Ferny.

Nos sentamos en mi cama. Después de unos segundos de silencio me recosté y Hazel siguió sentada. Su mirada iba dirigida al suelo y no sabía si eso me lo debía tomar a bien o a mal, pero tenía que preguntar.

—¿Qué pasa? —pregunté mirando su cabello marrón oscuro—. Te noto decaída.

No pude ver su expresión, pero la conozco tan bien que pude deducir que había abierto los ojos como platos y fruncido el ceño. Su mirada estaba hacia el suelo y al término de hablar levantó la cabeza y lentamente fue meneando su cabeza hasta que su mirada fuera directa a la mía.

—Sabía que lo notarías —susurró con mirada decaída—. Y como eres la única persona que sabe lo de mi hermana. Me va a resultar fácil de que lo entiendas.

Ahora entiendo todo.



Saul Vega

Editado: 24.11.2018

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